El Cucú de Carlos Paz es uno de los íconos identitarios de la ciudad. Antes de que existiera la villa turística que conocemos hoy, a alguien se le ocurrió construir un reloj gigante en este rincón de las sierras cordobesas. Si estás pensando en comprar pasajes a Carlos Paz, quedate que acá te contamos la historia de esta curiosa obra.
La idea se le ocurrió a Carlos Gasser en 1957, que le llevó la propuesta al ingeniero alemán Carl Hans Plock. El plan era construir un reloj cucú tan grande que pudiera presentarse como el más grande del mundo.
En 1952 Plock fundó junto a Ulrich Schnaak la fábrica IRCA, dedicada justamente a producir relojes cucú en la ciudad. Así, los primeros bosquejos nacieron el 30 de agosto de 1957 y el reloj se inauguró el 25 de mayo de 1958.
La obra es artesanal, pero gigante. Mide siete metros y medio de altura. Sus engranajes tienen entre 60 y 70 centímetros, el cuadrante, 1,35 metros y el péndulo, 2,80. El pájaro original (antes de que se lo roben) estaba tallado por el propio Plock y medía cerca de un metro. Para las campanadas se usó un martillo que golpeaba un pedazo de riel. La estructura mezclaba hormigón, ladrillos, piedra laja, tejas y madera de raulí. Para la inauguración armaron una fiesta popular, con discursos, fuegos artificiales y una botella de champagne que la esposa de Plock rompió contra la base.
Ahora la pregunta es, ¿por qué la idea se aceptó tan rápido? Primero, por el argumento. Carlos Paz podía anunciar que tenía “el reloj cucú más grande del mundo”, y en 1958, eso era un gran imán periodístico. Las pruebas están a la mano, la repercusión fue nacional e incluso internacional. La revista Life de Nueva York le dedicó una página, y así la imagen del reloj empezó a circular mucho más allá de Córdoba.
Después estuvo el timing (sí, justo). El Cucú se inauguró durante la época de crecimiento del turismo en auto. Por eso, la villa sumaba atracciones pensadas para el visitante. La Aerosilla se había inaugurado en 1955 y tres años después el reloj cerró un paisaje serrano súper atractivo para fotografiar y promocionar.
Al final, la comunidad lo adoptó como propio, sellando así la importancia local del reloj. Un episodio histórico que lo demuestra fue cuando aparecieron proyectos para trasladarlo por el crecimiento del tránsito y los vecinos salieron a protestar.
Con el tiempo, también se dieron algunos episodios curiosos y no tan felices para el Cucú. La obra sufrió un intento de incendio, disparos y dos robos del pájaro. El 2 de octubre de 1996 fue la primera vez que lo robaron y el episodio tuvo repercusión nacional. La segunda vez, en 2012, se frustró y encontraron el pájaro golpeado a unos 300 metros del monumento.
Un error común que circula es que el reloj fue obra de “un grupo de ingenieros alemanes” o directamente a Jurgen Naumann. Pero el propio Plock, en un relato del Archivo Histórico, explicó que él proyectó el reloj, fabricó la maquinaria y talló el pájaro, con apoyo técnico de Karl Wedemeyer.
Hoy, el Cucú es parte de la identidad de Carlos Paz y parada obligatoria para cualquiera que lo visite. Todos hablan de la postal del reloj, pero la que ven los carlospacenses es la de grupos de personas esperando la hora en punto bajo ese reloj que alguna vez fue el más grande del mundo.






Discussion about this post