
Ante la posibilidad de que las lluvias y las crecidas de los ríos generen situaciones de emergencia en Misiones, un grupo de profesionales de la Nutrición comenzó a coordinar acciones para anticiparse a uno de los aspectos que suelen quedar relegados cuando se organiza la asistencia: la alimentación segura de las familias afectadas.
La iniciativa reúne a más de veinte nutricionistas de distintos organismos e instituciones provinciales. El objetivo es preparar recomendaciones, elaborar módulos alimentarios complementarios, capacitar a quienes intervengan en eventuales evacuaciones y orientar a la población sobre cómo actuar ante cortes de electricidad, problemas con el agua potable y dificultades para conservar los alimentos.
Durante una entrevista con la FM 89.3 Santa María de las Misiones, las licenciadas Florencia Córdoba y Perla Montiel explicaron que el trabajo se desarrolla en el marco de una red de nutrición en situación de emergencia, integrada por profesionales vinculados al Instituto de Previsión Social (IPS), el Colegio de Nutricionistas, los ministerios de Educación, Desarrollo Social y Salud Pública y el Servicio Penitenciario.
“Cuando hay una situación de emergencia climática, tal vez lo más lógico es empezar a pensar en la evacuación, en los colchones o en la medicación, pero no en la alimentación, que es algo de todas las personas para todos los días”, señaló Córdoba.
La especialista explicó que, en estas circunstancias, el objetivo de la Nutrición adquiere características particulares. Ya no se trata exclusivamente de buscar la mejor calidad nutricional, como ocurre en una consulta habitual, sino de garantizar que las personas dispongan de energía suficiente para afrontar las condiciones adversas, mantener la temperatura corporal y sostener sus funciones vitales.
A eso se suma un riesgo sanitario importante: durante las inundaciones, el agua puede contaminarse y convertirse en un vehículo de enfermedades.
El trabajo de la red se organiza en tres etapas. La primera consistió en elaborar un módulo alimentario complementario destinado a las personas que eventualmente deban ser evacuadas o autoevacuarse. La planificación contempla también a quienes podrían quedar aislados en sus viviendas y necesiten recibir alimentos sin poder trasladarse hasta un centro de asistencia.
La segunda etapa comprende la difusión de medidas preventivas para la población. La tercera apunta a la capacitación en los municipios, aprovechando los espacios de atención nutricional, los talleres y las actividades que las profesionales realizan en escuelas y otros ámbitos comunitarios.
Las recomendaciones incluyen cómo actuar ante los cortes de luz, cuánto tiempo pueden conservarse los alimentos sin refrigeración, qué precauciones tomar con el agua y cómo organizar las reservas domésticas antes de que se produzca una emergencia.
Córdoba remarcó que la prevención no debe limitarse a las localidades que históricamente sufren inundaciones. Si bien la zona costera del río Uruguay aparece entre los sectores de mayor preocupación, los cortes prolongados de electricidad y otros inconvenientes pueden afectar también a familias de distintas localidades.
Por eso, las profesionales buscan que las medidas preventivas se incorporen a la vida cotidiana y no sean consideradas solamente una respuesta excepcional ante un desastre.
Uno de los aspectos centrales de la campaña es la orientación a las personas, empresas y organizaciones que desean colaborar con donaciones.
La solidaridad suele multiplicarse frente a una emergencia, pero no todos los productos resultan igualmente útiles cuando las familias no tienen electricidad, acceso al agua potable o posibilidades de cocinar. “Queremos que la donación sea lo más óptima posible”, explicó Córdoba al advertir que algunos alimentos, aunque se entreguen con la mejor intención, pueden terminar sin utilizarse porque requieren condiciones de preparación o conservación que no están disponibles.
Las nutricionistas recomendaron priorizar los productos listos para consumir y con una vida útil prolongada, especialmente aquellos que no necesitan refrigeración antes de abrirse ni requieren agua o cocción para su preparación. Entre las opciones mencionaron:
- Legumbres enlatadas o en envases listos para consumir: lentejas, arvejas y otros productos que no necesitan remojo ni cocción.
- Frutas en conserva: permiten disponer de alimentos listos para consumir sin necesidad de lavarlos ni prepararlos en el lugar.
- Leche líquida de larga duración, en envases cerrados y aptos para almacenamiento a temperatura ambiente: puede ser más práctica que la leche en polvo.
- Agua potable envasada: un recurso esencial cuando el abastecimiento puede interrumpirse o contaminarse.
La elección debe contemplar las condiciones reales en las que se encuentran las personas asistidas. Una donación de harina, por ejemplo, puede resultar poco práctica si no hay electricidad para utilizar determinados equipos, agua suficiente o medios para cocinar. Algo similar ocurre con los alimentos que requieren preparación prolongada.
La propuesta no busca desalentar las donaciones, sino orientarlas para que cada aporte tenga una utilidad concreta y no termine ocupando espacio en los centros de asistencia sin poder ser aprovechado.
Las profesionales aclararon que todavía no se habían habilitado puntos de recepción de alimentos, ya que la organización busca adecuar las donaciones a las necesidades efectivas y evitar reunir productos con demasiada anticipación.
Cortes de luz
La conservación de los alimentos es otro tema prioritario, incluso para quienes viven lejos de las zonas que podrían inundarse. Ante la posibilidad de cortes prolongados de electricidad, Córdoba recomendó planificar con anticipación y disponer de conservadoras y botellas de agua potable congelada para ayudar a mantener los alimentos refrigerados durante más tiempo.
La estrategia tiene una segunda utilidad: si las botellas se preparan con agua potable y permanecen cerradas, una vez descongeladas pueden proporcionar una reserva de agua segura, siempre que se hayan mantenido en condiciones higiénicas adecuadas. “Va a cumplir dos funciones: una es prolongar un poco más el tiempo de vida de los alimentos que se desperdician pronto en la heladera y además una vez que esa agua se descongele, las personas tienen agua segura”, explicó.
La recomendación es especialmente relevante cuando existe un aviso previo de interrupción del suministro eléctrico. En esos casos, la planificación permite reducir la apertura de la heladera, preparar alternativas de conservación y evitar que los alimentos perecederos queden expuestos a temperaturas inadecuadas.
Sin embargo, las profesionales también remarcaron la importancia de extremar los cuidados con el agua. No debe suponerse que el agua de red, de pozo o almacenada continúa siendo potable después de una inundación o de una alteración del suministro. En caso de dudas sobre su seguridad, es necesario seguir las indicaciones de las autoridades sanitarias y de los organismos responsables del abastecimiento.
Agua segura
La disponibilidad de agua potable adquiere especial importancia cuando hay niños pequeños y bebés entre las personas afectadas. Montiel y Córdoba advirtieron que los problemas de contaminación pueden provocar enfermedades gastrointestinales y que sus consecuencias pueden ser particularmente graves en los más pequeños.
La preparación de mamaderas y la reconstitución de leche en polvo requieren agua segura y una manipulación higiénica. Si esas condiciones no están garantizadas, el riesgo sanitario aumenta.





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