Una recorrida por Puerto Rico: Capital de la Industria

Un puerto, un grupo de inmigrantes y el sueño de un futuro próspero hicieron de este rincón a orillas del Paraná una ciudad ordenada, ejemplo de pujanza y pertenencia. Características que se reflejan a lo largo de su historia y que Leonor Kuhn se dedicó a recopilar. A continuación, sólo un fragmento...

30/12/2020 16:41

En 1948, llega el Padre Huberto Walter a la Parroquia San Alberto Magno y asume la tarea de construir un nuevo templo. Una Obra faraónica para ese tiempo si se consideran las limitaciones en las técnicas de construcción de la época.

Capital Provincial de la Industria, ciudad de lapachos en flor, tierra de hombres y mujeres que trabajaron en pos de un sueño, un hogar. Rincón de la tierra colorada que celebró su centenario honrando a sus pioneros de la mejor forma, sosteniendo la pujanza que los caracterizó. Y si hay alguien que sabe de esta historia es Leonor Kuhn, docente que eligió dedicar sus días a investigar y narrar los hechos que construyeron este pueblo.

Con voz suave, pero firme, confió que nació en Puerto Rico, al igual que sus padres, por lo que la familia está muy arraigada a esta porción de Misiones, y siempre gustó de escribir, por eso, una vez cumplidos sus tiempos con la docencia, se abocó a escribir.

“Tuve oportunidad de publicar algunos libros y, en estos últimos años, como se puso muy complicado, opté por la web y Facebook, ya que prácticamente no tiene costo y lo que me interesa es que la historia del pueblo trascienda, que los pequeños actos cotidianos de los que construyen el día a día de este lugar no se pierdan, simplemente esa es la intención, no hay ningún interés pecuniario en ello, sino transmitir, que esto lo reciban tanto los jóvenes como quienes llevan algunos años más sobre sus hombros, que la historia se mantenga viva”, aseguró.

Y recordó que “mis abuelos llegaron de Brasil, del estado de Rio Grande do Sul, escuché muchas anécdotas de ellos, como suele pasar en la época joven, no le di tanta importancia, aunque de alguna manera fue la semilla que me colocaron para que después tenga el interés por la historia, lo mismo puedo decir de mis padres, ellos me contaron muchísimas cosas”.

“Todos los avatares de la época en que estaba todo por hacerse, que había que desmontar, hacer caminos, cultivar, sentar las bases de lo que hoy es nuestro pueblo progresista con mucho sacrificio, con las limitaciones tecnológicas de la época y todos esos relatos son los que hoy en día puedo transmitir, pero además tuve la suerte de estar en el tiempo, podríamos llamarlo, preindustrial de Puerto Rico, mi infancia transcurrió entre 1950-1970, cuando aquí la vida todavía era muy primitiva, entonces personalmente también pude experimentar el avance tecnológico y veo todo lo que se logró, hoy al mirar para atrás digo que dimos un salto cualitativo muy importante en todo sentido”, apuntó la docente.

Reconoció que “esta era una sociedad muy cerrada, con muchos prejuicios hacia distintos grupos de población, pero con el tiempo y el aporte migratorio de otras localidades de Misiones, de otras provincias, de países limítrofes se produjo una interesante mezcla, de manera que hoy en día se suavizó muchísimo, no quiere decir que desaparecieron por completo, pero considero que estamos viviendo en una sociedad mucho más plural y más abierta que en otras épocas”.

“Creo que todos los pueblos colonizados por fundadores de origen germánico en el alto Paraná tienen la característica de haber sido muy conservadores, en los cuales fue muy difícil para quienes llegaron de afuera instalarse, pero luego se dan todas las oportunidades”, añadió.

 

Los primeros pasos
“Puerto Rico tiene la característica de ser fundada a orillas del Paraná en lo que llamamos San Alberto Puerto, hoy un barrio más de la ciudad”.

