Día Mundial de la Felicidad: “La clave es compartir y crear vínculos profundos”

El coach ontológico Jorge Kordi reflexiona en torno a lo que tenemos, lo que nos dificulta y lo que necesitamos aprender para ser felices.

20/03/2019 12:10

Desde hace seis años, por impulso de la ONU, se conmemora cada 20 de marzo el Día Internacional de la Felicidad como “reconocimiento del importante papel que desempeña en la vida de las personas de todo el mundo”.

Aprovechando la efeméride, PRIMERA EDICIÓN entrevistó al coach ontológico Jorge Kordi, quien, entre sus múltiples facetas, protagoniza varios ciclos radiales, uno de los cuales bautizó precisamente “La máquina de ser feliz”.

Como marco teórico, Kordi basó su análisis en un estudio que se viene desarrollando desde hace 70 años en la Universidad de Harvard, con el seguimiento hasta hoy de 724 personas (en la actualidad quedan sólo 60, pero lo continúan sus hijos u otros parientes), que deja como una de sus principales conclusiones que la felicidad no tiene que ver con el poder o el dinero, sino con la capacidad de generar relaciones interpersonales de “apego seguro”, es decir, “cuando nuestro entorno nos sostiene si hacemos algo malo o que pueda lastimar; cuando sentimos la seguridad de que las personas de nuestro círculo nos van a perdonar si nos equivocamos y que esa relación va a perdurar en el tiempo”.

La otra conclusión es que “la soledad resulta tóxica: estar solo, no tener amigos, no tener relaciones, es uno de los venenos contra la felicidad. Y ése es uno de las principales males de la época: la imposibilidad de conectar con el otro, a pesar de que estemos rodeados de personas. Estamos muy metidos adentro nuestro, no miramos al otro porque estamos muy preocupados mirando el celular o porque la coyuntura económica se complica y estamos enojados o tenemos poco tiempo”.

Por lo general, no tenemos la habilidad (o la vamos perdiendo) de construir relaciones fuertes, sinceras. Y esto lo escuchás cada vez más en la calle: que los amigos se van cuando te empieza a ir mal, eso hace mella en nuestra capacidad de ser felices”.

Entonces, nuestra felicidad no sólo depende de nosotros, también de nuestro entorno o -al menos- de la percepción que tenemos de él…

En general seguimos pensando que tenemos un afuera y un adentro, pero yo creo que no es así: los humanos somos seres sociales y el afuera y el adentro están entrelazados, necesitamos del otro para poder ser, no existe el ser humano aislado. Entonces, todos dependen de los demás y los demás dependen de nosotros.

¿Esas conclusiones son extrapolables a todas las culturas o varían según cada sociedad?

Es algo universal, es más, las culturas más primitivas son las que lo tienen más claro, incluso algunas viven en comunidades donde su vínculo es inseparable porque no tienen un sentido de propiedad, no existe el mío o el tuyo.

El desarrollo de las diferentes culturas puede hacer que lo veamos diferente, pero a medida que nos separamos entre personas, que no somos fieles a nuestra biología, aparecen más problemas: enfermedades físicas y mentales, infelicidad, estrés…

Hay un tema puntual ahí: el impulso de comprar o de tener más ha aumentado drásticamente en los últimos 50 años, mientras que el índice de felicidad se mantiene igual o va bajando; entonces, el paradigma de “cuando yo tenga esto o lo otro, voy a ser feliz” es una gran trampa que nos está jugando una mala pasada.

Hay muchas personas solas, que no pueden confiar en nadie, que sienten que la gente es mala. Estamos teniendo una crisis que no estamos pudiendo resolverla. Estamos tapando nuestra infelicidad con cosas y no es la solución; al contrario, el problema se agranda”.

Más allá de la soledad y el materialismo, ¿qué otros factores ve como amenazas para la felicidad?

Entender el amor como un vínculo comercial: estamos muy metidos en qué gano o qué pierdo yo al estar al lado de la otra persona y eso impide que podamos tener relaciones basadas en la entrega, en conocerse, escuchar, dedicar tiempo a la persona que amamos, al placer de estar juntos. Es un problema cada vez más profundo en nuestra sociedad.

¿Una sociedad feliz hace felices a las personas o una sumatoria de personas felices construyen una sociedad feliz?

Alguien dijo hace tiempo que nadie se realiza en un mundo o una sociedad que no se realiza, y creo que ahí hay una buena cuota de verdad: la felicidad no depende sólo de mi grupo familiar, hay que entender que vivimos en una red y que lo que le pase a los demás afecta a mi calidad de vida o a mi felicidad. La sociedad tiene el desafío de vincularnos entre nosotros, con el planeta y con la naturaleza, entender que todos estamos conectados, tomar conciencia de que estamos consumiendo de forma poco amigable, contaminando, explotando… O afrontamos ese desafío a corto plazo o vamos a tener crisis muy graves.

Necesitamos al otro. Se me viene a la cabeza la película ‘Náufrago’, donde Tom Hanks cuando está en la isla necesita un Wilson y empieza a tener esa relación con una pelota a la que le habla y que lo acompaña hasta el final”.

¿Y qué opina del viejo dicho de que cuanto menos piensa, más feliz es uno?

Los estudios no dicen que cuando vos pensás mucho no vas a ser feliz, pero el tema está en que podemos leer mucho, profundizar sobre las cosas, pero no tener capacidad de armar a nuestro alrededor eso que se llama “apego seguro”; y se puede no haber tenido acceso a la educación, no tener conocimientos pero sí esos valores personales para encontrar la felicidad en el abrazo, por lo menos con tu círculo íntimo.

Debemos aprender a vivir de forma consciente, la felicidad también tiene que ver con eso”.

El “secreto” de la felicidad

“La felicidad tiene que ver con compartir; el secreto está en adquirir la habilidad de construir relaciones interpersonales fuertes, sinceras. Vivimos en una sociedad en la que esta es una propuesta blanda y a muchos les cuesta entender por qué es tan importante. Participamos en muchos grupos de Whatsapp, Facebook y nos vinculamos mucho a través de eso, pero no es una relación real. Luego, en la vida real queremos tener relaciones como en las redes sociales: superfluas, donde no profundizamos ni nos tomarnos el tiempo de conocernos, ejercitar la escucha, el perdón… Eso conspira contra nuestra biología y nuestra felicidad. Con los emoticones no alcanza. Hay que encontrar la felicidad en el abrazo”.