
Las recientes declaraciones de Valentín Yankelevich, hijo de la fallecida actriz Romina Yan, sobre los episodios de violencia que aseguró haber sufrido durante su infancia generaron una fuerte repercusión pública. Su testimonio volvió a poner en discusión las consecuencias del maltrato infantil, la importancia de contar con adultos que puedan intervenir y las secuelas emocionales que estas experiencias pueden dejar a lo largo de la vida.
En diálogo con FM 89.3 Santa María de las Misiones, la psicóloga Nahir Brítez analizó el caso y remarcó la necesidad de escuchar a los niños y adolescentes cuando manifiestan situaciones de sufrimiento dentro de su entorno familiar. La entrevista se realizó este martes 13 de octubre, en coincidencia con el Día del Psicólogo.
Valentín, de 23 años y piloto de Turismo Carretera, relató recientemente a Infobae que, tras la muerte de su madre en septiembre de 2010, atravesó episodios de violencia física y psicológica que atribuyó a su padre, Darío Giordano.
De acuerdo con su testimonio, a los 12 años se fue a vivir con su abuelo Gustavo Yankelevich, quien denunció la situación y obtuvo la custodia de Valentín y de su hermano mayor, Franco. Su hermana menor, Azul, permaneció con su padre.
“Era un infierno vivir en esa casa”, expresó el joven durante la entrevista en la que decidió hacer públicas las experiencias que marcaron su niñez.
La importancia de hablar sobre lo vivido
Para Brítez, la decisión de compartir públicamente una experiencia traumática puede representar un paso importante en el proceso de elaboración de lo ocurrido, aunque las consecuencias emocionales no desaparezcan necesariamente con el paso de los años.
“En un punto, el poder hacer pública esta cuestión, por un lado, le permite sanar a él o empezar su camino, su proceso de sanación, en el sentido de poder ir elaborando lo que le pasó, procesando, dándole un lugar distinto y mirarlo ya hoy como adulto”, explicó.
La profesional señaló que estas vivencias pueden dejar huellas profundas y que ponerlas en palabras permite comenzar a comprenderlas desde otra perspectiva.
También destacó que Yankelevich manifestó su intención de ayudar a otras personas que atraviesan situaciones similares, especialmente a menores que no encuentran un espacio seguro para contar lo que les sucede.
En ese sentido, recordó que el joven decidió compartir su historia “para poder ayudar a otros”, con un mensaje dirigido tanto a los adultos como a los propios niños: que los primeros aprendan a escuchar y que los segundos puedan hablar cuando sufren algún tipo de maltrato.
La psicóloga consideró que uno de los principales obstáculos para detectar estos casos es la desvalorización de la palabra de los menores dentro del ámbito familiar.
“Es sumamente importante dar lugar a los niños y adolescentes; hablo inclusive de menores de 18 años”, sostuvo.
Según explicó, muchas veces los relatos quedan relegados porque los adultos otorgan mayor importancia a la palabra de otras personas mayores, sin prestar suficiente atención a lo que intenta comunicar un niño que está sufriendo.

Las señales que pueden advertir sobre situaciones de violencia
Consultada sobre cómo identificar posibles episodios de maltrato cuando no existen lesiones físicas visibles, Brítez señaló que las manifestaciones emocionales y los cambios de comportamiento pueden constituir señales importantes.
Explicó que, en numerosas ocasiones, los menores encuentran dificultades para expresar verbalmente lo que atraviesan, especialmente cuando existen sentimientos de miedo o culpa.
“Lo ideal y lo más esperable sería que ese niño lo pueda decir, que pueda encontrar, así como encontró Valentín en sus abuelos, un lugar seguro para poder decirlo, pedir ayuda, poder decir que no quiere volver a ese lugar”, indicó.
Sin embargo, advirtió que no siempre es posible comunicar directamente una situación de violencia. Por eso, recomendó prestar atención a las conductas cotidianas y a las modificaciones que puedan aparecer en la relación con otras personas.
“Hay que estar atentos a las conductas de los niños; con sus conductas hablan”, afirmó.
Entre las manifestaciones mencionó el retraimiento, el aislamiento y la presencia de sentimientos relacionados con el temor o la culpa, que pueden aparecer cuando un menor atraviesa experiencias de maltrato.
La especialista explicó que estas situaciones generan un estado de vulnerabilidad y desamparo, cuyas consecuencias pueden manifestarse tanto en el plano físico como en el psicológico.
Además, advirtió que algunas de esas marcas pueden mantenerse durante la adultez e influir en la manera en que una persona construye sus vínculos.
Cuando los castigos se confunden con métodos de crianza
Otro de los aspectos abordados durante la entrevista fue la naturalización de determinadas prácticas violentas dentro de las familias, particularmente aquellas que se justifican como formas de imponer límites o corregir conductas.
Brítez cuestionó esa concepción y sostuvo que el ejercicio de la autoridad adulta no debe confundirse con el maltrato.
“La violencia, muchísimas veces en relación a la crianza, está como naturalizada. Lo toman como correctivos, como límites y no lo son; no es esa la manera de poner límites, no es esa la manera de corregir saludablemente a los niños. Eso es violencia”, remarcó.
En esa línea, explicó que las experiencias de agresión dentro del hogar pueden afectar la percepción que los menores construyen sobre sus relaciones familiares, especialmente cuando quien ejerce el maltrato es una persona de la que esperan protección.
La psicóloga también hizo referencia a uno de los pasajes más sensibles del testimonio de Yankelevich, cuando el joven recordó la desesperación que llegó a sentir durante aquellos años.
“A mí me impacta mucho en el relato de este chico cómo él le dice, inclusive a su abuelo, que si no recibía ayuda, él pensaba hasta morirse”, manifestó.
Para la profesional, esa declaración permite dimensionar la gravedad del sufrimiento que puede experimentar un niño expuesto a situaciones de violencia y la importancia de una intervención oportuna.
“Lo que tenemos que ver es cómo la violencia en un menor, en un niño, impacta en su lazo con la vida y en su lazo con los otros, con sus vínculos”, reflexionó.
Las marcas que pueden permanecer durante años
Brítez también se refirió a las consecuencias que puede tener el maltrato cuando proviene de una figura familiar que debería brindar cuidado y contención.
En el caso relatado por Yankelevich, señaló que, después de la muerte de su madre, la persona que debía protegerlo fue precisamente aquella a la que atribuyó las agresiones.
Esa contradicción, explicó, puede influir en la manera en que los niños comprenden los vínculos y las formas de relacionarse con los demás.
La especialista remarcó que las experiencias traumáticas de la infancia no necesariamente quedan atrás al alcanzar la mayoría de edad, sino que pueden continuar presentes en la vida emocional de quienes las atravesaron.
Finalmente, consideró que la repercusión del testimonio de Valentín también se relaciona con una experiencia compartida por todas las personas: haber transitado la infancia y construido vínculos con sus familias.
“Creo que nos atraviesa a todos, porque todos fuimos niños; todos sabemos lo que se vive como niño y todos tenemos distintas historias en relación a nuestros propios padres o nuestras propias familias”, concluyó.








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