“Pero allí, nuestro fundador, Carlos Culmey rápidamente advirtió que la poca profundidad del cauce era poco práctica, entonces para desembarcar y embarcar muchas veces debían realizarse hasta triples trasbordos; del barco grande que anclaba en el canal, a una barcaza hasta cierto punto y luego a una canoa hasta la orilla y viceversa, eso encarecía muchísimo las maniobras”, al punto que muchas veces los barcos seguían de largo, entonces decide buscar un lugar más apropiado, y lo encuentra unos diez kilómetros aguas abajo, donde hoy es el puerto de Puerto Rico, que en realidad se llama Puerto Libertador General San Martín”, relató Kuhn.

Así, “pasamos a llamarnos Puerto Rico en ‘aguas profundas’, versión que se transmitió en forma oral, de generación en generación, pues hasta ahora no encontramos ningún acta escrito que diga que esta denominación se debe a ese acontecimiento, pero tiene sentido”, subrayó.

Con el traslado del puerto se traslada también su administración y entonces comienza también la venta de tierras en los alrededores, “obviamente los terrenos cercanos al río eran los más costosos, la población acompañó ese proceso, la gente se empezó a mudar, pero no rápido, tal es así que Culmey permaneció en San Alberto hasta 1924, el año en que dejó este lugar.

Él nunca vivió en Puerto Rico, como muchos otros vecinos, que residieron hasta muy entrada la década del 30 en San Alberto, que luego muy lentamente se despobló porque evidentemente no tenía buena comunicación”, describió e hizo hincapié en que “Puerto Rico, como casi todos los pueblos del Alto Paraná, se fue poblando a partir de una picada, que hoy en día es la avenida San Martín, desde el río hacia el interior”.

Culmey fundó esta ciudad con inmigrantes brasileños de origen alemán católicos, pues decidió crear colonias con discriminación de religión, es decir, en un lugar ubicar a los católicos y en otro a los evangélicos, por eso Puerto Rico es de origen católico y Montecarlo para los evangélicos, simplemente porque en aquella época la religión era algo central en la vida de las personas, entonces seguramente quiso evitar conflictos de tipo religioso, porque la gente se peleaba por religión, como hoy lo hace por fútbol, por política y avizorar un futuro de peleas no era conveniente para el progreso de una nueva colonia”.

“La primera iglesia que se construyó aquí fue el primer templo de todo el Alto Paraná misionero, y sirvió como lugar de encuentro de los inmigrantes de origen brasileño alemán católico, otros espacios de socialización se dieron en los almacenes de ramos generales, donde se encontraba todo el mundo, y luego en los clubes sociales, en nuestro caso en el Club Social y Deportivo Victoria, que fue fundado por un grupo de paraguayos de origen alemán, porque también tuvimos esa inmigración, muchos inmigrantes de Brasil fueron primero a Paraguay, a Colonias Unidas, para luego asentarse en nuestra zona”, dijo.

Silvinus Schoffen, intendente de Puerto Rico en la década del 80, reúne a un grupo de vecinos bajo la premisa de plantar árboles en las veredas capaces de dar sombra. Por sus colores sobresaliendo en los montes, los lapachos rápidamente obtuvieron el visto bueno. 

Y añadió que “ellos crearon el primer club deportivo en la zona, que también fue un gran espacio de encuentro, pero siempre entre los descendientes germánicos, porque los criollos tenían sus propios espacios de socialización; esa integración no se dio en épocas tempranas, aquí el criollo era mano de obra en las chacras, un poco tardíamente también porque los gringos eran desconfiados”.

Además siempre fueron familias numerosas y la atención de las chacras o pequeñas industrias se hacía en forma familiar, por lo que la incorporación de la mano de obra se dio más tarde, por ejemplo, en la cosecha de tung, yerba mate, tabaco, luego en las olerías, fábricas de almidón”

“Así que las distintas vertientes culturales fueron marcando fuertemente sus lugares de pertenencia y aferrándose a sus tradiciones, recién desde las décadas del 70 y 80 en adelante se empezaron a compartir celebraciones, un ejemplo es la Fiesta de San Juan, siempre organizada por los descendientes de inmigrantes paraguayos, correntinos, criollos en general y a las que hoy en día acude todo el pueblo, no existe discriminación en ese sentido”.

