Escalera al cielo

Diversos músicos entrevistados por ENFOQUE recuerdan la adquisición de su primer instrumento y el camino recorrido a puro impulso.

15/02/2021 14:48

Enfoque - Música

“Primer amor nunca se olvida” dice una canción compuesta por “Palito” Ortega y Homero Expósito, y que forma parte de la película “Mi Primera Novia” de 1966. El sentimiento puede aplicarse a distintos capítulos de una vida, como una mirada, un camino, un paisaje, una ciudad, o un instrumento musical, por mencionar solamente algunas opciones.

Y justamente los músicos, navegantes persistentes que transpiran pasión, son testigos y carne viva de todo lo que puede hacer alguien por el amor que despierta un ansiado instrumento. Quizás por ello, ninguno olvida cada detalle del momento en que lograron tener su primera guitarra, teclado, batería, bajo, acordeón, armónica, lo que sea que ayude a liberar el alma con la sintonía de unos acordes.

ENFOQUE recibió el relato de esas memorias por parte de diferentes músicos que desplegaron parte de su carrera musical en Misiones.

Así, Leandro Yahni, licenciado en Composición Musical en la Universidad de Córdoba, y licenciado en Música en la Universidad Nacional de Misiones, expresó: “El recuerdo que tengo del instrumento que más quise, y al que más jugo le saqué porque era casi lo primero que tuve para hacer música, lo primero con lo cual saqué temas y estaba todo el día arriba, era un Casio con mini teclas. Es lo primero que me compré, eso para mí era la gloria, en ese momento tenía unos 12 años”.

“No me acuerdo el modelo, era algo muy básico. Hice muchas cosas en ese instrumento, aprendí las notas, empecé a sacar temas de oído, en ese momento escuchaba Pink Floyd y Soda Stereo. Saqué las melodías cantadas aunque era muy difícil en ese momento, no sabía música”, rememoró y añadió: “Estudié piano con un profesor que nos enseñaba a componer. Melodías ya sabía hacer porque sacaba de los discos, no sabía hacer acordes pero fui aprendiendo con el tiempo. Ese Casio para mí fue el inicio de todo”.

Yahni formó parte de Fumigación Social, tocando la batería, en la banda pilar del sonido hardcore en Misiones. “Como no me podía comprar la batería tenía el teclado, me interesaban las dos cosas. En la secundaria fue cuando me hice el baterista, por juntarnos con amigos y querer hacer una banda de hardcore y a mí me tocó la batería. No tenía batería, había una que nos prestaban que era usada por muchos grupos y ahí aprendí a tocar. Cuando terminó la banda, también terminó la cuestión de la batería”, señaló.

“El Fender Rhodes aparece en mi vida mediante el aviso en un diario. Mis padres me lo compraron, quedaba cerca de mi casa y fuimos a buscarlo. No sabía bien lo que era, para mí era un mega piano, había leído que era famoso, comencé a ver los videos de músicos que tenían ese instrumento, lo tenía la ElectriK Band y traté de sacar temas de ellos pero era casi imposible. Ese piano fue el que me acompañó en todo mi estudio en Córdoba. Lo toqué y lo gasté, hice todo lo que se pueda imaginar”, destacó.

Al mismo tiempo, el actual integrante de Jugo de Tigre, indicó que “después llegó la adquisición de mi primer sintetizador Yamaha, ahí fue donde se me abrieron las puertas sonoras, empecé a entender sonidos que antes no podía tocar. Podía empezar a copiar todos mis sonidos favoritos de mis discos preferidos de Pink Floyd o Depeche Mode”.

Con un sintetizador se abre la paleta sonora, es todo un mundo nuevo. Piano Rhodes y sintetizador fue la mezcla explosiva que me llevó a hacer de todo”, rescató.

 

Constancia que brota

A su turno, Pedro Insfran, guitarrista autodidacta que formó parte de bandas referentes del underground misionero como Purpura y Natural, sostuvo que “de grande me empecé a juntar con muchos guitarristas, y ahí entre ellos surgió la posibilidad de comprar una guitarra muy barata, la marca era Every, era una enorme, sonaba horrible, pero era linda”.

