¿A los varones también nos afecta el machismo?

Cuestionar la imagen de la masculinidad y la sociedad patriarcal también es un rol destinado a los hombres.

15/03/2021 15:25

A menos de una semana de la conmemoración del Día Internacional de la Mujer en el 8M, momento en que regresaron a las calles a reclamar por la violencia presente, una vez más vuelve a ponerse en agenda el análisis de cuál es el rol de la sociedad en todo esto. En este sentido, movimientos feministas y las disidencias de género recuerdan que estamos en un problema que incluye a todos los estamentos sociales, principalmente al hombre y la construcción de la masculinidad tóxica dentro de un sistema hegemónico.

Más allá de hablar de las mujeres pidiendo igualdad de derechos, es necesario plantearse cómo actúa la sociedad para expulsarlas hacia un lugar determinado y asignar al varón posiciones de poder. Al respecto, desde antes de nacer la persona y al enterarse del sexo, si el bebé será macho o hembra, desde lo biológico, es cuando empieza a actuar la imagen de la masculinidad y femineidad. La familia comienza a comprar ropa, juguetes, pintar una habitación para el niño o niña con un color asignado con un determinado rol de género.

 

Más allá de hablar de las mujeres pidiendo igualdad de derechos, es necesario plantearse cómo actúa la sociedad para expulsarlas hacia un lugar determinado y asignar al varón posiciones de poder”.

 

Con el tiempo, la familia, la comunidad, el propio contexto de desarrollo, deposita en la persona los ideales que debe cumplir para ser incluido como partícipe de la sociedad. Para ello, el varón debe ser fuerte, confiado y nunca demostrar debilidad, ni física ni emocional. En tanto que esta imagen hegemónica de la masculinidad también se alimenta de los ideales del poder y la dominación: “El hombre será el proveedor de la familia mientras que en la casa es donde la mujer debe estar para criar a los niños”.

Otro punto a tener en cuenta es que no sólo los varones replican los conceptos que hacen a la masculinidad casi obligatoria. En este sentido, no debemos olvidarnos del rol de las mujeres, las madres, abuelas, hermanas, inmersas dentro del machismo y propaladoras de ideas durante la primera etapa de la sociabilidad de los niños.

Es aquí donde inician los problemas al encontrarse con personas que no desean seguir estos mandatos impuestos y muchas veces tardan años en poder liberarse de los mismos. Por ello, los varones que rechazan esta masculinidad dominante terminan siendo juzgados dentro de sus propios círculos primarios e incluso expulsados de los mismos.

Ciertamente, para generar un cambio, los procesos serán largos pero los pasos están presentes por más pequeños que sean. El inicio de un recambio de la masculinidad hegemónica comienza por la propia persona al reconocer que actúa con un machismo presente en comentarios, chistes, actitudes, las cuales están tan naturalizadas que muchas veces no caen en cuenta de que tienen algo de malo y que hay muchas otras cuestiones de fondo.

 

¿Cuál es el lugar de los hombres dentro del feminismo?

Tras teorizar acerca de la construcción de la masculinidad, ENFOQUE buscó ampliar el panorama de abordaje del machismo con otras opiniones. Al respecto, el activista disidente LGBTIQ+ de Misiones, Gabriel González, compartió en primer lugar que “más allá de conceptualizar cuál es el rol del varón dentro del feminismo, como otra estructura que tampoco es un saber absoluto, habría que pensar en todos los privilegios que uno tiene frente a una hermana, madre, hija. En este sentido, somos parte de una sociedad donde personas como uno son los agresores, sea en las calles o dentro de las instituciones”.

 

El inicio de un recambio de la masculinidad hegemónica comienza por reconocer que se actúa con un machismo presente en comentarios, chistes y/o actitudes naturalizadas”.

