Juan Ramón Cena, con la música en la sangre

“Compartir la música, es compartir la amistad, conocer lugares. Hacemos covers, y música de Teixerihna, Os Serranos, Monarcas, que son de trayectoria. Elegimos la música que mejor pega. Todo es para bailar a excepción de algunos melódicos. Es un hobbie, no lo hago para lucrar. Gasto mucho. Aveces se recupera y otras no. Siempre trato que mis músicos ganen algo”.

05/05/2019 15:33

“Para mí la música es la alegría del alma. Es algo que me tranquiliza, me reconforta”, manifestó Juan Ramón Cena, el mecánico que cuando se aleja del mundo diario de los autos, hace que la música se apropie de su vida. Así es que cuando los ruidos del taller se aquietan, en el fondo, sobre un escenario que dispone de los más variados instrumentos, comienzan los ensayos. Lidera la banda “Os Gauchos” y lleva por la región el ritmo sertanejo.

Como la de los fierros, esta pasión también la heredó de su papá, Juan, mecánico de la concesionaria Ford en Oberá y músico aficionado, que tocaba la guitarra y cantaba un poco. Y “Juancito” creció en ese ambiente. Allá por 1969 fueron a vivir a la incipiente localidad de San Vicente, donde el jefe de familia instaló lo que sería el primer taller mecánico de la zona.

Con él su hijo aprendía el oficio cuando a los 18 tuvo que venir a Posadas para cumplir con el Servicio Militar Obligatorio. Después de 14 meses, empezó a trabajar en la “gran urbe” y conoció a Noelia Romero, quien más tarde se convirtió en su esposa. “Y acá me quedé, me aquerencié, ella no me dejó volver”, recordó entre risas. Fue así que empezó a armar su propio taller sobre la calle Trincheras de San José, a metros de Lavalle, en lo que era la casa de su suegra, hasta que surgió la posibilidad de afincarse en el barrio Rocamora, Chacra 70, donde levantó el “galpón” y el espacio para los ensayos.

Dijo que empezó a trabajar solo pero “con mucha gente buena. Servando Menor fue mi primer cliente cuando abrió la agencia de usados. Me traía todos los trabajos. Gracias a Dios siempre me sobró el trabajo. Hay que demostrar con la acción, y no decir y no hacer. Muchos se quejan pero no hacen sus deberes. Busco generar ganancia con mi trabajo, cobrando lo que hay que cobrar. Se trata de ganar un poquito todos los días pero a la larga, suma”, alegó al expresar su filosofía de vida.

Admitió que en ese entonces no se dedicaba a la música por falta de tiempo. Pero como la melodía es una cosa latente, en 2006 concretó con unos amigos varias ediciones de la Fiesta Sertaneja. Con la primera, se llenó el Club Ucraniano, que tenía capacidad para 900 personas. “El espacio ya estaba saturado cuando la cola era de cuatro cuadras”, agregó. Siguieron con otro encuentro en el Club Itapúa y otros tres en el Club Alemán.

“La fiesta pegó fuerte, anduvo bien porque era en la época en que salió la película de ‘Los hijos de Francisco’, protagonizada por Zezé Di Camargo & Luciano. Como todos la miraban, hicimos una publicidad con la música del film y llamaba mucho la atención”, acotó. Después se encarecieron los costos y no se pudo seguir, pero a partir de ese momento nació la banda que “Latido Sertanejo”.

“Fue la primera de Posadas. Anduvimos haciendo música por ahí, hasta que se desintegró. Siempre digo que hay que rescatar el valor humano y no el músico porque en ocasiones el músico no lo hace de corazón sino por necesidad”, aclaró.

Un poco más tarde arrancó con “Os Gauchos”, con nuevos integrantes y liderando el grupo, cantando. “Antes no lo hacía porque no tenía tiempo. Con el cansancio del día, me resultaba muy difícil ensayar por las noches. Entonces hice un espacio en mi rutina, dejé de trabajar los sábados, y me dediqué más a la música. Empecé a cantar mis temas, a practicar otra vez, y salió la banda Os gauchos, que tiene los mismos integrantes desde sus inicios, hace cuatro años. Así que me puse al frente, a hacer el show, a cantar, a animar, proyectando siempre para mejor”, expresó.