“Con el tiempo pasé a otra también muy barata que ni recuerdo el nombre. Muy berreta. Después de mucho tiempo de molestar en mi casa, mi padre accedió a comprarme la que tengo hasta ahora, la Gibson. Fue como un salto sin escalas”, analizó y amplió: “Al instrumento lo agarré de grande y al año, en muy poco tiempo, ya empecé a tocar en Purpura. En ese momento tenía unos 20 años. Lo loco es que todo eso se dio muy rápido”.

Sin embargo, sin poder contener el recuerdo familiar humorístico reconoció: “Yo quise ser bajista toda mi vida, no guitarrista. La anécdota es muy poco linda. Escuchaba mucho Red Hot Chili Peppers y Living Colour en el colegio secundario. Me gustaba y alucinaba con el bajo. Mi viejo me dijo que me lo iba a comprar. Llegando el fin de año me quería ir de vacaciones con mis amigos pero evidentemente mis viejos no tenían plata para darme y me dicen ‘si no te vas de vacaciones, te compro el bajo’, pero eso nunca ocurrió. No me fui de vacaciones y me quedé toda la vida esperando el bajo. Con esa excusa junté fuerzas hasta los 20 y lo hice sentir un mal padre durante años para que me compre la guitarra porque ya no quería esperar más el bajo. La anécdota deja muy mal parado a mi viejo”.

Por otra parte, Insfran consideró que “hay un momento para agarrar el instrumento en el que si no te brota la constancia, tipo una enfermedad de estar manija todo el día tocando, es porque no va a pasar más. Para ejemplificar, siempre pienso que en el 94 me fui a estudiar a Córdoba, en ese momento Diego Bergara y Leandro Yahni estaban probando cosas con la música, con ACME y Fumigación Social, pero cuando volví unos 8 meses después ya eran unos monstruos geniales con la música. En muy poco tiempo lograron eso. La manija inicial es todo, casi todo lo que sé de guitarra es por lo que aprendí en el primer año de estar todo el día enfermo con el instrumento. Y eso pasa o no, algunos se quedan con el instrumento de adorno en la casa”.

“Cerca de cumplir mis 40, me compré una electroacústica para tocar en casa. Hasta hace un tiempo tocaba mucho en mi casa, era algo que antes no me pasaba. Estuve unos 15 o 16 años en bandas y en esos momentos no tocaba en mi casa, lo hacía solamente en los ensayos o recitales. Había perdido eso, no me sentía cómodo sin un bajo y una batería, porque para mí eso es como un vicio. Cuando empezás a juntarte con amigos, se empieza a tocar algo y sale, es algo increíble”, concluyó.

 

De acordeones y baterías

Por su parte, Paula Figueredo, multiinstrumentista y cantante de Lua, contó: “Lo mío fue el acordeón. Mis padres me mandaron a estudiar con Ricardo Ojeda que vivía enfrente de mi casa. En ese momento me dijo que eran muy pocas las mujeres que tocaban el acordeón”.

Yo tenía unos 7 años. El instrumento me atrapó por completo, no lo dejé más. Hasta ahora sigo tocando el acordeón”, señaló.

Además recordó: “Al principio tocaba muchas canciones de estilos europeos, me enseñaban con métodos que eran en base a canciones francesas, italianas, como ese sonido característico de París. Y también mucho folclore del Litoral, porque se practicaba con galopas, chamamés, chotis”.

Figueredo lleva adelante un emprendimiento propio con Staccato, una academia musical para niños y niñas en la que brinda clases de canto, piano, guitarra, bajo, ukelele y batería.

En relación a esa experiencia subrayó: “Es algo que me genera una felicidad enorme, se les nota en las caras cuando están muy motivados y felices de hacer música. Vienen chicos que tal vez no tienen experiencia con la música, pero cuando entran a la clase y lo primero que ven es la cantidad de instrumentos que tengo para que practiquen desde la primera clase, la carita que ponen de emoción es hermosa, es algo muy satisfactorio”.

En tanto que Luciana Ayala, quien supo ser la base desde la batería en el proyecto punk posadeño Utopía y amplió sus horizontes en la ciudad de La Plata con la banda de mujeres HorrorWhite, manifestó: “Cuando era muy chica conocí la música gracias a mi papá que tocaba una guitarra criolla en casa, canciones de folclore. Yo me sentaba y lo escuchaba”.

