El maestro y su zapato

El maestro Aníbal Guerrero se encontraba dando clases en el por entonces Instituto para Adultos Beato Adolfo Kolping (actual Instituto para Jóvenes Padre Juan Markievicz), cuando recibió la visita de un exalumno, quien le pidió un inusual favor a su antiguo educador

12/07/2020 09:54

El maestro y su zapato

Aníbal “Pechín” Guerrero Maestro de electricidad de primer año. Servidor de la obra de Villa Cabello. Agosto de 2006

Sucedió allá por el año 1999, a mitad del año lectivo, en el Instituto para Adultos Beato Adolfo Kolping (actual Instituto para Jóvenes Padre Juan Markievicz). Durante el curso de electricidad de primer año, el maestro Aníbal Guerrero daba su clase normalmente, hasta que repentinamente su exposición se vio interrumpida por el fuerte golpeteo de la puerta.

Pero como siempre hay alguien que al pasar al baño golpea la puerta y corre a esconderse y a observar desde la ventanilla sin dejar de hacer “pichí” o lavarse las manos, el maestro deja que vuelva a golpear para atender. ¡Y no esperó mucho tiempo! Vuelven a golpear e inmediatamente abre la puerta y se sorprende al ver a su exalumno. Éste le dice si tiene un tiempito para atenderlo.

Como faltaba poco para el recreo, el docente lo invita a esperar en el pasillo y continúa su clase sin dejar de mencionar, que fue un exalumno el que le golpeó la puerta. Al ratito nomas sonó el timbre que indica la llegada del recreo. En ese momento hace ingresar al exalumno y lo presenta a todos, ya que estaba muy contento de recibir a su visita inesperada.

Luego, los alumnos salieron al patio y quedaron ellos dos. El maestro inicia el diálogo diciendo ¿en qué andas? ¿cuánto tiempo? El otro contesta, mire… Profe ¡yo..! No olvido lo que usted siempre decía, cuando quieran dar una vuelta por la escuela siempre me van a encontrar para lo que necesiten y ¡aquí estoy! Profe, bueno. ¿¡Qué es lo que tenemos!?, pregunta el maestro. Resulta que mañana tengo una entrevista de trabajo, para lo que me preparé con usted y estoy seguro que lo voy a conseguir dice el exalumno, pero ¡hay que estar presentable! Ya conseguí todo menos el zapato y necesito uno de esos que usted ya no ocupa, aunque sea más grande, mi calce es número 42.

Entonces Guerrero, mirando a sus zapatos, pregunta ¿te gustan estos? Y el exalumno le dice: eso es mucho para mí, ¿no tiene otro más usado? Y Guerrero, mirando nuevamente sus zapatos, le dice al calzado, parece que vas a cambiar de dueño. A continuación, se los quitó y le entregó en una bolsita, deseándole mucha suerte en la entrevista.

Este le da un apretón de manos y se despidió inclinándose como agradecimiento varias veces, y se retiró. Nuevamente el timbre indica que terminó el recreo y que continúa la clase. Los alumnos se mostraron sorprendidos porque estaba descalzo, y en forma de cargada decían: el profe no pagó el zapato y tuvo que devolver!. Risas… de todos lados, pero nadie sabía de la alegría que corría por dentro de ese maestro.

Después de un instante, Guerrero dijo: no puedo ser egoísta de no compartir mi alegría con ustedes de sentirme útil y solidario con alguien que confió en mí.

Más grande fue la sorpresa cuando llegó a su casa! Le preguntaban ¿qué pasó con sus zapatos? Comentarios varios y al saber el nuevo destino todos quedaron contentos y más tranquilos.