 

De picada a Capital  Provincial de la Industria
Leonor Kuhn relató que el gran salto económico de Puerto Rico, al punto de ser reconocida en el ámbito provincial como la Capital de la Industria, fue a partir de 1959, año que consideró bisagra, por la masificación del acceso a la electricidad con la creación de la cooperativa generadora.

“Anteriormente había unas cincuenta fábricas de almidón que trabajaban en forma muy artesanal, con una tecnología muy antigua, también muchas olerías, y la llegada de la luz eléctrica fue como un ida y vuelta, porque a su vez también produjo una gran afluencia de migración interna, gente de todos los pueblos del interior de Misiones, otras provincias e incluso países limítrofes, como Paraguay, que llegaban en busca de fuentes de trabajo”, recalcó.

Recordó además que en “la década del 60 irrumpe en la ciudad Citrex, que tuvo centenares de operarios a través del tiempo; la laminadora Puerto Rico, la Oleo Tung, luego surge la cooperativa almidonera más grande del país, CAISA, y todo eso generó un gran movimiento poblacional, la ciudad creció a pasos agigantados”.

Es decir, “a partir de allí se observa un ritmo de crecimiento sostenido interrumpido solamente por eventos como las épocas de inflación, que por supuesto trajeron retrocesos, no es una curva ascendente uniforme a lo largo del tiempo, tuvo avances y retrocesos, pero en general se puede decir que gracias a creatividad de la gente, a la agrupación en cooperativas, se pudo sostener ante los diferentes cimbronazos económicos cíclicos que atacaron y siguen atacando la economía del país, por suerte creo que los inmigrantes de todas las vertientes son los que aportaron ese puje, ese coraje, esa creatividad para enfrentar situaciones, lo que permite que Puerto Rico siga en su marcha normal y ascendente”, opinó.

Y, por supuesto, nada se libró al azar, el gran crecimiento de población que se da en la década del 60-70 motivó la formación de los barrios que rodean a la zona centro.

“Hoy en día tenemos contabilizados 35 barrios con sus nombres, límites, la mayoría con comisiones barriales, incluso hay un ordenamiento catastral municipal para que tengan su denominación y sus límites organizados por instrumentos legales, como ser las ordenanzas, eso da una pauta del gran crecimiento que tuvo Puerto Rico a partir del florecimiento de las industrias”, enfatizó la docente.

 

“Puerto Rico”, el nombre por  el que también debió lucharse
Según un escrito publicado por Cleto Rauber en 1979, en ocasión del 60° aniversario de la ciudad, expresa: “‘… el Sr. Culmey decide trasladar el poblado desde el Puerto de San Alberto a este asentamiento quedando su nombre como Puerto Rico, oficialmente el 19 de diciembre de 1919’, podemos inferir que en esa fecha fue el bautismo de nuestra ciudad”.

A lo que añade: “Es entonces que cobra sentido la calle 19 de Diciembre que arranca en la avenida San Martín, en la esquina del predio de la Escuela de Títeres, explicó oportunamente Leonor Kuhn, sin embargo por un lapso de casi quince años no se llamó Puerto Rico!.

“Todos los nacidos en la ciudad entre 1950 y 1965 pueden observar en su partida de nacimiento que figura “Libertador General San Martín”. De igual manera, así se encabezaba la correspondencia, notas oficiales y todo tipo de documentación. Para entender este hecho debemos retroceder a 1950.

