Cómo avanzar hacia una agricultura climáticamente inteligente

Inundaciones, sequías, altas temperaturas y tormentas cada vez más intensas tienen efectos directos sobre los sistemas agroalimentarios, que deben adaptarse para mitigar el impacto del clima.

12/07/2020 11:28

El cambio en el clima es una variable constante. La transformación en el régimen de lluvias y de temperaturas a escala global tienen efectos directos sobre los sistemas agroalimentarios. En este punto, la clave para el sector agropecuario estará en implementar las prácticas necesarias para minimizar los impactos ambientales y adaptarse para no quedar en el intento.

En esta línea, especialistas de países Iberoamericanos describen las actividades más vulnerables y evalúan las actuaciones sobre adaptación al cambio climático en los países de la región. Como resultado, presentaron el libro “Adaptación frente a los Riesgos del Cambio Climático”. Se trata de un trabajo basado en la recopilación de fuentes, reportes y bases de datos internacionales realizado en el marco del proyecto “Evaluación de actuaciones de vulnerabilidad y adaptación al cambio climático”, de la Red Iberoamericana de Oficinas de Cambio Climático (RIOCC).

“Debemos avanzar hacia una agricultura climáticamente inteligente”, aseguró Miguel Taboada, director del Instituto de Suelos del INTA, quien detalló: “Es necesario implementar sistemas más resilientes y basados en tecnologías de procesos, reciclado de productos y menos uso de agroquímicos”.

El clima siempre fue un factor de riesgo para la producción agrícola. De hecho, en la Argentina los cambios que se registran en el clima afectan de diversas formas y con diferentes magnitudes al sector agropecuario. “Eventos ‘Niño’ en 2016/17 y ‘Niña’ en 2008/09 y 2018/19 muestran una elevada vulnerabilidad”, dijo Taboada quién, además, citó los cambios fuertes que se dieron en la alta Cuenca del Paraná y que determinaron que el río baje estrepitosamente su nivel de agua.

En lo que respecta al sector agropecuario, “lo que estamos viendo es que estos cambios están vinculados no sólo a la variabilidad del clima, sino a los cambios en el uso de la tierra y lo que hacemos con ella”, señaló el Director del INTA y ejemplificó: “La expansión de la frontera agropecuaria hacia el norte y el oeste, debido al incremento de lluvias”.

Asimismo, Taboada consideró el aumento de las siembras de maíz a mediados de diciembre, cuya finalidad es evitar la falta de agua y las altas temperaturas, que ocurren en enero, o el avance en los sistemas de riego y la siembra de variedades resistentes a plagas y a sequía como ejemplos de adaptación.

“El sistema agroalimentario debe modificar sus formas de producir para mitigar los efectos del cambio climático sobre las producciones agropecuarias, tanto por pérdidas de cultivos como en disminución de rendimientos o calidad”, expresó Andrea Maggio –del Centro de Investigación y Desarrollo Tecnológico para la Agricultura Familiar (CIPAF)– quien puso el foco en los sistemas productivos de la agricultura familiar de las economías regionales. “Allí, el impacto se hace más notable dado que se encuentran en zonas más afectadas por las inclemencias climáticas”, puntualizó.

En cuanto a los desafíos para los próximos años, Taboada consideró que, si bien “las mejoras tecnológicas van a permitir desarrollar más germoplasmas adaptados y con resistencia a plagas, dependerá de nosotros hacer un uso más eficiente del agua que cae y volver a los sistemas de doble cultivo, cultivos de cobertura e impedir la deforestación”.

En este sentido, Maggio destacó el rol del Estado en la generación de conocimiento y el desarrollo de tecnologías apropiadas frente al cambio climático.

En esta problemática tan amplia, “el aporte del INTA es muy diverso, desde estudios de monitoreo ambiental, información meteorológica, prácticas de conservación de suelo, materiales genéticos seleccionados en función de su resiliencia y estudios de biodiversidad, hasta el intercambio de conocimiento y el asesoramiento técnico para producir de manera más armónica con los ecosistemas, promoviendo una gestión sostenible de los recursos naturales”, describió Maggio y agregó: “Sin dejar de lado el trabajo en redes internacionales y nacionales abocadas a este tema que permiten el intercambio de conocimiento y cooperación técnica en esta problemática global”.