Nuestro amado mate también tiene su día especial

Las razones que explican la pasión por este ícono nacional, un poquito de historia para esta costumbre que nos define.

13/12/2020 13:02

Esteban Abril, artista plástico de Mar del Plata también supo homenajear al mate.

Cada 30 de noviembre celebramos el “Día Nacional del Mate”. Las razones que explican la pasión por este ícono nacional, un poquito de historia para esta costumbre que nos define.

Tomar mate para los argentinos, es mucho más que beber una infusión. Tomar mate acerca a los amigos y familias, es compartir las ganas de estar juntos, no importan las edades ni clase social.

Presente en el 90% de los hogares, la explicación de este fenómeno va más allá de razones, se trata de un vínculo emocional, el mate llega al corazón del pueblo argentino.

Obra de la artista misionera Adriana Kovalski, quien vive en Neuquén pero en sus venas corre el amor por sus raíces.

¿Por qué el 30 de noviembre es el Día Nacional del Mate?

Esta suma de valores sociales, culturales y saludables llevó al Congreso de la Nación Argentina, a sancionar en diciembre de 2014 la Ley 27.117, la cual establece que el día 30 de noviembre de cada año se celebre el “Día Nacional del Mate”, en homenaje al caudillo Andrés Guacurarí y Artigas, conocido popularmente como “Andresito”.

La norma fue publicada en el Boletín Oficial en febrero del 2015, el primer día del mate fue el 30 de noviembre de 2015. Y este no es un dato menor, ya que mediante esa legislación se promueve que en todos los eventos y actividades oficiales de índole cultural, se promocione el consumo de mate.

Doris Wall, que inmortalizó en una foto dos pasiones, el amor a su viejita Tilita y el compartir siempre con un mate.

Los orígenes de nuestro mate nos llevan a la cultura guaraní. Las hojas del árbol de la yerba mate (Ilex paraguariensis) eran utilizadas por los guaraníes como bebida, y eran objeto de culto y ritual, y moneda de cambio en sus trueques con otros pueblos prehispánico como los incas, los charrúas y los araucanos, quienes recibían la yerba de los nativos guaraníes. Para el guaraní, el árbol de la yerba es el árbol por excelencia: lo consideraban un regalo de los dioses, era una fuente de energía para sus largas caminatas por la selva.

Los conquistadores aprendieron de los guaraníes las virtudes y formas de tomar mate, e hicieron que el hábito de tomarlo se difundiera al punto de organizarse un intenso comercio desde su zona de cultivo originario, a todo el Virreinato del Río de la Plata. Más tarde, los sacerdotes jesuitas incorporaron el cultivo en las reducciones distribuidas en la Argentina, Paraguay y Brasil.

Recién en 1903 en Santa Ana (Misiones) se realiza la primera plantación de yerba mate. Las reducciones ubicadas en la Argentina, especializadas en la producción yerbatera, fueron Nuestra Señora de Loreto, Corpus Christi y San Javier, estos pueblos contaban con importantes yerbales naturales e implantados.

Hasta entonces y por muchos años, la yerba que se consumía se cosechaba de los yerbales de la selva, que crecían en grandes densidades. La explotación irracional de estos yerbales y la tala de árboles nativos para el uso comercial de la madera, terminó agotando este recurso. Sólo con las plantaciones sistemáticas, el cultivo de yerba volvió a encontrar su lugar en la historia.

María Victoria Skwarek a los 12 años hizo su propio homenaje al mate, armó su propia composición con la foto de la mano de su padre y el mate y el paisaje de Misiones.