El negro Mestraña: de profesión testigo

Fue uno de los personajes populares de Montecarlo, como otros tantos del interior, sólo conocidos por algún apodo llamativo o gracioso, o por sus vicios, o algún defecto físico o mental, o por las frases recurrentes o dichos que solían utilizar, que los fueron convirtiendo en verdaderas leyendas locales, a los cuales, quienes rescatamos sus historias, pretendemos darles dignidad, respeto, comprensión y hasta la identidad perdida, porque investigamos y ponemos en conocimiento sus verdaderos nombres y demás circunstancias familiares y sociales.

10/01/2021 19:22

Por Hilarión Benítez: Amigo de los números y de las letras

Su nombre era Juan Pablo Villalba. Nacido en la localidad misionera de Santa Ana el 19 de febrero de 1926. Trabajó como empleado de Rentas en el municipio de Garupá, luego fue ayudante de camionero en la zona de San Pedro. Finalmente vino a Montecarlo allá por 1956 con el carnicero “Tito” Oliveira, de quien fue colaborador.

Era un personaje entrañable y respetuoso, no se le conoció familiares ni parientes. Su expresión verbal demostraba buen vocabulario. Solía andar con saco, bien vestido.

Su predisposición de aceptar los pedidos de favores que le hacían, al preguntársele si podía realizarlos, siempre tenía como respuesta: “ME EXTRAÑA…”, lo cual hacía sobresalir su espíritu servicial, que lo fue ubicando en un contexto amplio de aceptación social.

De su respuesta segura y frecuente, con el tiempo devino el sobrenombre popular “MESTRAÑA”.

Lo de “NEGRO”, fue por el color de su piel. En mi investigación hallé coincidencias de que su ascendencia podría ser africana, considerando, además, sus rasgos faciales y tipo de cabello.

Solía dormir en el piso, sobre cartones, en el local que la UCR alquilaba en lo de “Cambá” Meza, en tiempos de las elecciones a fines de los años 50 y principios de la década siguiente.

Era el encargado de cuidar el local partidario y se arrogaba ser el secretario de quien fue el primer intendente constitucional de Montecarlo, Don Antonio Muruat.

También utilizó como lugar para pasar las noches un pequeño galpón que “Cambá” Meza tenía detrás de la pista de baile, donde se solían hacer faenas de vacunos. Otras veces se alojaba en alguna habitación disponible del conventillo del mismo lugar.

El bar de “Cambá” Meza era su residencia. También frecuentaba la parada de colectivos y el bar el de Doña “Cotí”, a pocos metros de allí. Pero un lugar muy especial donde pasaba todas las mañanas era el Juzgado de Paz, que funcionaba en la parte de adelante del edificio municipal. Colaboraba en los mandados con el Juez,

Don Cappiello, y la encargada del Registro de las Personas, “Piluca” Bergamini. Siempre dispuesto cuando se le solicitaba que saliera de testigo para algún trámite en el Juzgado, Registro de las Personas o en la Policía.

Pasó a ser un comentario de la época, que por ese favor que prestaba, él solicitaba unas monedas para su caña o para comprarse algo para comer. Por ello fue conocido como de PROFESIÓN TESTIGO.

Falleció el primero de julio de 1980. “Cambá” Meza lo llevó a sepultar con su camión y lo acompañó un cortejo de seis personas. Tuve acceso al Libro de Actas de Defunciones del Registro de las Personas en el que constan sus datos y que la causa de su fallecimiento fue “coma hepático”, certificado por el Dr. Kürten. Firmó como testigo del testigo de muchos: Clemente Pacheco.

A su humildad y buena actitud le correspondió siempre un buen trato y solidaridad de todos, especialmente por parte del intendente Muruat, Cappiello, Lucía Ortellado de Benítez, esposa del concesionario de la terminal y de la familia Meza.

Con algunas características similares hubo en Montecarlo otros personajes populares, como “Jojó”, el “Negro Bandera” “Matungo”, “Pocholo”, José Benítez, y en la actualidad, “Vizcacha”, entre los más conocidos.

Que esta pequeña investigación, traducida en el presente escrito, sirva para elevar nuestro respeto y solidaridad hacia quienes sufren la marginalidad extrema.