En 2004, Ivanna Kuspita viajó a Alemania para trabajar como niñera y, de paso, aprender el idioma. Pero, de regreso a Argentina, sentía que debía volver una vez más para perfeccionarlo.
Fue así que en 2012 se estableció en Austria donde, además de cumplir su meta y de ser admitida para continuar la carrera de antropología social en la Universidad de Viena, se le abrieron puertas impensadas en la gastronomía y este año fue elegida como la sexta mejor sommelier de vinos entre 50 colegas de ese país europeo -los 50 mejores son seleccionados por el Magazin y, luego, los puestos se definen por votación-.
Aseguró que no fue un camino fácil y se siente feliz con este logro. “Entre los trabajos que realizaba, termino cumpliendo tareas en el servicio de desayuno de un hotel. Después pasé al restaurante donde, financieramente, me significaba más dinero por la propina. Pero para seguir allí, la condición era que tenía que hacer una formación dentro de la gastronomía. De hecho, en Austria, para cualquier trabajo que hagas te piden un título, una formación, un oficio o una carrera universitaria”, contó la jardinense.

Empezó haciendo cursos sobre vinos. “Me gustaron y terminé formándome como sommelier durante tres años. Terminé de cursar en la Academia de Vinos y ahora debo dar exámenes, pero me está costando porque trabajo 40 horas semanales en gastronomía”, agregó la profesional.
Su objetivo inicial era mejorar el nivel de idioma alemán, pero “conocí el país, me terminó gustando muchísimo y decidí quedarme. Sobre todo, por la cuestión de seguridad, desde mi lugar de mujer y en mi trabajo, ya que el restaurante cierra a la medianoche. Estar en la calle a esa hora y sin miedo es algo que para mí no tiene precio, además de la seguridad laboral que me brinda”, acotó quien cada dos años visita a su familia en Jardín América.
Admitió que está “muy conforme con mi vida acá, me gusta mucho. Viví tres años en Graz, después vine a Viena, primero para estudiar antropología y después sommelier. En algún momento quiero terminar la carrera porque es la profesión con la que siempre soñé. Cuando esté realizada y más segura con sommelier I, quiero retomarla y empezar a trabajar un poco con el concepto de la antropología adaptada al vino”.

Sostuvo que hay muchas cosas a las que todavía le cuesta acostumbrarse, pero “es una ciudad muy linda, muy bien organizada, no en vano estuvo catalogada por mucho tiempo como la mejor ciudad del mundo para vivir”.
Hace cuatro años que está con Christoph Schmied, su pareja austríaca, que es académico de vino y trabaja en marketing, por lo que “es una combinación de cosas y hace que todo sea más ameno. Y también es difícil porque, de por sí, una relación es un desafío y si es intercultural cuesta un poquito más, pero a la vez lo hace más interesante”, dijo entre risas.
A pesar de eso, Kuspita extraña muchas cosas. “Lo que más extraño es el sentido de comunidad, de estar siempre con una comunidad sostenida, la institución de la amistad que existe en Argentina, donde tenemos un día especial, donde festejamos a los amigos. Ese tipo de cosas acá no hay y extraño mucho. Extraño mucho lo espontáneo, poder tomar mates con mucha gente, sentarme a charlas por horas de cosas de la vida en general y poder hablar abiertamente. La calidez, en no ser tan estrictos en la socialización, de poder hablar con los vecinos de manera fluida. No tener esas cosas me hace extrañar Hacer terapia o ir al psicólogo no es un tabú como lo es acá, lamentablemente, a pesar que Viena es la ciudad de Sigmund Freud”, señaló quien tiene en claro que los éxitos son personales, pero que no se pueden lograr sin una comunidad, sin familia, sin amigos, “que te apoyen”.

También añora el clima, la primavera y el otoño de Misiones, la familia, los amigos, porque “estando en el extranjero uno se pierde muchísimas cosas. Por ejemplo, el crecimiento de mis sobrinos o la pérdida de seres queridos y hacer un proceso de duelo lejos es difícil. Siempre estás conviviendo entre dos mundos”, describió quien durante su estadía en el “viejo mundo” ya conoció otros países como Italia, España, Portugal, Egipto, África, Vietnam, además de los países limítrofes con Austria (Hungría, Eslovenia, Eslovaquia, Suiza, Alemania).
“Son distancias cortas y siempre tratamos de viajar. Como Christoph también trabaja con vinos, nuestras vacaciones apuntan a conocer regiones de vinos. No es solo clima, suelo, cepa, historia, sino la interpretación del lugar a través del vino que hace el viticultor. Conocerlo en persona tiene mucho valor”, explicó Kuspita para quien “quedarme o volver” es algo que no puede definir ahora. Por el momento “estoy contenta, estoy bien y Austria es mi lugar seguro”.
Única mujer extranjera y latina
Al referirse a su trabajo como sommelier de vinos, Kuspita dijo que “es una moza pero que asesora al cliente o al huésped respecto a los vinos que hay en la carta. Además, te encargás de la carta, que significa seleccionar los vinos que van en ella. No estoy sola al momento de decidir. El trabajo en equipo del servicio en sala y en conjunto con la cocina es súper importante. Te movés de acuerdo a un presupuesto, adquiriendo cosas que circulen, que generen ganancias. Estás siempre con la presión de lo que querés mostrar, de lo que es tu interpretación, tu filosofía en cuanto a los vinos, pero también tenés que llegar a todos los clientes. Como el gusto es tan subjetivo, tan personal, y tan complejo y dinámico, porque está cambiando constantemente, también tenés que pensar mucho en el cliente, en tu experiencia y que el jefe se alegre porque generás ganancias. Todo eso, en resumen, se refleja en una carta de vinos”.

