Miriam Rynas, aspirante a bombero: “Es una tarea de riesgo pero me gusta servir”

27/04/2021 14:17

Madre de cuatro niños, se ocupaba de las tareas del hogar hasta que su esposo, bombero desde los inicios del cuartel de Campo Viera, le sugirió que lo ayudara en las tareas, que iban en incremento. Decidida, en poco tiempo aprendió a conducir el camión cisterna, y desafió a la profesión al combatir los incendios de grandes extensiones de pinares, que se produjeron en plena época de sequía.

Su experiencia no es mucha pero sumamente intensa. “Llegué en un momento muy complicado, en plena pandemia, y en momentos que los focos se reavivaban constantemente”, dijo la única mujer en un grupo de cinco, e invitó a sus pares a sumarse porque “hay muchas cosas para hacer por la comunidad”.

“Cuando estás en un lugar complicado, siempre pensás en tus hijos”, aseguró la aspirante a bombero, Miriam Rynas (33), quien el año pasado, en plena pandemia y en medio de la prolongada sequía que azotó a la provincia, incursionó en un mundo muy distinto al que estaba habituada. A diario se ocupaba del cuidado y la educación de sus cuatro chicos, y de los quehaceres domésticos, hasta que llegó la propuesta de su esposo, Rafael De Olivera (42), integrante del cuerpo desde sus inicios, que hizo que se sumara de inmediato.

Empezó colaborando con el abastecimiento de agua a distintos barrios de Campo Viera. Es que casi a diario, extraen el líquido desde un pozo perforado de la Municipalidad, lo transportan en el camión cisterna de los bomberos y descargan en los tanques o tachos que tienen las familias. Admitió que “muchos dependen de nosotros para tomar agua” y que el barrio Yaza, a unos dos kilómetros del centro, es el más necesitado. “En ese lugar se debe hacer un pozo perforado pero mientras no se concluya la obra, tendremos que seguir abasteciéndolo. En el verano es donde más nos necesitan. Si en el pueblo o en las colonias se quedan sin agua, piden que los auxiliemos”. Ambos, están todo el día pendientes de lo que pueda suceder en el municipio. Además de distribuir el agua, acuden a los incendios, realizan rescates, limpieza de alcantarillas, tubos. “Lo que sea necesario”, acotó.

Antes de dar este paso tan importante, Miriam era ama de casa, y seguía de cerca los pasos de Agustín (11), Emiliano (8), Eric (6) y Iara (3), que cuando crezcan, también quisieran ser bomberos. Su rutina dio un vuelco. “Por la mañana presto servicios, y cuando vuelvo hay que cocinar, atender a los chicos, mandarlos a la escuela. Cuando me quedo, hay que lavar la ropa, limpiar la casa, y si te llaman tenés que soltar todo y salir corriendo. Siempre estoy con un pie en el umbral, por si me necesitan. Ya me acostumbré a esta vida en la que no tenemos feriados ni domingos. No se puede planificar nada. Pero me gusta servir, me encanta”, confió.

“Para mí esto es algo nuevo, distinto. Comencé en plena pandemia, salí del encierro a trabajar afuera, y a la par con mi esposo”, agregó.
Miriam pretende que otras mujeres se sumen e integren el cuerpo de bomberos. Instó a que se animen, que se arriesguen. “Si te ponés a pensar, es un trabajo peligroso, pero lo más lindo es cuando hacés por la comunidad, ayudás, estás ahí, prestando el servicio. Les digo que se animen, que las mujeres podemos hacer muchas otras cosas por la comunidad, además de ser amas de casa. En la calle me felicitan, me animan, me apoyan. La gente siempre está ahí, apoyándote, aunque muchas veces lo haga en silencio”, declaró.

Nacida en 25 de Mayo, aseguró que “cuando estás en un lugar complicado, siempre pensás en tus hijos. Se piensa en ellos pero cuando sos creyente decís bueno Dios, protégeme, porque hay momentos realmente peligrosos, donde estás en una situación complicada. Pero salís adelante, llegás a casa, ves bien a tus hijos, y es motivo para agradecer a Dios en primer lugar, porque te dio la oportunidad de regresar bien y de estar nuevamente con tu familia”.

