La violencia mata, el deporte no

Por estos días estamos perplejos por la conducta violenta de un grupo de jóvenes, que son hijos, vecinos, estudiantes, compañeros de trabajo y también rugbiers.

30/01/2020 16:16

Imagen ilustrativa

Este grupo de jóvenes por causas que se investigan, a golpes de puños y patadas, terminaron con la vida de otro joven que, como ellos, tenía las mismas características, sueños y proyectos, con la única diferencia, que fue víctima de la conducta violenta, ejercida grupalmente hacia él. Es la conducta violenta la que mata y no el hecho de que son rugbiers.

En la Unidad Penal III de la Provincia de Misiones, desde el 2016 se está poniendo en práctica el Proyecto de Rugby “Tackleando Muros”, donde actualmente participan 77 personas privadas de libertad.

Según datos de los directivos del Penal, desde su aplicación se han logrado bajar los índices de violencia en los diferentes sectores de la Unidad, ha mejorado la convivencia en general, ha aumentado la escolaridad primaria y secundaria entre otros logros que se registran.

Se ha destinado un módulo exclusivo para el desarrollo del proyecto, donde los requisitos para participar son tener un buen rendimiento escolar, participar en actividades de socialización y obviamente, entrenar tres veces por semana.

El dato más relevante, es que todos los que pasaron por el programa “Takleando Muros”, después que cumplieron su condena y recuperaron la libertad, no volvieron a reincidir.

La disciplina deportiva, la formación de la voluntad y la construcción de un propósito en la vida, es la triada que impulsa a estas personas a encaminar sus vidas a un nuevo horizonte.

“Takleando Muros” está precedido y esponsoreado por otro proyecto a nivel nacional, llevado adelante por la Fundación Espartanos.

Los “Espartanos” comenzaron en marzo de 2009 en la Unidad Penal N° 48 de San Martín, Buenos Aires, con 10 jugadores y 2 voluntarios.

En la actualidad, según el informe de la web de la fundación, se juega al rugby en 65 unidades tanto en hombres, jóvenes adultos y mujeres, en 5 países, 19 provincias, con aproximadamente 3.000 [email protected] participando del programa.

Uno de los resultados alentadores, es que ya son 202 exespartanos trabajando en 74 empresas del país.

Podríamos seguir describiendo otros proyectos deportivos en contextos marginales que cumplen los mismos objetivos, y el resultado será el mismo: la violencia es la que mata, el deporte no.

Estas conductas violentas, están mimetizadas y naturalizadas en los contextos donde viven, estudian, hacen deportes y trabajan los jóvenes.

Ante el hecho ocurrido, es en el a b c de los procesos de socialización donde se debería centrar la mirada (ver teoría de Berger y Luckman; la Teoría Ecológica de Urie Bronfenbrenner,entre otros), los actores, como la familia, las instituciones sociales y el Estado con sus políticas sociales, forman el tríptico donde observar, hacernos preguntas y dilucidar algunas respuestas.

La figura del adulto está desdibujada y en muchos casos ausente, con respecto a los límites, consumo de alcohol y de sustancias, desbordes en fiestas,“party bus”, y concesiones de todo tipo a los hijos, sin control, que pone en jaque a todas las familias de todas las clases sociales.

Las instituciones educativas, religiosas y los clubes, si sólo “amontonan para facturar”, “instruyen en contenidos, pero sin sentido” y “sólo entrenan para ganar y no para cooperar en la vida”, también fallan.

El Estado si no adecua constantemente sus políticas sociales, económicas y educativas, de manera inclusiva, no resiste a los emergentes populares.

¡Todo es de manual, pero guardado en la biblioteca y nunca lo leemos!

Por otra parte, urge visibilizar y trabajar sobre lo que está naturalizado en los ambientes juveniles, de manera violenta y vejatoria, llamados ritos de “bienvenida”, “iniciación”,“bautismo”, “debutante”, “[email protected]”, “la chota” y otros.

Son pocos los jóvenes que pueden verbalizar estas traumáticas experiencias, que fueron condicionantes y muchas veces determinantes para la construcción de la subjetividad.

El capitán de Ciervos Pampas, Caio Varela, un equipo de rugby de diversidad sexual, referente del colectivo LGTB, relató que en el tercer tiempo, el equipo contrario realizaban un “bautismo” con mucha violencia.

Como se percataron que los de Ciervos los observaban, uno le preguntó si no tenían también algún ritual.

“No tenían, pero a partir de ese día lo impusieron: un abrazo y brindar en el tercer tiempo, ese espacio posterior a los partidos para charlar y compartir una comida entre equipos”.

El deporte es una posibilidad para la construcción de la empatía social, entendida como la participación afectiva y efectiva en realidades ajenas a la situación personal. Es un espacio privilegiado para el encuentro humano.

Es la posibilidad de transformar a las personas y también una oportunidad para mejorar los contextos de convivencias.

Luis Alberto González
Miembro de la Comisión Provincial
de Prevención de la Tortura Misiones