El barrio Fátima crece en población pero la frecuencia de colectivos no mejora

Son 1.400 viviendas y sus habitantes insisten para que se agreguen más servicios que ingresen al barrio. No fueron recibidos por la prestataria ni escuchados por los concejales de Garupá. La última unidad ingresa a las 22.

26/04/2019 18:04

Imagen ilustrativa

Los vecinos del barrio Fátima de Garupá insisten con su “eterno” reclamo para que se agreguen más frecuencias de colectivos, un pedido que pareciera no tener solución por el desinterés que demuestra el monopolio que tiene a su cargo el servicio y mantiene una mínima frecuencia para 1.400 viviendas desde hace más de una década.

Oscar Martínez, uno de los voceros de ese amplio barrio, indicó a PRIMERA EDICIÓN que “el problema de los colectivos es algo que nunca se resolvió. Tenemos las notas que llevamos a Don Casimiro, donde directamente no nos quieren recibir, nos mandan a que nos atienda el policía de guardia nomás. Lo que solicitamos es que agreguen frecuencias que ingresen al barrio, porque los chicos quedan muy alejados de la escuela”.

PRUEBAS. Martínez exhibió las notas con sus reclamos presentados.

El vecino detalló que desde 2013 acentuaron el reclamo a través de distintos escritos en los cuales incluso se sumaron las directoras de las escuelas de la zona: la 521 y el BOP 86. “Es simple lo que pedimos, un mejor servicio, pero hacen caso omiso, ni se interesan por darnos una respuesta o al menos escucharnos, porque acá estamos todos en la misma situación: niños, mayores y abuelos carecemos de un servicio normal, ni siquiera pedimos que sea de lujo”, apuntó.

Martínez describió que tienen “una sola línea que ingresa para 1.400 viviendas y es por eso que el colectivo colapsa. La gente se queda sin poder subirse (al colectivo) en los horarios principales y tiene que caminar hasta la ruta, unas trece cuadras, para poder tomar otro. Esto es malísimo y ya reclamamos incluso ante los concejales de Garupá, pero nadie nos escucha. Si esta empresa no puede cumplir con el agregado de más unidades, que venga otra, pero no podemos seguir de esta manera”.

Martínez ofició de vocero, aunque estuvo acompañado por otros vecinos. Además exhibió las notas que fueron entregando a Don Casimiro y otros entes oficiales en los últimos años. Su razonamiento es lógico: no hace falta un profundo estudio para entender que “cuando llegamos al barrio éramos una cierta cantidad de personas y con los años se va multiplicando la cantidad de gente, los chicos crecen, tienen que ir a la escuela… entonces no se puede entender cómo no ponen más líneas de colectivos”.

“Hoy un vecino demora una hora desde que sale de su casa, camina, toma el colectivo y llega a la (estación de) transferencia de la UNaM. Ahí debe volver a tomar el colectivo que lo llevará a su trabajo o a la escuela. Somos rehenes de esta empresa que a la noche ingresa por última vez a nuestro barrio a las 22, algo increíble”, protestó.

¿Y las paradas?

Como si fuera poco el tema de la deficiente frecuencia de colectivos, los habitantes del barrio Fátima chocan a diario con otro problema: las paradas sobre la ruta nacional 12. “Como debemos salir a la ruta a tomar el colectivo, hace tres años que padecemos el tema de las paradas. Por las tareas inconclusas de la colectora, el chofer no quiere detenerse”, detalló José González, también vecino de Fátima.

“Desde la terminal de Crucero del Norte prácticamente no hay paradas hasta la Transferencia de la UNaM, con suerte para una vez. Les pedimos paradas en determinados lugares, porque si no la distancia es muy grande y causa problemas”, expresó.

Terrenos baldíos muy descuidados

Otro de los problemas que aqueja a los vecinos del barrio Fátima de Garupá es la falta de mantenimiento de los grandes terrenos baldíos existentes en la zona, debido a que se convierten en minibasurales y lugares propicios para esconder elementos mal habidos.

“Hay terrenos, algunos de familias tradicionales, que están muy descuidados y, como no tienen alambrado ni cerco, algunos llevan y tiran la basura allí, lo que genera un lugar peligroso desde el punto de vista sanitario, más con el tema del dengue, porque es un foco de infección”, explicó el vecino Rubén González.

PELIGRO. Crecen los predios privados sin mantenimiento adecuado.

“Resulta insólito ver en estos lugares a algunos animales, caballos o chanchos, que llevan a comer allí de los restos de la basura. Es muy peligroso para todos, pero nadie le pone un límite a todo esto”, lamentó.

González aseguró que hicieron el reclamo al Municipio “para que vengan y controlen, porque sino seguirá creciendo. Cada vez hay más animales y gente que tira su basura. Está mal lo que hacen los vecinos de llevar allí su basura, falta conciencia, pero también el terreno se presta porque es casi como un monte, con malezas muy altas, sin mantenimiento”.

Falta de luz e inseguridad

Entre los múltiples inconvenientes que padecen en el barrio Fátima, el deficiente sistema de alumbrado público es otro de los reclamos principales de sus habitantes, porque lo vinculan directamente con los casos de inseguridad.

“El alumbrado público es un problema que nos aqueja desde hace tiempo. Es algo que nos está complicando cada vez más el tema de la seguridad en el barrio, porque tenemos muchas zonas completamente a oscuras. Por un lado, nos piden que cuidemos la luz y por el otro, en sectores de la costanera cercanos a nuestro barrio, permanecen encendidas las luces durante el día”, se quejó Oscar Martínez.

De acuerdo al relevamiento de los propios vecinos, “somos 1.400 viviendas y carecemos por completo de alumbrado público en varios sectores y en otros funciona solamente en un 40%. Es decir, que estamos en una situación desesperante porque no es algo que ocurre desde hace unos días, sino desde hace varios años”.

Martínez recalcó que el hecho de que no haya luz en puntos claves “da lugar al vandalismo, a la inseguridad, la gente que trabaja se siente incómoda y con miedo cuando tiene que transitar por esas zonas oscuras y eso no puede ser así”.

Incluso relató que en las familias “se turnan para acompañar a los chicos cuando van a tomar el colectivo para ir a la escuela, por el peligro que representa mandarlos solos y sin posibilidad de ver a la distancia si hay alguien en actitud sospechosa”.