Luis Armando Galarza: el fuego sagrado de la locución

Abrazó la profesión cuando aún era niño e imitaba a relatores, locutores y periodistas radiales. Nacido en Posadas, su inconfundible voz dio vida a programas emitidos en importantes medios de la provincia. Mientras ejercía, estudió en el Instituto Superior de Enseñanza Radiofónica (ISER), en la Capital Federal, y el 16 de octubre de 1990 obtuvo el título de Locutor Nacional, tras rendir su última materia.

08/06/2020 15:17

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De chico, Luis Armando Galarza jugaba a hacer “el otro ‘Cacho’ Fontana” y con el paso de los años, su vocación, su tenacidad, su perseverancia, lo colocaron en el peldaño que ocupan los mejores locutores. Nació el 11 de agosto de 1949, en Posadas, para ser más exacto, justo en el punto donde comienza Villa Blosett, en la avenida Roque Sáenz Peña y Santa Fe.

Exalumno del colegio Roque González, manifestó que “abracé esta maravillosa profesión cuando era niño e imitaba a relatores, locutores y periodistas radiales. No olvido aquellas transmisiones radiales que se escuchaban en Posadas por “onda corta” desde Radio Belgrano, Splendid y El Mundo, y las noches de ‘Bajo las luces del ring’, que salían al aire desde el Luna Park”.

 

“Mientras trabajaba en Radio Nacional fui testigo de aquel trágico 30 de noviembre de 1973, cuando el avión que transportaba al entonces gobernador Juan Manuel IrrazÁbal; al vicegobernador César Napoleón Ayrault, a sus respectivas esposas, y la hija del titular del Poder Ejecutivo provincial, Susana “Cuca” Irrazábal, se precipitó a tierra en la selva de Puerto Península”.

 

Aseguró que le fascinaba “oír e imitar a Osvaldo Cafarelli que, con su voz nasal inundando el ambiente, relataba combates de box. Asimismo, me entusiasmaba la manera de decir los avisos comerciales de experimentados locutores”. Era niño, entrando en la adolescencia, cuando en la capital de la provincia la “reina de las emisoras” era LT4 “Argentina y Libre”, como decía su lema.

“Creo que el fuego sagrado de la vocación por el micrófono se iniciaba en mí, por aquel año 1958. Es que, en el predio de Radio Parque, cuna de grandes profesionales, era una fiesta permanente de sonidos, programas y alegría. Allí trabajaban, Silvio Orlando Romero, “Carlitos” Madelaire o ese creador de programas de entretenimiento que fue Washington Campos Videla”, reseñó.

En el patio de su casa imitaba las voces que escuchaba. Cuando con los chicos jugaba a la pelota en el campito que se ubicaba en Santa Catalina y Acevedo, “generalmente abandonaba el partido para ubicarme al costado del “campo de juego” y, con una latita de picadillo atada a un cable, transmitía los movimientos que veía”. Entonces, la imaginación “me llevaba a transformarme en otro ‘Cacho’ Fontana o Fioravanti” (nombre profesional del relator radial de fútbol Joaquín Carballo Serantes).

Con el paso del tiempo y, con muchos años en la profesión, siempre en la radio, estudió en el Instituto Superior de Enseñanza Radiofónica (ISER) situado en los años 90 sobre la calle Paseo Colón, de Buenos Aires. Viajaba desde Posadas a la Capital Federal para rendir las materias. “Fue grande mi alegría cuando al rendir la última, el 16 de octubre de 1990, obtuve el título de Locutor Nacional. Todavía no se había abierto la carrera de locutor nacional en el Instituto Montoya y con modesto orgullo, desde entonces exhibo mi Carnet profesional N° 3570. El periodismo profesional que ejercía venía de la mano de mi habilitación con el carné 13.062 de la Ley 12.908 del Periodista Profesional de la República Argentina”, recordó Galarza, dueño de una voz inconfundible en el éter misionero. Escuchar a locutores de la Capital Federal como Héctor Larrea, Fernando Bravo y otros “me entusiasmaba y, de alguna manera fueron referentes por su clara voz y excelente dicción”.

 

Los comienzos laborales

Sus inicios en la profesión radial se remontan al mes de abril de 1972 cuando se inauguró LRA 19 Radio Nacional, de Puerto Iguazú. “Con enorme expectativa y repercusión salía al aire la primera emisora que tuvo la Ciudad de las Cataratas. La experiencia fue enriquecedora. Allí, desarrollé el rol de locutor, redactor, periodista. Era la voz de actos y ceremonias patrióticas y eventos sociales que se cumplían en la comunidad”, rememoró.

 

“En 1980 renuncié a las emisoras estatales para incorporarme como periodista y locutor oficial de la Universidad Nacional de Misiones (UNaM). Al mismo tiempo me inicié en LT4 Radiodifusora Misiones, en Bolívar 318, bajo la dirección del Dr. Pedro Warenycia. Por la mañana en la casa de altos estudios y por la tarde en la emisora ubicada en el edificio de la Sociedad Italiana. Hoy, a 48 años de aquellos años iniciales sigo en la primera mañana de Radio Tupambaé”.

 

En la vorágine diaria, Galarza conoció a la doctora Marta Teodora Schwartz, a quien definió como “esa médica solidaria y heroica que hizo honor al Juramento Hipocrático, cuyo nombre lleva hoy el Hospital de la avenida Victoria Aguirre”. La entrevistó en algunas oportunidades y esas largas charlas le relataba sus viajes a la selva para atender a parturientas o llevar auxilio a mordidos por víboras, y sin recursos. “Fue el doctor Ángel Villalba, odontólogo del pueblo e historiador del Alto Paraná, quien me presentó a la llamada ‘El ángel de la Selva’ o ‘El Ángel de la Frontera’”, que falleció a los 90 años, el 29 de marzo de 2005.