Asimismo, implica el trabajo administrativo de pedir los vinos, organizarlos en una cava, hacer el inventario, además de estar “súper activo en el servicio”. En el caso “que trabajes en un restaurante que tiene maridaje, que son de Estrellas Michelin, es necesario estar muy activo, de acuerdo a los menúes, asesorando qué vino iría bien con todo el menú, si quiere una botella o consumir por copas. Es un trabajo en conjunto con la cocina y una profesión donde te tenés que estar especializando mucho, actualizándote en los cambios en general”, remarcó.
En definitiva, “mis colegas del equipo de servicio tienen que conocer la carta de vinos tanto como yo para cubrir servicios si no llego con el tiempo. También es parte de mi trabajo capacitar al equipo respecto a nuestra filosofía del restaurante y su carta de vino”.
También, desde hace cuatro años, se desempeña como catadora para una guía de vinos del magazine “Gault Millau”. Implica que una vez al año se reúna un grupo de sommeliers con el director de vinos de esa revista, quien divide a los integrantes en grupos y cada uno cata entre 100, 150, 180 vinos por día.

“Son un montón de cosas para que una vaya especializando su paladar. Hay que aprender mucho de historia, geografía, de memoria, que para mí fue nuevo. Hay muchas cepas, varietales, sobre los que tenés que saber responder, por ejemplo, en las competencias de sommeliers. Todavía no participé, pero lo quiero hacer dentro de poco”.
La misionera quiere tener la experiencia de competir por el mejor sommelier de Austria “pero tenés que manejar mucho el estrés ya que hay que ser rápido, preciso, y tener mucho conocimiento en diferentes áreas. A veces uno se olvida y el cliente exige mucho, de acuerdo al nivel del restaurante”.
Por estos días cumple tareas en un restaurante que todavía no tiene una Estrella Michelin pero está tras ese objetivo. Para Kuspita, estar entre los 50 sommeliers de Austria “es súper importante”. En la primera nominación terminó en el puesto 17, en la segunda (2025) en el puesto 11 y este año en el puesto 6. “Estar entre los top 10 mejores de Austria significa muchísimo, sobre todo, porque soy la única mujer extranjera, latina. Me llena mucho de orgullo”.
En el trabajo de sommelier no solo aprenden sobre vinos sino sobre todas las bebidas alcohólicas y sin alcohol, por lo que el café y el té “también son parte de nuestro estudio como el queso, el pan, todo lo que es culinario. Después una decide, además del vino, en qué especializarse. Mi objetivo es hacer el curso de sommelier de mate, pero lo puedo hacer solo en Argentina”.

Antropología, desde siempre
Si bien tenía interés en la carrera de medicina, confió que no tenía recursos para prepararse para el examen, además de establecerse en Corrientes. A través de una enciclopedia que “mamá compró cuando yo tenía 14 años descubrí que existía la esencia de la antropología, que reunía todas las cosas que me gustaban: lo social, filosofía, psicología y la parte humana porque también hay antropología biológica. Era una carrera que resumía todos mis intereses y se dictaba en Posadas”.
En la actualidad, lo que la diferencia de otros colegas en su trabajo como sommelier “es que tengo una mirada siempre desde lo social y cultural, y lo comunico también así”.
Y ahora “que empiezo a trabajar con el concepto de la antropología del vino también en qué lugar se consume, cómo se consume, cómo cambia de contexto. Actualmente el consumo del vino bajó a nivel global, entonces también hablar un poco de la historia del vino, contextualizar su consumo, a qué se debe eso. El vino es una bebida muy social y la antropología me dio muchas herramientas para concebir mi profesión desde otra mirada”, acotó esta fiel defensora de la educación pública, estatal y gratuita.

Por momentos emocionada, confesó que debe mucho a Argentina y a Jardín América donde fue alumna del Instituto Adventista y de la Escuela de Comercio 2, destacando la labor de profesores como Diana González, Ana Da Silva, Bruno Matos y Carlos Antonio Titus, “quienes, además de dictar bien sus materias, siempre nos motivaron y nos brindaron herramientas para la vida en general”.
En su cuenta de Instagram, Kuspita empezó a comunicar mucho sobre su cultura. “Ese es mi objetivo. Ser embajadora de Austria en Argentina, y de Argentina en Austria. Por eso también con Christoph hicimos catas de vinos austríacos en Buenos Aires, como comunicadora y mensajera cultural”.
En su mensaje, la hermana de Milton y Nicolás, aconsejó a “confiar mucho en uno mismo, a pesar de que se encuentre en situaciones difíciles, buscar la salida siempre, de la manera que sea y que le haga sentir bien a uno. Ser flexible, ante todo, y respetarse mucho a uno mismo y al entorno”.











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