Con una nutrida convocatoria que se acercó a la plaza 9 de Julio de esta ciudad, ayer se realizó una jornada abierta a la comunidad para conmemorar el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, que en Argentina este año se convirtió en la principal causa de muerte violenta, principalmente entre jóvenes de 15 a 34 años.
La propuesta acercó información sobre las líneas de atención disponibles en la provincia ante episodios vinculados al suicidio, e invitó a que grandes y chicos se acerquen con dudas y consultas sobre la problemática. También hubo música en vivo y muchos de los stands ofrecieron actividades de reflexión y espacios para dejar “mensajes de esperanza” para personas que estén atravesando situaciones difíciles.
Natalia Falcone, coordinadora de la Comisión Provincial de Abordaje Integral del Suicidio (CAIS), compartió en entrevista con PRIMERA EDICIÓN que las jornadas de este tipo permiten sensibilizar sobre el suicidio, pero también plantearlo como un problema colectivo, no solo de salud mental.
“Hay una frase que dice que el dolor compartido es menos doloroso, entonces esa es la idea, que la comunidad acompañe y sostenga”, aseguró la especialista.
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Desarmar prejuicios
El espíritu de la jornada se resumió en la estrategia de “hablar para prevenir”, que Falcone consideró crucial para “no tener miedo y saber que esta es una situación que nos puede pasar a cualquier persona y que tenemos que pedir ayuda a tiempo”.
Pero el pedido de ayuda también necesita una respuesta, y en ese punto la referente de la CAIS marcó que una comunidad informada y atenta a las señales de alerta hace la diferencia. “En la medida que sentimos que esa comunidad a la que pertenecemos nos acompaña, sentimos que no estamos solos”, aseguró.

Ese cambio de visión, desde lo individual a lo colectivo, para la especialista transforma también la vivencia personal de la salud mental. “Ir a un médico, ir a un psicólogo, es un acto más solitario, en el que voy yo solo con mi problema. Cuando yo puedo entender que esto es un problema de todos, que a cualquiera le puede pasar, que hay un momento que nos toca estar mal y otro que nos toca estar bien, se transita de otra manera”, explicó.
El ingrediente comunitario de la jornada de ayer también permitió “darle ese sentido de que les llegue en forma de abrazo y de calidez a todas las personas que atraviesan una situación, que han perdido un familiar o que tienen alguien que atraviesa una situación relacionada con el suicidio”, para “hacerles saber que no están solos”. “Nosotros nos comprometemos a trabajar, a estar cerca y que cada vez queremos formar una red que sea lo más ajustada posible para que todos puedan sentirse contenidos”, cerró.

Derribar prejuicios
Antonella Pereyra trabaja como enfermera residente de salud mental en el Hospital Ramón Carrillo y forma parte de la primera línea de atención ante episodios de crisis. Como profesional, compartió que “la situación es muy crítica”, porque “hay muchos casos, es muy alarmante lo que está sucediendo”.
En ese escenario, la residente coincidió con Falcone en que la prevención es una herramienta clave, porque es una estrategia “en la que todas las personas podemos colaborar, no solo los profesionales, todos los que participamos de la comunidad en sí”, dijo,
En ese sentido, sostuvo que “la visibilización de estas fechas es muy importante porque a través de esto podemos decirle a la gente que no estamos solos” y que existe una red de atención y escucha que incluye a los organismos de salud, pero también a quienes estén más cerca.
En cuanto a la convocatoria de ayer, destacó que hubo presencia de todas las edades. “Vi muchos chicos jóvenes, adultos también, y muchos adultos mayores, lo cual me parece muy lindo, porque no es una población que suele participar tanto”, aseguró.

En el transcurso de la mañana, contó que “muchas veces preguntaron a quién pueden acudir”, pero también hubo espacio para desarmar prejuicios en torno a la temática. Uno de los más comunes tiene que ver con cuál es el momento indicado para buscar ayuda, que no siempre debe ser el de una situación límite.
“Si nos atraviesa algo, si estamos estresados, no podemos dormir, cualquier situación es suficiente como para hacer una consulta, no necesariamente uno tiene que llegar a ciertos extremos para poder pedir ayuda”, indicó la residente.
Incidencia
En la provincia, los datos reunidos por la CAIS desde 2024 muestran que la ventana de edad crítica es de los 12 a los 17 años y que septiembre marca el comienzo de una ventana de mayor registro de eventos vinculados al suicidio.










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