Robo motochorro frustrado por un taxista

Mariana es la madre de los mellizos Lautaro y Elías (11), quienes fueron perseguidos por dos delincuentes que buscaban robarles el celular en Santa Catalina casi Urquiza. Un desconocido trabajador del volante se interpuso y logró poner en fuga a los maleantes. “Le queremos dar las gracias”, dijeron.

15/12/2018 18:17


Los vio, actuó y se fue del lugar sin que nadie supiera quién es. En las películas son comunes esos héroes anónimos que aparecen de la nada, ayudan a alguna víctima y después desaparecen en la noche. Pero también en la dura realidad suelen surgir cada tanto aquellos que cometen actos de arrojo para ayudar al prójimo, sin medir las consecuencias. El caso fue protagonizado por un taxista posadeño que, en el tórrido mediodía del jueves, evitó que dos menores fueran asaltados por “motochorros” en avenida Santa Catalina casi Urquiza.

En un posteo en Facebook que fue compartido más de 280 veces, Mariana, la madre de los mellizos atacados, agradeció al “ángel de la guarda” que, sin dudar, defendió a sus hijos del asalto. PRIMERA EDICIÓN habló con ellos, para conocer más de cerca la historia y por qué no, ser el medio para reconocer la valentía de ese trabajador del volante aún desconocido.

Lautaro y Elías (11), son alumnos del Colegio Santa Catalina. Hace unas semanas, con uno de los mejores promedios, terminaron de cursar el sexto grado y comenzaron a disfrutar de sus vacaciones. Anteayer, cerca de las 12.30, salieron de su casa para ir a lo de su abuela, quien vive a pocas cuadras. Iban a pasar un rato con ella. Es que sólo hace unos días falleció el abuelo.

Salieron con su bicicleta tipo cross, de esas que tienen apoyapies. Frente al colegio vieron a dos sujetos que estaban arriba de una moto. Pasaron cerca de ellos y probablemente fue ese el momento cuando fueron “marcados” como potenciales víctimas. Eran sólo dos chicos en bici, no podían robarles nada de mucho valor, pero si los teléfonos celulares.

Los chicos doblaron en la esquina, saludaron al kioskero y se dirigieron hacia avenida Urquiza, haciendo alguna que otra pirueta. En una mala maniobra, el que iba en el posapies, tuvo un leve golpe, por lo que se bajó de la bicicleta. Los malandras, que los seguían, llegaron y se pusieron al lado. Uno se bajó y se acercó a Elías diciéndole “dame el celular, dame el celular”. El chico, asustado, atinó a correr hacia lo de su abuela, mientras el delincuente arrancó para perseguirlo. A todo eso Lautaro se quedó tieso al lado de la bici y en ese momento vio como un taxi, de color amarillo y blanco, llegó de sorpresa desde atrás y chocó a la motocicleta.

El chofer había visto toda la acción y decidió actuar ante el evidente accionar de los “motochorros”. El toque a la moto hizo perder el equilibrio a quien la conducía, que cayó al suelo. Mientras Elías corría desesperadamente, el ladrón volvió sobre sus pasos y ayudó a su cómplice a levantarse para arrancar y salir. La escena era de una persecución. Un chico corriendo por la vereda, una moto lanzada a la carrera y el taxi intentando alcanzarlo por detrás. Cuando la moto llegó a Urquiza, el remisero alcanzó a rozarlo y esta vez los dos malandras cayeron al suelo. Ruido, corridas, gente tirada en el asfalto y Elías que volvió a correr hacia donde estaba su hermano. Todo duró nada más que unos segundos.

Los delincuentes volvieron a levantar la motocicleta, escaparon y el remisero se perdió de vista. Una mujer se acercó a los chicos y les preguntó si estaban bien. Ellos, entre lágrimas, le dijeron que les quisieron robar. La vecina los acompañó a la casa.

Mamá Mariana calmó a los mellizos. Después de contarle lo sucedido, Elías le confesó: “Pensé que me iban a disparar, no sabía donde meterme”, por eso se había echado a correr. “Tuvimos miedo, sólo queríamos llegar a casa”, le dijeron los dos al unísono. Más allá de ello, no recuerdan haber visto que el ladrón tuviera un arma, solo que quien se acercó no tenía casco, usaba el pelo corto y era una persona de unos 30 años, de la misma edad que sus padres.

BLANCO. Los hermanos salieron en bicicleta hacia la casa de su abuela y en el camino fueron interceptados por los delincuentes.

Si no hubiese aparecido el remisero le hubieran robado la bicicleta y le hubieran pegado por correr”, indicó Mariana, quien se lamentó: “Ahora ya no los voy a poder dejar que salgan solos a la calle. Hace un año habían empezado a ir a la casa de su abuela, que queda muy cerca, pero ahora ésto cambia todo”.

Pasado el susto, Mariana señaló: “Lo hemos hablado con mi marido, nos gustaría saber quién es, queremos agradecer al taxista, no tenemos dinero pero por lo menos una canasta navideña podríamos obsequiarle, porque se jugó por nuestros hijos. Los delincuentes podían haber estado armados y él podía haber puesto en juego su vida. Lo admiro, porque otro hubiera mirado para otro lado”, subrayó.

Por su parte Lautaro y Elías también agradecieron al héroe sin nombre. “Le queremos dar las gracias por habernos ayudado, porque arriesgó su vida y rompió su auto sin dudar en actuar”, finalizaron los adolescentes.