“A mis 9 años me llevó a una academia de música y me dicen ‘elegí un instrumento’. En ese momento ni siquiera escuchaba mucha música. Primero veo la guitarra y el piano, pero después veo una puerta muy chica, onda ‘Alicia en el País de las Maravillas’, entré y me asombré con una batería que estaba ahí armada y dije que quería eso”, sostuvo.

“Así empecé a tocar la batería, fui unos meses con el profesor pero se tocaba con la batería muteada. Entonces mi papá me compró una batería, en la época del 1 a 1, una Pearl redivina. Mi profesor me ayudó a armarla y ahí tocaba lo que me salía. Los vecinos creo que no me quisieron mucho”, comentó entre risas y agregó: “Así empecé a tocar solamente en mi casa. De a poco vinieron amigos que eran músicos y me enseñaron varias cosas de la batería. Un amigo que tenía un bajo me dijo para hacer una banda de punk y yo ni sabía qué era eso, así empezamos a ensayar canciones de Nirvana, Ramones, de todo un poco. El primer tema que saqué en la batería fue ‘Demasiado Tarde (La Marcha)’ de Dos Minutos”.

Ayala además aconsejó a quienes desean iniciarse con un determinado instrumento que “lo mejor es tomar clases, pero también es fundamental ser perseverante y curioso. Hay personas que se enojan o frustran muy rápido y pierden el interés. Pero se trata de seguir practicando porque nadie nace sabiendo. Hoy en día, además de las clases, hay mucho contenido virtual de YouTube, en las redes, en cuanto a técnicas o para sacar covers. Pero lo mejor es empezar a ensayar con otras personas e ir a los recitales para ver bien lo que hacen otros músicos”.

 

El trabajo para la compra

Gustavo “Polack” Fernández se ha caracterizado por integrar diversos proyectos musicales al mismo tiempo, incluso de estilos muy variados, pasando por bandas de rock, heavy metal, jazz, punk, reggae y hardcore.

“Lo mío siempre fue escuchar música a través del bajo. La cuestión de mi primer acercamiento con el instrumento recuerdo que fue trabajar para juntar 260 o 300 dólares en ese momento y tener la plata para comprarlo. Anteriormente tenía fascinaciones por escuchar una banda, un bajo, ver a mis compañeros con determinados instrumentos, pero mi primer acercamiento real con la música fue poder pagar mi propio bajo y empezar a tocarlo. En ese momento tenía unos 14 años”, apuntó.

Siempre toco en la cantidad de bandas que puedo. Ahora estoy con Agresivo, Sociedad Anónima, Rompecabezas, también me armé un canal de YouTube donde subo las cosas que voy grabando, canciones mías, experimentos de bajo y efectos. Estoy con otros proyectos, siempre abierto a tocar con quien pueda”, dijo.

“La cuestión siempre va por el amor al instrumento. Cuando alguien practica con algo que le genera odio creo que se está errando el camino. Cuando veo que algo está podrido, que el otro no tiene ganas, o estoy tocando una canción que me parece tediosa, prefiero descansar de eso, me armo de herramientas para seguir trabajando, así es en la música pero lo mismo aplico a otros sentidos de la vida, si estoy en un lugar donde todo me está haciendo mal prefiero no estar ahí”, completó.

Básicamente dejé de ir a la secundaria para tocar música, y tan mal no me fue. Al menos me siento una persona feliz y tranquila”, destacó.

En tanto que “Wally” Rodríguez, músico de Buenos Aires pero residente en Posadas y que ha dejado un grato recuerdo entre las paredes de diversos bares con el sonido de su armónica en la banda rockera Okupas Roll, afirmó: “Mi primer instrumento fue la guitarra pero fue un proceso muy largo. Todo comenzó cuando tenía 11 o 12 años, vivía en Buenos Aires y en mi barrio, La Matanza, los pibes se juntaban en la esquina, se hacían reuniones, y siempre estaba la guitarra ahí. Lo que más me motivó con el instrumento fue esa imagen, los pibes tocando en la calle, en la esquina, frente a un kiosco”, recopiló y amplió: “Pasaron muchos años hasta que pude comprarme mi primera guitarra. El momento de comprar un primer instrumento, cuando uno entra en esa relación ceremonial, es algo mágico”.