Junto a Gaspar “Bocha gaitero” Da Silva, en acordeón; Sergio Orlan Kottwitz, en batería; Leandro Da Silva, en teclados; Gonzalo Meza, en guitarra, y Alejandro Onufrijczuk, en bajo, Juan sube al escenario con los atuendos de los gauchos de la región de Rio Grande Do Sul, y el infaltable cimarrón. “Toco mucho por Brasil y traigo ropa genuina, botas que acá no se consiguen. Nos dedicamos a hacer música gaucha, sertaneja, chamamé brasilero. Antes intercalábamos con cumbia pero ya no mezclamos los ritmos. La gente acepta mucho el show, comparte los videos”, celebró.

Cuando se trata de tocar para cuestiones solidarias, la banda acude sin cargo “porque es una forma de gratitud, de gratificar el alma. Lo hago realmente porque me gusta. Es una forma de devolver porque soy un tipo bendecido en la vida, porque Dios nos dio demasiado. Nadie nos regaló nada pero nos enseñó la forma de hacer las cosas, entonces siempre estamos agradecidos. Que la familia que conformamos con Noelia; mis cuatro hijas (Eugenia, Guadalupe, Nairana y Nazarena) y mis nietos (Pía, Juancito y Bruno) esté bien, no tiene precio, por ejemplo”.

Cena, que también es excelente bailarín, confió que se dedica al ritmo sertanejo porque proviene de una zona en la que se criaron con la música brasileña. Indicó que San Vicente se encuentra a 50 kilómetros de El Soberbio, donde se ubica la frontera con Tres Passos y “cuando fui a vivir, con dos o tres años, eran todos brasileros. Eran tres o cuatro casas, recién nacía el pueblo, mientras que las colonias como Londero, Alicia, Aurora, kilómetro 300, ya estaban más habitadas”. Rememoró que por aquellos años la Capital de la Madera carecía de destacamento policial, que recién se fundó en 1973 y, un vecino, que vive al frente a su actual casa, fue el primer efectivo de lugar. Había cien kilómetros desde Oberá a Posadas pero “necesitabas todo el día para llegar a destino. Los caminos eran muy feos. Conozco el sacrificio de la vida, de peludear, de trabajar en el barro, bajo la lluvia. Pero siempre con salud”.

A su entender San Vicente “creció demasiado. Siempre vuelvo porque tengo muchos amigos, que son como mis hermanos porque nos criamos juntos. Y nuestro idioma portugués nació ahí. Hablabas con cualquiera que venía: bom dia, tudo bom. Unos años después de casados, fuimos a pasear con mi señora a El Soberbio y un menor de unos 12 años venía de la escuela. Le dije a mi señora escucha bien, y le pregunto al chico:, ¿voce e argentino o brasileiro? Eu so bem argentino, contestó como orgulloso, pero en portugués. Son esas raíces profundas. Con el paso de los años aprendí a hablar un poco mejor el castellano, quedamos más modernos”, acotó quien considera que la música no tiene fronteras, “te lleva a lugares inesperados y te hace conocer gente fabulosa”.

Siempre remarca que su casa es como una delegación de San Vicente. Es que cuando sus “compoblanos” vienen a buscar algo a Posadas, visitan al médico o están en el hospital “voy y los atiendo y les consigo lo que necesitan. Entiendo que para la gente que no conoce es muy difícil encontrarse sin nada, entonces los ayudo a solucionar sus problemas. Hay algunos que no quieren venir a casa porque no quieren dejar solos a sus parientes, entonces les acerco un auto para que dentro de él pasen la noche y estén cerca del familiar enfermo. Le asisto con lo que necesitan. Para mí es una forma de construir una buena amistad. La idea es hacer un poquito más liviana la vida de los que me conocen, y si no me conocen también. Somos criados de otra manera, somos hospitalarios, al igual que en Brasil si no te quedas a dormir en la casa de fulano, se ofende”.