Lamentables privilegios para los corruptos

Hasta ahora, la única que parece comprender cuál es la real necesidad de la Argentina es la diputada nacional Elisa “Lilita” Carrió, que pugna porque se haga justicia y, así, castigar a los corruptos.

08/10/2018 15:25

Sin embargo ni siguiera ella, todavía, creo que ha puesto sobre la mesa un tema muy grave y sensible como es el engaño y la traición al pueblo de la Nación, que viene de la mano de los actos de corrupción, que se dan cuando en un Gobierno se instala una verdadera asociación ilícita de Estado, con un esquema sistémico dedicado a recaudar dinero y hacer negocios particulares.

Por estos días, a raíz de las desafortunadas declaraciones del todavía ministro de Justicia de la Nación, Germán Garavano (quien dijo que no era bueno para el país que un expresidente vaya preso), la Dra. Carrió le salió fuertemente al cruce. Incluso, advirtiéndole al funcionario que iba a pedir su juicio político.

Y creo realmente que tiene mucha razón, pues si el ministro de Justicia tiene ese pensamiento -y, al hacerlo público, parecería que intenta influenciar a los jueces y otros funcionarios-, debería inmediatamente ser apartado, juzgado y eventualmente condenado a prisión por encubrimiento.

También se dice que, una vez que las pruebas sean irrefutables y luego de incontables vericuetos legales que pueden llevar años, y recién cuando la sentencia quede firme, el acusado podría ir tras las rejas.

Así es que el expresidente y actual senador nacional Carlos Menem quedó sobreseído en la causa en la que se lo acusó por el tráfico de armas durante su Gobierno. No se lo sobreseyó porque faltaran pruebas, sino por la prescripción.

La Justicia lenta, aunque llegue (que no es el caso), tampoco es Justicia. Principalmente por el dolor y la angustia que causa en los damnificados todo el sinuoso y laberíntico trámite.

Lamentablemente, ante nuestra Justicia, son varios los casos en los que los acusados por presunta corrupción disfrutan privilegios que el resto de la sociedad no tiene al momento de enfrentar un proceso penal. Hablo de los fueros que consiguen cuando se convierten en legisladores tras su paso por una Presidencia.

En cuanto a los fueros, la idea es que los legisladores puedan expresar sus ideas sin que, mediante acciones judiciales, intenten ponerles una mordaza.

Pero nunca debieron entenderse los fueros como un escudo para proteger a delincuentes y menos aun cuando se trata de hechos de corrupción en el ejercicio de la función pública.

El engaño y la traición a la credibilidad de la gente es muy grave, porque son los causantes del descrédito en el sistema democrático y una de sus consecuencias es la imposibilidad de implementar medidas correctivas cuando aparecen las crisis, con lo cual las mismas se agravan indefinidamente.

¿Cuántas veces nos han mentido en estos últimos treinta años? ¿Cuántas promesas incumplidas, cuántas cosas que se decían hacer cuando, en realidad, se hacía todo lo contrario? En un país algo más normal les hubiera significado la prisión a perpetuidad.

Miremos un instante lo sucedido en el vecino Brasil. Un expresidente, abanderado del populismo en ese país, que terminó preso por la investigación judicial que empezó por la adquisición de un lujoso tríplex, con un magistrado que no tuvo en cuenta su condición institucional. Y tampoco se le permitió ser candidato en las últimas elecciones.

En nuestro país, además de no ir presos, también pueden ser candidatos y ser electos una y otra vez para mantener sus fueros.
Así, resulta que ningún plan económico funcionará en la Argentina. ¿Cómo va a funcionar si el pueblo está cansado de que le mientan? Está harto de que le digan qué hay que hacer cuando, en realidad, las medidas que se anuncian son para perjudicarlo.

Todos los engaños que durante tantos años hemos escuchado provocan que, al momento en que un ministro o el mismo Presidente dicen “vamos al Norte porque así nos va a ir bien”, la gente inmediatamente corre desesperada hacia el Sur.

Pero ¿quién tiene la culpa, el que sabe que siempre le han mentido? Y ahora que la gente reclama justicia y castigo a los que transgredieron las leyes, que engañaron y traicionaron al pueblo, el Gobierno juega a la polarización del electorado y a ganar las elecciones. Politiquería barata mientras la situación de millones de conciudadanos es cada día más grave.

Los políticos ciertamente no están a la altura de las necesidades de este país que se encamina al desfiladero una vez más. Ellos están salvados, sean oficialistas u opositores. Todos se cubren las espaldas mientras el pueblo se muere de hambre.

Los políticos que, a través de mentiras y engaños, acceden al poder para luego servirse de esa posición y acrecentar su patrimonio deben ser los primeros en ir presos ni bien se dicte su procesamiento y castigados por traición a la Patria y no sólo como ladrones. Sólo así será posible erradicar la corrupción que es el cáncer que nos está matando.

“De tanto ver triunfar las nulidades, de tanto ver prosperar la deshonra, de tanto ver crecer la injusticia, de tanto agigantarse los poderes en manos de los malos, el hombre llega a desanimarse de la virtud, a reírse de la honra, a tener vergüenza de ser honesto”. Ruy Barbosa de Oliveira, jurista y político brasileño, en su discurso en La Haya en 1907.

Por: Francisco José Wipplinger
Presidente de PRIMERA EDICIÓN