La debilidad del mercado interno se consolida como el principal condicionante de la actividad industrial argentina y comienza a reflejarse en las expectativas de producción y empleo para el cierre de 2026. Casi la mitad de las empresas manufactureras reconoce que recibe menos pedidos de los habituales, mientras que las proyecciones para los próximos tres meses muestran una mayor proporción de establecimientos que anticipan recortes antes que incrementos en sus niveles de actividad.
El panorama surge de la Encuesta de Tendencia de Negocios de la Industria Manufacturera, publicada este martes por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), que reúne las evaluaciones empresariales correspondientes a septiembre y las previsiones para el trimestre octubre-diciembre.
Uno de los resultados más significativos es que el 48,4% de las industrias considera que su cartera de pedidos se encuentra por debajo del volumen normal, mientras que el 48,6% la califica como habitual y apenas el 3% registra una demanda superior a la esperada.
Esta diferencia entre las respuestas favorables y desfavorables dejó un balance negativo de 45,5 puntos porcentuales, que evidencia el predominio de las dificultades comerciales en la evaluación que realizan las fábricas sobre su situación actual.
El problema se profundiza al identificar los factores que impiden ampliar la actividad. El 54% de los empresarios señala a la insuficiencia de demanda interna como el principal obstáculo para aumentar la producción, una proporción que supera ampliamente a cualquier otra dificultad mencionada en el relevamiento.
Tres meses atrás, ese factor concentraba el 52,1% de las respuestas, por lo que su incidencia aumentó 1,9 puntos porcentuales. El resultado muestra que las dificultades para colocar productos en el mercado nacional ganaron importancia relativa entre las limitaciones que enfrentan los establecimientos manufactureros.
Más fábricas prevén reducir la producción que aumentarla
La escasez de pedidos también condiciona las decisiones que las empresas proyectan para el tramo final del año. Según el INDEC, el 19,3% de las industrias espera disminuir su volumen de producción entre octubre y diciembre, mientras que el 13,2% anticipa un incremento. La mayoría, equivalente al 67,5%, considera que mantendrá los niveles actuales.
La diferencia entre las expectativas de expansión y contracción arroja un balance de -6,1 puntos porcentuales. Aunque no implica una caída efectiva de la producción de esa magnitud, refleja que las previsiones negativas predominan entre las empresas que esperan modificar su actividad.
A esa perspectiva se suma el comportamiento previsto para los nuevos pedidos del mercado interno. El 24,3% de los establecimientos anticipa una disminución de las órdenes de compra, casi el doble del 12,7% que espera un aumento, mientras que el 63% proyecta estabilidad.
La combinación de ambas respuestas permite observar un escenario en el que la mayor parte de las empresas no prevé cambios sustanciales, pero aquellas que esperan movimientos muestran una inclinación desfavorable.
El ajuste podría alcanzar al empleo y las horas trabajadas
Las expectativas sobre la actividad productiva también tienen su correlato en las decisiones relacionadas con el personal. El 13,9% de las industrias prevé reducir su cantidad de empleados durante el último trimestre de 2026, frente al 4,9% que proyecta incorporar trabajadores. En tanto, el 81,3% anticipa mantener sin modificaciones sus plantillas.
Esto significa que, entre las empresas que esperan cambios en su dotación, las que contemplan recortes casi triplican a las que proyectan nuevas contrataciones.
El balance de expectativas de empleo se ubica así en -9 puntos porcentuales, aunque el indicador no permite establecer cuántos puestos podrían perderse, dado que refleja respuestas empresariales y no cantidades de trabajadores.
Además de las posibles modificaciones en las plantillas, el 17,1% de los establecimientos espera reducir la cantidad de horas trabajadas por el personal afectado al proceso productivo, mientras que apenas el 6,6% anticipa incrementarlas. Para el 76,3% restante, la jornada laboral se mantendría sin cambios.