“Nuestro país conmemoraba el Centenario de la muerte de San Martín. Múltiples actos y homenajes al ‘Padre de la Patria’ se desarrollaron a lo largo y ancho del territorio. Numerosos pueblos y ciudades exteriorizaron su honra denominando calles, plazas, edificios, instituciones con el nombre de nuestro emblemático héroe. Misiones por aquel entonces era ‘Territorio Nacional’ y la ciudad ya había sido ascendida a la categoría de ‘municipio’, a cargo de un Comisionado Municipal quien elevó la propuesta del cambio de nombre”, recordó la docente.

Hasta que “en 1955, después de la Revolución Libertadora, se envió una solicitud al entonces gobierno de la provincia, suscripta por las fuerzas vivas de la localidad, en la que se pedía el reintegro del nombre de Puerto Rico. Pasado un tiempo y ante la falta de respuesta, se constituyó una asamblea de vecinos que deliberó sobre los pasos a seguir”.

En primer lugar eligió una Comisión Pro Monumento al Libertador General San Martín, encabezada por Benno Reckziegel, como presidente, y Pedro Albano Simon, como secretario. La constitución de esta comisión fue en realidad el resultado de la estrategia pensada para el logro del objetivo. Es decir, entienden que había que ofrecer una contra propuesta compensadora y convincente.

“Es así como a cambio de la restitución del nombre Puerto Rico, ofrece, ante la inminencia de una nueva reorganización de los departamentos de la provincia como consecuencia de su reciente ‘provincialización’ (1953), que el departamento correspondiente reciba el nombre Libertador General San Martín (hasta ese momento era del departamento Cainguás). Además propone que la calle principal del pueblo se llame avenida San Martín, como también proyecta la construcción de una plaza en un punto estratégico, donde sería erigido un monumento al prócer”, apuntó Kuhn.

Y recordó que “en 1958 se produjo la nueva división departamental de la provincia y se designa Libertador General San Martín al departamento y Puerto Rico como cabecera del mismo. Pero todo queda ahí, no hay ninguna resolución o comunicación oficial a los organismos públicos y privados, que siguen usando el nombre Libertador General San Martín en todo tipo de documentos. Mientras tanto la comisión moviliza a la población para conseguir los fondos necesarios para la compra de la estatua del prócer.

Aquí comienza un largo y sinuoso camino burocrático de notas, idas y vueltas entre la comisión, el Ministerio del Interior, el Instituto Sanmartiniano y las firmas Sarubi & Barili S.R.L, Bronces Abbiali y Fundición Humberto Radaelli dedicadas a la fundición de estatuas.

En el trayecto de la gestión hubo que asimilar nuevos aprendizajes, por ejemplo, que no era cuestión de elegir cualquier modelo de San Martín para poner en un espacio público, el tema estaba rigurosamente pautado por un decreto presidencial del año 1946 en virtud del cual todo monumento de San Martín debía contar con la autorización del Instituto Nacional Sanmartiniano.

El trajinar fue largo, hasta que la Ley 207 promulgada por Decreto 1.562, con fecha 10 de agosto de 1964 por el Poder Ejecutivo Provincial, establece a Puerto Rico como cabecera del Departamento Libertador General San Martín restituyendo oficialmente el nombre original y bien querido.

 

Emblemático Club Victoria
El Club Victoria fue el primer espacio social y deportivo de la zona. Surgió en la década de 1930 por iniciativa de un grupo de amigos, amantes del fútbol, casi todos ellos, inmigrantes de origen alemán, venidos de las colonias alemanas de Paraguay.

Además, “Casi promediando la década de 1930 la localidad y colonia estaban por cumplir sus juveniles quince. Hacía poco tiempo se había creado la comisión de fomento, en ese entonces bajo la presidencia de José Alejo Rauber. Misiones no era provincia sino Territorio Nacional, gobernada por Carlos Acuña, mientras Pedro Justo era el presidente de la República”.

