La literatura sobre disidencias sexuales gana espacio con narrativas innovadoras

Durante mucho tiempo, la escritura fue para las comunidades que representan la diversidad sexual un espacio de intervención política, una forma casi subterránea de avanzar sobre el espacio social.

27/06/2020 19:54

Gabriela Cabezón Cámara

La literatura que expresa a las disidencias sexuales tuvo durante años un recorrido marginal a través de publicaciones reducidas o discontinuas a tono con la estigmatización social que recaía sobre el colectivo LGTBIQ+, pero en los últimos tiempos ganó mayor visibilidad y volumen literario a partir de una secuencia de textos como “Las malas” de Camila Sosa Villada o “Las aventuras de la China Iron”, la relectura en clave queer que hizo Gabriela Cabezón Cámara del Martín Fierro.

Durante mucho tiempo, la escritura fue para las comunidades que representan la diversidad sexual un espacio de intervención política, una forma casi subterránea de avanzar sobre el espacio social para testimoniar la violencia que la rigidez de los roles de género ha ejercido sobre las identidades disidentes: esas reivindicaciones siguen vigentes pero lo que ha cambiado es la capacidad de irradiación de las temáticas, antes acotada a ediciones marginales y hoy codiciada por las grandes editoriales.

La diversidad se extiende también al campo de los géneros, ya que muchos de los textos recientes que se descorren del paradigma sexual han comenzado a perforar la autobiografía para construir universos ficcionales donde el desdibujamiento de fronteras permite reponer operaciones literarias en las que el lenguaje se convierte en testimonio y experimento al mismo tiempo.

Uno de los casos más emblemáticos es el de “Las aventuras de la china Iron”, donde Gabriela Cabezón Cámara propone una singular relectura del universo de la gauchesca a través de la historia de una joven que huye de la crueldad de Fierro -el célebre personaje creado por José Hernández- y que en su derrotero conoce a otra mujer con la que descubre un mundo ideal bajo el cobijo de las tolderías.

Cabezón Cámara es autora también de “La virgen cabeza” (2009), una historia de amor entre una periodista y una travesti llamada Cleopatra que dice tener conexión con la virgen.

El último hit de la literatura trans es “Las malas” (Tusquets), la novela de Camila Sosa Villada que retrata la vida de un grupo de travestis que se ven forzadas a prostituirse para sobrevivir, y la violencia con la que responde una sociedad dispuesta a perseguirlas hasta la muerte, una muerte que se retarda y se procesa gracias a las redes de cuidado y complicidad que se entretejen entre ellas.

La escritora cordobesa escribió también “Tesis de una domesticación”, una novela que rompe el estereotipo de la travesti marginal y segregada para presentar a una heroína feliz, “una travesti que tiene poder, dinero, que es mala. Que tiene madre, que tiene hermanos, que tiene hijo y esposo”.

Otras de las voces trans más recientes es la de Carolina Unrein, que en febrero pasado publicó “Fatal”, el relato en formato bitácora de los abusos que sufrió a lo largo de su vida y de la operación de vaginoplastía que la despojó de una genitalidad desacomodada y apuntaló su reconstrucción identitaria.

“Yo, la pibe del lindo culito, yo, la sobreviviente de abuso sexual, yo, la del desorden alimenticio, la ansiosa, la sola, yo, la puto, la marica, la trava”, abre el juego la también autora de “Pendeja: diario de una adolescente trans”.

Un recorrido posible por los íconos de la literatura sobre disidencias sexuales arranca con “En breve cárcel”, la novela que Sylvia Molloy escribió en 1981 y que instaló sin ambigüedades una historia de amor entre mujeres como no lo había hecho antes ningún otro texto en la literatura argentina. La temática reaparece en su segunda novela, “El común olvido”, un libro con más presencia autobiográfica que narra la peripecia de un académico argentino que vive en Estados Unidos y que regresa a Buenos Aires con un proyecto de investigación.

A mediados de los 90 salió “Plástico cruel”, una obra polifónica de José Sbarra (1950-1996) que narra los vínculos entre un poeta, la hija de un millonario, una travesti y otros personajes atravesados por el neoliberalismo de la época, en un relato cargado de mordacidad que además de instalar la temática trans propone una deconstrucción del amor romántico que se adelantó a muchas de las revisiones que impulsan hoy los feminismos.

A fines de esa misma década se publicó “Un año sin amor”, un relato autobiográfico de Pablo Pérez que recrea cómo era ser gay y vivir con VIH en esos años en que la fusión de ambas condiciones era doblemente estigmatizante. De esos años es también “Nombre de guerra”, de Claudio Zeiger, que se detiene en la vida nocturna de dos taxi-boys que buscan ganar dinero a través de la prostitución.

La escritora Gabriela Massuh tiene varios títulos que se inscriben en la genealogía disidente, entre ellos “La intemperie”, una novela semi autobiográfica publicada en 2008 que conectaba el derrumbe de la protagonista tras separarse de la mujer con la que había estado durante doce años con el ocaso de la Argentina en el escenario post 2001. Su segunda novela, “La omisión”, narra la historia de una mujer a la que se le desarman las certezas cuando descubre que su marido ya fallecido tenía una pareja homosexual.

En “La palabra Laura”, la narradora Anshi Moran se interna en las zonas resbaladizas del enamoramiento para intentar explicar sus etapas a partir de la relación entre Sara y Laura, dos jóvenes porteñas que se aman con la misma intensidad con la que intentan olvidarse.

Otra historia que también explora la disidencia sexual es “Fotocopia”, un texto de Facundo Soto que con recursos de la ficción y la autobiografía plantea las simetrías y tensiones entre un padre homosexual y su hija adolescente que superponen sus voces para narrar desde la subjetividad cómo es construir una relación afectiva a pesar de los prejuicios sociales.

Publicada en 2103, “Ladrilleros” de Selva Almada narra la rivalidad atávica entre dos familias enredadas por la violencia en un pueblo del norte argentino donde el mandato de la masculinidad habilita la crueldad y ser gay es una afrenta imperdonable, aunque no lo suficiente como para asfixiar el amor entre Pajarito y Ángel, los dos personajes que con su inesperada relación desatan la tragedia que abre la novela.

“Ahora soy una persona más seria, más comprometida y, por lo tanto, más feliz. He transicionado”, enuncia Acevedo en el primero de los relatos que integran “Late un corazón”, donde a partir de formatos autobiográficos como la carta y el diario íntimo fusionados con el registro ensayístico da cuenta de la transformación que la llevó a dejarse de identificar como mujer para asumirse en una posición que rehuye las categorías binarias, pese a que se inclina por el uso de los determinativos masculinos.

“Continuadísimo”, de la escritora y performer Naty Menstrual, reúne un conjunto de crónicas y relatos que registra con irreverencia las distintas formas de la marginación y la dificultad de los vínculos que acecha toda historia que tenga como protagonista a un trans.

Con un recorrido icónico en el activismo por los derechos trans, la artista, performer y escritora Susy Shock publicó en 2016 el libro “Crianzas. Historias para crecer en toda la diversidad”, donde funda una pedagogía travesti a través de historias cotidianas en las que una travesti del conurbano bonaerense le explica a su sobrino Uriel de qué se trata la diversidad y le enseña a luchar contra los prejuicios.

Fuente: Agencia de Noticias Télam