El placer de dar

Cuando vemos que algo que hicimos o dijimos ayudó a alguien, nuestro corazón se llena de luz.

06/06/2021 14:56

Muchas veces estamos sumidos en nuestros pensamientos con el cuerpo en la tierra, pero con la mente y nuestro ser en otro lado, dando vueltas y vueltas a algo que nos preocupa y no le vemos salida.

Cuando por alguna razón quizás inesperada, tenemos la oportunidad de ayudar a alguien vemos como algo cambia en nuestro interior, empezamos a salirnos de nosotros mismos, a ver otras realidades, a tratar de entender otros puntos de vista y sin darnos cuenta, nos vemos inmersos en comprender antes que ser comprendidos y ocurre la magia, fuimos a dar y recibimos el doble.

Pensábamos que quizás una palabra o una escucha pudiera ayudar y al hacerlo por el simple hecho de ayudar, nuestro corazón se llena, cuando vemos que pudimos aliviar un dolor, o algo que hicimos fue importante para alguien, recibimos el doble, un sentimiento maravilloso se apodera de nosotros y nos sentimos felices, muy felices hasta incrédulos como un acto de ayudar a alguien puede ser maravilloso para ambos.

A veces en el camino del dar nos transformamos porque empezamos a comprender otras situaciones, nos volvemos más flexibles, más humanos y esos son regalos maravillosos que llegan a nosotros sin haberlo buscado, tocan nuestro corazón y lo transforman, nos hacen mejores personas y ya no podemos permanecer inmóviles si alguien cercano necesita ayuda y podemos dársela.

Dar nos hace sentir agradecidos con Dios y con la vida porque si damos es porque tenemos y también nos enseña que todos podemos ayudar si tenemos la intención de hacerlo, nos muestra que la vida nos pone en distintas situaciones, a veces somos los que damos y a veces los que recibimos, nos enseña el valor de la humildad y de dar sin interés de hacerlo público.

Dar no necesariamente es algo material, puede ser nuestro tiempo, nuestra escucha, una palabra, una sonrisa, una comida caliente, no es la cantidad sino la intención que ponemos lo que hace valioso lo que ofrecemos.

Dar sin esperar nada a cambio es contagioso, toca corazones y cobra vuelo, solo basta ver las noticias como en tiempo récord se juntan millones de pesos para costear una operación o un remedio cuando vemos que ese acto de dar nació con esa única intención, otros se suman, cada uno aporta su granito, y vemos como dar no es cuestión de tamaños, todo está en querer hacerlo, en el amor que ponemos.

Cuando vemos que algo que hicimos o dijimos ayudó a alguien, nuestro corazón se llena de luz y de un sentimiento tan grande y tan cálido, sentimos ese placer de dar y casi vemos la sonrisa de Jesús en el cielo.

Dar es un ejercicio que se vuelve costumbre y es que en el día si tenemos la oportunidad, tendamos una mano, y son las flores de ese día, las sonrisas que nos llevamos pegadas en la memoria cuando a la noche nos acostamos.

Compartir lo que sabemos, lo que hemos aprendido nos hace mejores personas, como dice Anxo Pérez: “Compartir tu sabiduría lejos de reducirla la hace más grande, igual que compartir una vela lejos de reducir su llama aumenta su luz”.