“En ese contexto un grupo de amigos, la mayoría emigrados de Paraguay, se reunió para dar formalidad a la idea de organizar un club para aglutinar la práctica deportiva. Con ese propósito se juntaron el 27 de septiembre de 1934 (según “Memorias”, de Benno Reckziegel, en la casa de Federico Scheifler), declarando la fundación del Sportivo Club Victoria”, confió Kuhn.

Los vecinos reunidos que se autodenominaron “fundadores” fueron Arlindo A. Brandt, Wilhelm Caspary, Alfonso Scheifler, Oswaldo L. Brandt, Erdreich Jachow, Erich Kämptner, Waldemar Diesel, Reimbold Gallas y Leopoldo Brandt.

“En esa primera asamblea quedó establecido el deseo de trabajar en la elaboración de un estatuto, el nombramiento del presidente en la persona de Arlindo Brandt y el tesorero Alfonso Scheifler que se abocarían de inmediato a reclutar socios cuya cuota mensual fue fijada en 0,50 Centavos”.

“A los pocos días, el 12 de octubre de 1934 ya fue convocada la segunda reunión de la incipiente asociación, donde asisten cuatro nuevos integrantes, Edvin Hillebrand, Armindo Reckziegel, Clemente Welter y Hermann Scheuerlein. Ese día se produce la renuncia del tesorero, Alfonso Scheifler, problema que se va a repetir varias veces más en esta primera etapa, lo que da la pauta de lo difícil que fue lidiar con las cuentas de una institución”, mencionó.

Finalmente, la primera comisión directiva quedó conformada por Arlindo Brandt, como presidente; vicepresidente, Waldemar Diesel; secretario, Oswaldo Brandt; tesorero, Erich Kämptner; vocales, Erdreich Jachow y Hermann Scheuerlein. Como capitanes de los cuadros de fútbol fueron designados, de primera división, Oswaldo L. Brandt y de segunda división, Reimbold Gallas.

 

