OBERÁ (Enviado especial). Marcelino Maciel, el tío de Silvia Andrea González, declaró ayer que un vecino de Campo Viera le contó que ayudó a Marciano Benítez, cuando la joven se encontraba desaparecida, a cargar un bulto pesado en el coche del hombre al que el acusado cuidaba en aquel entonces. Fue la primera declaración en la última jornada de la semana, en el salón auditorio de la Unidad Regional II de Oberá. Maciel recordó que, en su momento, junto a su cuñado viajaron a Posadas para reconocer el cadáver de su sobrina y realizar los trámites pertinentes para trasladarla nuevamente a Campo Viera para su inhumación.Luego su testimonio apuntó a la intensa búsqueda que llevaron a cabo él y su familia cuando desapareció Silvia Andrea. “Nosotros queríamos encontrarla y buscábamos día y noche, con machete y linterna en medio del monte”, recordó.Destacó que la Policía colaboró en todo momento con la búsqueda, incluso recordó a Silvero, quien era jefe de la Policía local en ese momento.Pero aclaró que los familiares dirigían la búsqueda y que los policías acompañaron por casi una semana. La búsqueda se orientó hacia el recorrido que Silvia Andrea hacía todos los días, desde su casa a al colegio.Pero el momento más destacado fue cuando comentó que tenía un conocido de apellido Muñoz, al que en el pueblo conocían como “Boca Negra”, quien desconocía que él fuera tío de Silvia Andrea.Quizás, por esa razón, le comentó que, una vez, con “Marciano (Benítez) fuimos a tirar algo”. Fue en ese momento que Maciel le dijo a “Boca Negra” que vaya a declarar, porque bien podría tratarse de Silvia. “Andá a declarar porque ella es mi sobrina”, le habría dicho, a lo que “Boca Negra”, agarrándose de la cabeza, le contestó: “Ay, metí la pata”, y siguió dando detalles de lo que había hecho con Marciano. Siempre al decir de la versión de Maciel, “Boca Negra” le habría manifestado que cargaron un bulto en el coche de Luciano Pérez (el anciano que estaba al cuidado de Benítez y que en cuya casa se sospecha ocurrió el horroroso crimen). Desde el momento en que “Boca Negra” le manifestó ese hecho, Maciel nunca más volvió hablar con él.Conflicto familiarEn otro segmento de su declaración, Maciel explicó los motivos de por qué supuestamente no se hablaba con su hermana, la mamá de Silvia Andrea: “Hablamos de vez en cuando, simplemente porque yo vivo en el pueblo y ella vive en la colonia. Además, ellos se sentían embarullados con todo lo que se comentaba en el pueblo sobre el crimen”, consignó.También quiso aclarar sobre las sospechas que se tejieron en el pueblo sobre su supuesta participación en el homicidio. Aseguró que nadie lo incriminó, que eran mentiras las acusaciones en su contra: “Ellos -por la sociedad- buscan un culpable, vamos a culparle a fulano”, aseguró. Sin embargo, destacó que nunca estuvo detenido ni fue sancionado o presionado en la Municipalidad de Campo Viera.En el mismo sentidoOtra testigo, Liliana Mabel Carvallo, complicó la situación de Marciano cuando contó que una noche ella se sentía mal y salió afuera de la casa a sentarse junto a su marido, porque le faltaba el aire.En eso escuchó bromas y risas subidas de tono que venían de una vivienda, propiedad de un tal Da Luz, distante a dos casas de la suya. En ese momento vio a Marciano Benítez con una linterna, alumbrando un Renault celeste y llevando algo a su interior. Entonces escuchó una frase muy particular que llamó poderosamente su atención: “Y si se entera la Policía, le decimos que matamos una vaca y listo”.El debate oral y público continuará el martes próximo, a partir de las 8.30, en el mismo escenario, la Unidad Regional II. “Acá figura como presente” A solicitud de la defensa de Ríos, se presentó Dionicio Saracho, quien se desempaña como preceptor en el colegio donde asistió “Willy” Ríos en el 2003. Explicó que el acusado era un chico que iba a menudo a clase, buen alumno, que llegaba tarde algunas veces pero que tenía una asistencia normal. Además, dejó en claro que ningún alumno se pone presente solo.Saracho explicó el modo en que se toma lista: “Se pone una P cuando está presente, un punto al que estaba ausente, por si llega tarde”. El libro de asistencias, al contrario que el de novedades, que está en el curso a disposición de los docentes, siempre queda en preceptoría a cuidado del preceptor y cuando un alumno llega tarde tiene que dirigirse a hablar con él, para que le ponga la asistencia correspondiente. Expectativa extremaEl preceptor no recordaba si Ríos seguía asistiendo los días en que desapareció Silvia Andrea. Por eso, el momento más expectante fue cuando se buscó la foja de la planilla que supuestamente fue utilizada la noche en que se vinculó a Ríos con la desaparición de Silvina Andrea.El testigo pidió el acta original y no una copia de la misma (se mencionó que el acta original está resguardada en una caja fuerte, por ser una prueba importante). El presidente del tribunal, José Pablo Rivero, recordó que cada prueba en el expediente es una copia certificada por el Poder Judicial y tiene la misma validez que el acta original. Saracho miró detenidamente la lista y dijo: “Estuvo presente”, según la planilla, en referencia a Ríos. Además hizo notar que estaba limpia la constancia de su asistencia, de lo que se deduce que ni siquiera llegó tarde esa noche. El abogado Claudio Quevedo preguntó si las puertas del colegio quedan bajo llave una vez que entran los alumnos, a lo que el preceptor dijo que “nunca se pone llave”. Penas y olvidosComo hubo muchos testigos que no recordaban puntualmente las declaraciones que hicieron durante la instrucción, se recurrió a la lectura de sus declaraciones para refrescarles la memoria. Eso pasó con Olga Marilín Sosa, quien vivió un tiempo con Carolina Morel quien le habría contado algunas circunstancias del caso, pero dijo no recordar nada, ni siquiera una palabra de lo que había declarado en su oportunidad. La fiscalía pidió la lectura d
e su testimonio, pero todas las partes de la defensa, tanto el abogado Rodolfo Riotorto como su colega Llamosas, expresaron que no valía la pena volver a leer el testimonio de una mujer que no recuerda nada y que no es lo mismo una testigo directo que otro que toca de oído. El juez Rivero hizo lugar a la solicitud de la fiscalía al considerar que el rechazo desnaturalizaría el proceso oral.Por el recinto también pasaron Olga Sosa, Natal Pimentel (56) y Marcos Muñoz (18), quien no recordaba nada de lo que dijo y es entendible, porque en el momento en que declaró, junto a su progenitora, contaba con sólo cinco años.Llamosas pidió que no se exponga la declaración de Muñoz, pero el Tribunal rechazó el planteo y fue incorporada por lectura. Lo que vieneSe ultiman los detalles para el inicio de otra jornada de testimoniales, que comenzará el martes próximo.Llamosas solicitó que se desista de la presencia de Valeria Cantero, pero que se incorpore su testimonio por lectura. Lo mismo sucede con Norma Beatriz Bandeira. Mientras tanto, se desiste de la testimonial de Ramona Mareco, quien testificó en sede policial y por consiguiente se desiste de su presencia y no se incorpora su testimonio por lectura.





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