 

Para empezar a hablar de deconstruir la masculinidad, “es importante dialogar, escuchar y generar un cambio que empieza por uno para desarticular este machismo que ocurre en el día a día, en los grupos de amigos”, añadió. Asimismo, apuntó a que “deconstruir la masculinidad no tiene que ver sólo con el varón sino que va más allá, a la sociedad en sí, porque es ésta la que refuerza los modos establecidos en que uno debe comportarse”.

Por otra parte, González reforzó el hecho de que “tradicionalmente existe una enorme tendencia que marca todo lo que pueden hacer tanto un hombre como una mujer. Esto tiene consigo un montón de cuestiones que refuerzan valores establecidos sobre lo masculino y femenino. A partir de esto, hay expectativas sociales del comportamiento”.

En este sentido, “quienes somos parte de un movimiento o una comunidad disidente de género no nos identificamos con estas categorías clásicas del varón y la mujer”, agregó. A su vez, indicó que “no sólo es necesario replantearse el rol de los varones sino de toda la familia en la crianza de los niños y niñas. Tenemos tipos de juegos, actividades, tratos, que son diferenciados totalmente para el niño y la niña. En primer lugar, a los padres nunca se les ocurre pensar que podrían no identificarse como niños o niñas. Esto es algo muy cis, normativo y hasta difícil de ser identificados como formas de pequeñas violencias”, lamentó.

En materia de cambios dentro de los hogares, manifestó que “a los niños, me parece que sería más fácil escucharlos y preguntarles qué quieren, cómo quieren jugar. En esto participa toda la familia, incluso en comentarios o apoyando actividades como jugar al fútbol, donde recibir pelotazos no debe ser doloroso jamás para los varones. En cambio, a una niña jamás se la expone a actividades que tienen esfuerzos o pueden causar dolor. Son pequeños aspectos que uno nota en la crianza diferencial”.

 

Deconstruir la masculinidad no tiene que ver sólo con el varón sino que va más allá, a la sociedad en sí, porque es ésta la que refuerza los modos establecidos en que uno debe comportarse”.

 

Este activista disidente misionero opinó además que “con el tiempo, uno crece en medio de una sociedad que espera un determinado comportamiento, modo, sensibilidad, impulsada en una masculinidad tradicional. Al no identificarse con esos roles, te juzgan de no ser un varón completo o alguien raro que genera desconfianza”.

En la provincia, hace poco se generó una controversia relacionada con un joven de Puerto Rico que tras su muerte (primero se pensó fue un suicidio) organizaciones sociales denunciaron que fue sometido a terapias de conversión para curar la homosexualidad, impulsada por la congregación religiosa a la que pertenecía. Sobre este caso, González compartió que “la ley penaliza este tipo de actividades y ninguna institución puede juzgar comportamientos que no son los ideales. Desde lo religioso tampoco deberían intervenir en la construcción de identidades, género, formas de amar y vivir la sexualidad que son totalmente sanas”.

Más allá de este caso en particular sucedido en Misiones, remarcó que “esto pasa cuando tu propia familia te obliga a crecer sintiéndote mal, que vales menos por sentirte diferente. Todo tu entorno, tu comunidad de pertenencia, colabora en esta discriminación que impacta en la vivencia del amor propio y finalmente algunas personas terminan mal. Más allá de las creencias, me parece que puede haber un diálogo más humano y cercano con el otro, que es nuestro amigo, hermano, familia y no queremos ver mal”.

Para replantearse ideales del varón, “existen pequeños cambios que van generando una sensibilidad distinta porque existe una masculinidad tradicional que establece que el varón es invencible y encuentra su valor gracias a la discriminación, la burla hacia el otro. Una forma de empezar a cambiar es decir lo que uno siente, conectarse primero con la sensibilidad, desde la tristeza a la pasión, porque la masculinidad se centra muchas veces en el enojo y la violencia efectiva. Reencontrarse con uno mismo es un primer lugar para repensar la masculinidad”, precisó Gabriel González.

 

Por Gabriel Fernández

De la redacción de PRIMERA EDICIÓN