Me compré una guitarra criolla cuando decidí no trabajar más para nadie, y hacerlo sólo para mí. Me hartaba tener que trabajar para alguien más, los horarios y todo eso. Entonces cuando renuncié me dieron una buena cantidad de plata junta. Y con eso lo primero que pensé fue comprarme la guitarra en una casa de música frente a la plaza de Congreso, era la primera vez que tenía tanto dinero junto. Esa guitarra me acompañó varios años”, relató.

 

Aprender a jugar con la música

El taller de Iniciación Musical “Mita’í Musiquero” abrirá sus puertas para niños y niñas de 3 ,4 y 5 años, a partir de marzo, con el objetivo de enseñar de manera lúdica.

El impacto de la música es un pilar fundamental en la etapa de la niñez por los diferentes beneficios que presenta para el desarrollo, la atención y concentración. Así se destaca la introducción de la música en la educación por la importancia que tiene para el desarrollo intelectual, auditivo, sensorial, del habla y motriz.

Respecto a esto, Soledad Colella y Regina Portel, con formación académica en el Profesorado de Música, comenzaron a darle forma a “Mita’í Musiquero”, un taller de Iniciación Musical, destinado a niños y niñas de 3, 4 y 5 años. El cual comenzará a dictarse en el espacio “Estudios de Artes del Movimiento India Pernigotti”, ubicado en calle Santa Fe 2319 casi San Luis, desde el 6 de marzo con cupos limitados por los correspondientes protocolos sanitarios.

Enfoque - Música

Consultadas por ENFOQUE, contaron: “Venimos trabajando con nivel inicial desde las escuelas, entonces se nos ocurrió hacer un taller de iniciación musical donde los niños y niñas por intermedio del juego puedan incorporar contenidos musicales siempre utilizando el cuerpo”.

“Por ejemplo, trabajamos y aprendemos haciendo música, con una canción se trabaja sentados, con el cuerpo, con las palmas, caminando, marchando al ritmo del pulso. Así se va transitando la música por intermedio del cuerpo”, graficaron y agregaron: “Una de las prioridades del taller es poder incorporar esos contenidos siempre a través del juego para que todo sea muy lúdico. Como es una iniciación musical los chicos van a poder tocar instrumentos de percusión y también melódicos percusivos, como es el xilófono que ya tiene las notas musicales”.

Nos parece muy importante la iniciación musical en esa edad, por eso vamos a trabajar con niños de 3, 4 y 5 años. La idea a futuro es ampliar después esa cobertura y llegar hasta a los de un año con la estimulación temprana con la música”, indicaron y completaron: “Hay que tener en cuenta la importancia que tiene la música en el desarrollo porque ayuda en todo lo que es la coordinación, las habilidades motrices, el trabajo de un grupo, individual, el respeto hacia los demás”.

En relación al espacio disponible para el taller y los cuidados sanitarios, resaltaron: “Es un estudio de danza y tiene un espacio bastante amplio, la idea es que los padres dejen a sus hijos para que después los vengan a buscar. Entre cada grupo tendremos tiempos de espera de unos 15 minutos como para poder desalojar la sala, hacer la limpieza, e higienizar. Por lo pronto vamos a comenzar con dos grupos“.

Tenemos cupo de 10 personas para cada clase. Después veremos de acuerdo a la demanda si será necesario ocupar otros horarios. Será una vez por semana, los sábados por la mañana”, aclararon.

“Como profesoras sabemos que la música no tiene esa fuerza que tendría que tener en el espacio curricular de las escuelas. En el nivel inicial se aprende mucho con el juego, la música ayuda para aprender muchas materias, por ejemplo los chicos aprenden inglés cantando en ese idioma. Por eso creemos que el recurso siempre es importante para cualquier área y en cualquier edad“.

“Entonces, alguien pasa al primer grado, a escuela primaria, y es como que se pierde el juego que se tenía en el nivel inicial. A través de la música se pueden aprender muchas cosas, y sería genial que como existen muchas horas para matemática, por ejemplo, también podría pasar eso con la música”, finalizaron.

Por: Charly Esperanza