La reducción de horas aparece, de este modo, como otra de las alternativas que contemplan las empresas ante perspectivas de menor actividad, sin que ello implique necesariamente una disminución inmediata de sus dotaciones.
La competencia importada queda detrás de la debilidad del consumo
Aunque el debate sobre las importaciones ocupa un lugar importante en la agenda industrial, la encuesta oficial muestra que los empresarios identifican otros factores como obstáculos de mayor incidencia.
La competencia de productos importados fue señalada como principal limitación por el 9,9% de las industrias, una proporción considerablemente inferior al 54% que mencionó la insuficiencia de demanda interna.
En tercer lugar aparece la incertidumbre económica, con el 6,7% de las respuestas, seguida por los problemas financieros y la escasez de materias primas, insumos o componentes, ambos con el 4,2%.
La insuficiencia de demanda externa representa el 3,5%, mientras que las dificultades relacionadas con mano de obra, equipamiento, energía o falta de claridad normativa reúnen porcentajes más reducidos.
Estos resultados no significan que las importaciones o los costos productivos carezcan de impacto sobre determinados sectores, sino que la insuficiencia de compradores en el mercado nacional es el problema identificado con mayor frecuencia como principal restricción para producir más.
Exportaciones por debajo de lo habitual y restricciones financieras
El escenario también presenta dificultades en el frente externo. En septiembre, el 35,7% de las empresas consideró que su volumen de exportaciones estaba por debajo de lo normal, frente al 4,9% que informó niveles superiores a los habituales.
Sin embargo, las expectativas para los próximos tres meses muestran un panorama algo más equilibrado: el 17,9% prevé aumentar sus ventas al exterior, el 16,1% espera reducirlas y el 66,1% no anticipa modificaciones.
La diferencia con el mercado interno es significativa, ya que las proyecciones exportadoras mantienen un leve balance positivo, mientras que las correspondientes a los pedidos nacionales permanecen en terreno negativo.
En materia financiera, el 25,5% de las industrias calificó como mala la situación de su empresa, el 63,5% la consideró normal y el 11% la evaluó favorablemente.
Las condiciones de acceso al crédito representan otra dificultad. El 30,1% de los establecimientos señaló que obtener financiamiento resulta complicado, frente al 6,3% que lo considera fácil. Para el 63,6%, las condiciones son normales.
A ello se suma que el 21,2% de las fábricas informó existencias de productos terminados por encima del nivel adecuado, mientras que el 16% registró inventarios inferiores a lo habitual. La mayoría, el 62,7%, consideró que sus stocks se encontraban en niveles apropiados.
La confianza industrial continúa en terreno negativo
El conjunto de estos indicadores se refleja en el Índice de Confianza Empresarial (ICE) de la industria manufacturera, que se ubicó en -18,9% durante septiembre. El resultado representó una mejora frente al -20,2% de agosto, aunque se mantuvo en valores negativos y lejos de mostrar un cambio de tendencia consolidado.
El índice combina las expectativas futuras de producción, la evaluación actual de la cartera de pedidos y la situación de los inventarios de productos terminados.
La percepción general sobre el presente también continúa siendo desfavorable: el 29,1% de las empresas considera mala su situación actual, frente al 6,6% que la califica como buena. Otro 64,3% la evalúa como normal. Para el cierre del año, el 73,9% espera que su situación empresarial permanezca igual, el 15% anticipa un deterioro y el 11,2% confía en una mejora.
En cuanto a los precios de venta, el 60,1% de las industrias prevé mantenerlos sin cambios durante el último trimestre, mientras que el 32,2% proyecta aumentos y el 7,7% espera disminuciones.
El relevamiento describe así un sector industrial condicionado por la debilidad de la demanda, con escasas expectativas de expansión productiva y un panorama laboral en el que predominan los planes de estabilidad, aunque los posibles recortes superan a las nuevas incorporaciones.
La evolución de los pedidos en el mercado interno será uno de los factores centrales para determinar si esas expectativas se traducen en decisiones concretas durante los últimos meses de 2026.
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