En 1975 recibió un llamado telefónico del entonces Jefe de Locutores de LT17 Radio Provincia. En la comunicación, el apreciado “Blackie” Álvarez le ofrecía ser locutor de esa emisora por haberse producido una vacante. “La sola idea de volver Posadas me alegró sobremanera”, dijo, quien en breve, renunciaría a Radio Nacional para regresar a sus pagos. Ya en Posadas se incorporó al Instituto de Difusión Radio y Televisión (IDIRATEMI). “Corría el mes de octubre de 1975. Eran tiempos difíciles en el país”, acotó.

“Hice radio y televisión, alternativa y diariamente en Canal 12 y LT17. Compartí micrófono, aire y reportajes con Carlos Alberto Lucero, Alejandro Miravet, Ramiro Antonio Martínez, Edgardo Zar, y realicé innumerables reportajes y coberturas con camarógrafos como Eduardo Díaz y el inolvidable “Catilo” Aguerrebere”, evocó Galarza.

Desde la creación de la Radio de la Universidad Nacional de Misiones, “me desempeñé frente a sus micrófonos, primero en los estudios ubicados en la Facultad de Ciencias Exactas, Químicas y Naturales, con antenas instaladas en la terraza del edificio de calle Félix de Azara 1552. Allí entrevisté en vivo o por teléfono a investigadores, docentes universitarios, personalidades de la ciencia y la cultura, y todas aquellas inquietudes de la comunidad”. Allí, “compartí con apreciados colegas con los que seguimos trabajando cuando la emisora se trasladó a modernas instalaciones en el Campus de Miguel Lanús. Fueron más de dos décadas de intenso trajinar por el apasionante sendero de la comunicación con la educación superior”, manifestó.

 

“Ser locutor nacional me brindó la oportunidad de poseer una profesión que me hace feliz, de ganarme la vida con orgullo y honradez, pero por, sobre todo, haber logrado hacer realidad ese sueño de cumplir con la vocación que nació cuando era apenas un niño que jugaba a ser otro ´cacho´ Fontana”.

 

Los cambios tecnológicos

Galarza hizo un recorrido desde aquella Radio Nacional de Puerto Iguazú de la década del 70, en la que se realizaban las grabaciones de las noticias que se escuchaban desde Buenos Aires y, luego las copiaban a mano o con la máquina de escribir Lexikon 80, de Olivetti. “Luego de una hora las teníamos redactadas para leer frente al micrófono. Desde ese momento ha transcurrido un largo sendero en la comunicación. No olviden que la telefonía celular, Internet y las plataformas digitales no estuvieron siempre”, aclaró.

Indicó que “lo más parecido a tener la noticia en tiempo real, hasta no hace más de 30 años, era la teletipo. Era una ‘máquina de escribir que escribía sola’ y que suministraba noticias de TÉLAM, EFE, y otras agencias. Era lo más ágil que se tenía en los 80 y hasta los 90. Lo demás era el teléfono fijo y el cronista y reportero que salía a la calle a buscar la información”. Igualmente, a la hora de salir al aire, “lo hacíamos con excelente dicción, cuidando el lenguaje y con la mejor predisposición. Con la dinámica que imponían los tiempos nos fuimos adaptando a estas novedades”, señaló.

Transcurrieron casi 40 años de aquellas primeras experiencias radiales pero “mantengo el mismo espíritu de la época inaugural. Sigo con una costumbre que adquirí de adolescente secundario, cuando nuestra profesora de literatura, Olga Mercedes Zamboni, nos aconsejaba leer en voz alta obras que enriquecen el vocabulario. Así como leíamos los ‘Cuentos de la Selva’, de Horacio Quiroga o el ‘Martín Fierro’, hoy, libro que empiezo a leer, libro que leo en gran parte en voz alta. Es un ejercicio saludable para docentes, locutores, actores, periodistas, abogados o cualquier profesión que requiera exponer frente al público”, consideró quien sigue haciendo radio. Actualmente como conductor de la “Primera mañana”, de Radio Tupambaé 105.9.

Con su esposa, Graciela, celebran 40 años de unión. El fruto son tres hijos: Sebastián (39), radicado en Lucerna, Suiza; Carolina Mariela (37), que vive en Salta y trabaja en la Universidad Católica de esa provincia, y María Florencia (29), periodista que se desempeña en el área de comunicación institucional de la UNaM y en Transmedia, el canal de TV de la UNaM, relató, orgulloso.

Al resumir lo que le dejó la locución, Galarza mencionó el hecho de “haber conocido y conversado periodísticamente con hombres y mujeres de todas las edades y profesiones. Fue y es una experiencia única e inigualable. Sentir que fui y soy útil a la sociedad desde esta posición privilegiada que es la del comunicador, locutor, periodista fue y es, ayer y en la actualidad, una íntima satisfacción”.

Expresó que “hoy, las nuevas generaciones tienen la magnífica oportunidad de obtener una formación académica sólida en materia comunicacional. Creo que el mayor aporte realiza la Facultad de Humanidades con la carrera de Comunicación Social. En Locución veo con satisfacción los nuevos profesionales que egresan del Montoya”.

“Ser locutor nacional me brindó la oportunidad de poseer una profesión que me hace feliz, de ganarme la vida con orgullo y honradez, pero por, sobre todo, haber logrado hacer realidad ese sueño de cumplir con la vocación que nació cuando era apenas un niño que jugaba a ser otro ‘Cacho’ Fontana”, celebró, no sin antes agradecer a “aquellos hombres y mujeres que fueron generosos conmigo y me dieron la oportunidad de crecer”.