Su bautismo de fuego fue hacer frente a un incendio de grandes dimensiones en una zona de pinales del Yaza, “donde estuvimos trabajando durante todo un domingo, hasta altas horas de la madrugada, hasta que, gracias a Dios se largó la lluvia. De lo contrario, no sé qué es lo que pasaría. Recibimos el apoyo de los bomberos de Campo Grande y de Oberá. En la colonia Julio Martín también se quemaban chacras, pino, eucaliptus, en una época de mucha sequía y grandes incendios. Fue un verano de muchas corridas, llegué a la institución en un momento muy complicado. Pero quiero poder capacitarme, y quiero seguir adelante”, admitió la voluntaria, que está muy agradecida con el grupo que conformaron. “Me llevo muy bien con todos, se portan muy bien conmigo”, acotó.

 

De corajuda

Apenas unos meses después del ingreso, Rafael De Olivera le dijo a Miriam si se animaba a manejar el Mercedes Benz 1114 que tiene un tanque con capacidad para seis mil litros. Ella lo aceptó de “corajuda” y casi no se aparta del volante. “Es muy guapa, tiene voluntad y le gusta. En septiembre del año pasado comencé a insistirle para que empezara a manejar. Pasaron dos meses, sacó su licencia y nadie la para. Somos cinco. Dos bomberos recibidos, uno a punto de pasar a la reserva. Yo soy bombero y los demás son aspirantes, que necesitan capacitarse y rendir”, comentó De Olivera. Y añadió, “estuvimos trabajando así, por cuenta propia, para que el cuartel -que fue creado hace unos diez años- no desaparezca. Ahora se está armando una nueva comisión y esperamos que podamos trabajar mejor, adquirir más materiales e insumos para trabajar, porque el equipamiento que tenemos es obsoleto y precario”.

“El camión es muy buena máquina pero está muy golpeado porque es el que sale a todas partes, a los incendios, a asistir a las familias con agua, hacer trabajos para la comunidad. Dependemos de la Municipalidad local, que es la que nos mantiene.Y todavía no tenemos un amparo legal para hacer pedidos de colaboración a las empresas o presentar alguna nota”, agregó.

Es consciente que la autobomba “debería estar parada porque no tiene cubiertas, sin buena batería, hay que hacer muchos arreglos, pero muchas familias dependen de ese móvil para poder tener agua”.

De Olivera entiende que día a día “se corre mucho riesgo, se pone en peligro nuestras vidas, al camión. En ocasiones tuve que tomar decisiones extremas, como pedirle a ella que manejara el camión porque no puedo hacerlo además de manipular. Por suerte Miriam tiene coraje, aprendió rápido. Gracias al esfuerzo que hizo, muchos se están dando cuenta de lo esencial que es un bombero. Es raro que en un pueblo con tantos hombres, una mujer tiene que tomar la delantera”.

Para el “jefe”, Miriam “tiene una capacidad increíble. Vi en ella la capacidad que tiene una mujer y, por su intermedio, quisiera incentivar a que otras se animen. Muchas veces la sociedad te condiciona, en ocasiones la mujer tiene la voluntad pero si es casada muchas veces el esposo no la acompaña y empiezan los conflictos”.

Ambos están “codo a codo” tanto en la calle como en la casa. “En la calle somos compañeros de trabajo, nos tratamos como tales, trabajamos juntos todos los días, si tenemos que corregirnos lo hacemos, y en la casa somos matrimonio y compartimos las tareas. La verdad que es una experiencia muy linda. Salir a trabajar juntos es muy gratificante, te genera más confianza, compañerismo”, celebró el voluntario, nacido en la Capital del Té.

Contó que muchas veces “trabajamos más de lo debido pero la idea es servir, y lo hacemos de corazón. Si nos llama un domingo alguien que necesita agua, allá vamos. En Semana Santa no hubo tregua con ese tema pero siempre digo que la necesidad no tiene tiempo ni excusas. Hacemos lo que podemos”, graficó.