Donde comenzó la historia

Si se mira la historia como ciudad desde el hito fundante del 12 de noviembre de 1919, cuando el ingeniero alemán Don Carlos Culmey declaró oficialmente fundada la colonia, debe reconocerse que “San Alberto Puerto” fue el comienzo.
“El primer contingente que arribó a este sitio, desde Brasil en 1918, estaba integrado por Enrique Günther, Mauricio y Juan Held y Alberto Kauer. Aparentemente fue un intento de colonización que luego no se concretó. Este grupo retornó a Brasil, pero regresó tiempo después y se incorporó al proyecto de Culmey. Existen documentos y planos que demuestran que San Alberto fue planificado como una ciudad en 1911, con cuadras perfectas diseñadas en ‘damero’ como un centro urbano, rodeado de quintas y chacras, que concentraría la actividad de las colonias circundantes”, describió Kuhn.
Y agregó que “a fines de marzo de 1919, Carlos Culmey y el sacerdote jesuita Max Von Lassberg realizaron un viaje exploratorio desde Brasil hacia el alto Paraná del entonces Territorio Nacional de Misiones, desembarcando en San Alberto, que en ese momento pertenecía a la CIBA (Compañía Introductora de Buenos Aires), más tarde adquiridos por la Compañía Colonizadora Alto Paraná Culmey y Cía. Existían allí precarias instalaciones, restos de una estación experimental de tabaco y caña de azúcar, entre ellas un galpón, que después fue utilizado como alojamiento provisorio de los inmigrantes. Emilio Bischoff, colaborador de Culmey, fue el primero en llegar con la misión de preparar el terreno para el futuro desembarco”.
Finalmente, “El 13 de junio de 1919, a bordo del vapor “Salto”, arribó un grupo integrado por Jacobo Bischoff, su esposa Elizabeth Dreher y sus hijos Teodoro, Adolfo, Jacobo, Teresa, Laura y Olinda. También Clementina Dreher de Naujorks y sus hijos, todos ellos dedicados a la tarea de acondicionar el lugar para la recepción de los inmigrantes que comenzaron a llegar masivamente a partir de noviembre de ese año (la mayoría se trasladó después a Montecarlo)”, remarcó y subrayó que “este grupo hubo de pasar grandes penurias hasta que se pudo regularizar la provisión de alimentos y dotar de un mínimo de comodidad al lugar”.
Con el correr de los meses la Compañía Colonizadora montó una proveeduría a cargo de Guillermo Schuster, recién incorporado como administrativo en la Compañía, para abastecer de los víveres básicos de subsistencia, traídos en barco desde Posadas. También se pudo acondicionar el galpón hasta dotarlo de las condiciones mínimas para “hotel de los inmigrantes”.
Culmey se había contactado con Alfredo Herm en Buenos Aires, un técnico de máquinas a vapor, a quien invitó a radicarse en San Alberto. Herm instaló allí el primer taller mecánico de la zona para… barcos. También conducía una lancha entre Posadas-San Alberto-Montecarlo.
A pesar de que Puerto Rico fue creciendo en tamaño e importancia, todavía en los primeros años de la década de 1930 hubo familias viviendo en el lugar.
Cuando se produce la fusión de la Compañía de Culmey con la de Schwelm en 1924, ésta pasa a ser la “Compañía Eldorado, Colonización y Explotación de Bosques Limitada, que mantiene hasta el día de hoy la titularidad de algunos lotes.
Después de haber sido el comienzo de una próspera colonia, con el traslado de la administración de la Compañía a Puerto Rico y los colonos comprando chacras cada vez más alejadas, San Alberto entra en decadencia.
“Pasaron muchos años de relativo estancamiento hasta que volvió a su barrio de origen Celso Limberger, formado como profesor en Ciencias Agrarias y desempeñándose en el Profesorado de Capioví. Rápidamente se integró a la vida comunitaria y el salto cualitativo se inició a través de una motivación tan simple como las necesidades de un equipo de fútbol durante un campeonato inter-comunitario, con el que se logra comprometer a cada vecino (jugador, hincha, aficionado) que necesariamente debía hacer algún aporte por mínimo que sea; cada peso aportado era registrado en una planilla y finalmente la suma total de ingresos y egresos era socializado a todos. Fue este el antes y el después de la comunidad.

 

Capilla San Miguel

El 29 de septiembre se celebra San Miguel Arcángel, patrono adoptado para la histórica capilla San Alberto Magno, primer templo católico del Alto Paraná Misionero. El 13 de noviembre de 1921 se colocó la piedra fundamental, la construcción arrancó en marzo de 1922 y, finalmente, se inauguró el 25 de noviembre de 1923.

La construcción fue realizada totalmente en mampostería y es una iglesia “de nave única, tipo galpón” (definición tomada de Lilian Oleksow: “La arquitectura religiosa en madera, en la Provincia de Misiones”).

No se hicieron planos y todo se hizo en base a dibujos a mano alzada que realizaba el constructor con el padre Stangier SVD. Todos los que de una u otra forma participaron en la construcción del templo, no recibieron paga alguna y la colaboración en mano de obra era considerada casi una obligación por parte de los católicos varones.

Un detalle fue la pintura de la cúpula y cielorraso, con un fondo celeste casi azul e infinidad de estrellas blancas, simulando un cielo estrellado, que desapareció en algún trabajo de refacción, al igual que una guarda de flores pintada a mano, a más o menos un metro del piso, en toda la extensión de las paredes interiores.

El templo Parroquial tenía un campanario que lucía una campana de 167 kilos importada de Alemania, que en 1948 se ubicó en la nueva Iglesia Parroquial, donde repicó hasta octubre de 1958, cuando se instalaron las tres campanas que permanecen hasta hoy.

En esta casa de culto se encuentran varios objetos históricos que remiten a los orígenes de Puerto Rico, por ejemplo, los recipientes para el agua bautismal y la primera imagen de San Alberto Magno que fuera adquirida por el P. Federico Vormann en 1924.