
Un incendio que durante la noche del jueves mantuvo durante más de ocho horas a distintas dotaciones trabajando en Itaembé Guazú no solamente dejó unas 10 hectáreas de malezas afectadas, sino que volvió a poner en evidencia una combinación de condiciones que preocupa a Bomberos: vegetación que a simple vista recuperó su color verde después de las lluvias, abundante material seco debajo de esa superficie y jornadas en las que el viento puede transformar rápidamente un foco pequeño en un frente difícil de contener.
El director de Bomberos de la Policía de Misiones, comisario mayor Daniel Espíndola, en diálogo con FM 89.3 Santa María de las Misiones, explicó que esa situación fue determinante en el operativo desarrollado entre la noche del jueves y la madrugada de este viernes en el barrio El Porvenir 2. La emergencia fue comunicada al 911 alrededor de las 19.40 y, cuando las primeras dotaciones llegaron al sector próximo al lote 40, encontraron un frente de fuego ya establecido y extendido sobre una franja considerable.
La prioridad no fue entonces avanzar indiscriminadamente sobre toda la superficie afectada, sino determinar hacia dónde empujaba las llamas el viento y proteger primero los sectores donde las consecuencias podían ser mayores. Por esa razón, los bomberos concentraron inicialmente sus esfuerzos en impedir que el incendio avanzara hacia las viviendas de El Porvenir y, una vez contenido ese frente, dirigieron el operativo hacia otro sector donde el fuego amenazaba las plantaciones de la empresa Pomera.
En esas tareas participaron efectivos de las divisiones de Bomberos San Isidro e Itaembé Guazú, junto con Bomberos Voluntarios y personal vinculado a la empresa forestal que posee plantaciones en las inmediaciones. El combate se prolongó hasta aproximadamente las 3 de la madrugada, aunque las tareas posteriores y el regreso de los equipos a sus dependencias se extendieron todavía más.
Un verde que puede resultar engañoso
Para Espíndola, el episodio sirve para entender una condición ambiental que actualmente puede pasar inadvertida. Durante la primera quincena de agosto se registraron precipitaciones que hicieron que pastos, malezas y capueras recuperaran rápidamente una apariencia verde. Sin embargo, esa humedad superficial no significa que todo el material vegetal se encuentre en las mismas condiciones.
El jefe de Bomberos explicó que las fuertes heladas registradas durante julio y los primeros días de agosto dejaron una importante cantidad de vegetación seca a nivel del suelo. Esa materia permanece debajo del crecimiento más reciente y, cuando aparece una fuente de ignición, puede funcionar como combustible para que las llamas adquieran intensidad en poco tiempo.
A ese escenario se suma el viento. Durante el incendio del jueves había una brisa sostenida que modificaba permanentemente el comportamiento de los distintos frentes: mientras los equipos conseguían extinguir uno, las llamas continuaban avanzando en otro sector. Precisamente esa dinámica, señaló, explica en buena medida por qué un operativo iniciado alrededor de las 20 terminó demandando varias horas de combate.
Las imágenes del incendio también permitían observar la inclinación de las llamas provocada por el viento, un elemento que los bomberos utilizan para anticipar hacia dónde puede desplazarse el frente y definir qué sectores deben protegerse primero. Por eso, la tarea se organizó en etapas. Una vez asegurado el sector de las viviendas, el esfuerzo se trasladó hacia las plantaciones próximas y posteriormente hacia los restantes focos, hasta lograr la extinción completa.
Sin heridos ni daños en viviendas
Pese a la extensión alcanzada por el incendio, no hubo personas lesionadas ni viviendas afectadas. Espíndola atribuyó ese resultado a la estrategia de establecer desde el comienzo cuáles eran los puntos más vulnerables y cortar allí el avance de las llamas.
El procedimiento, explicó, comienza apenas las dotaciones llegan a una emergencia: se observa si existen personas, casas, establecimientos u otros bienes potencialmente amenazados y, al mismo tiempo, se determina la orientación del viento y la dirección en la que se está desarrollando el fuego.
En este caso, esa evaluación llevó primero a impedir que las llamas se dirigieran hacia las casas de El Porvenir y después a evitar su ingreso a los sectores arbolados y las plantaciones de Pomera. Sólo una vez controlados esos puntos se pudo avanzar sobre el resto de la superficie afectada.
La causa que originó el incendio, en cambio, todavía no había sido determinada al momento de la entrevista. Espíndola indicó que las tareas investigativas continuaban este viernes para establecer cómo comenzó el fuego y remarcó que, cuando las dotaciones arribaron, el frente ya se encontraba desarrollado.
El riesgo de incendios sigue alto
El episodio ocurrió además en un contexto en el que las condiciones generales requieren especial precaución. Espíndola señaló que el mapa de peligro de incendios difundido por el Ministerio de Ecología ubicaba a todo el territorio provincial en nivel amarillo, correspondiente a riesgo alto. Ese escenario se combina con temperaturas elevadas, material vegetal seco y períodos de viento, factores que pueden acelerar la propagación incluso cuando el foco inicial es pequeño.
En ese marco, el jefe de Bomberos volvió sobre una práctica que sigue observándose con frecuencia tanto en Posadas como en otras localidades: la utilización del fuego para eliminar basura, restos de poda, pasto cortado u hojarasca.
Sin vincular esa práctica con el origen del incendio de El Porvenir, cuya causa continúa bajo investigación, Espíndola advirtió que las condiciones actuales hacen especialmente peligroso iniciar cualquier tipo de quema. Una llama que inicialmente parece controlada puede tomar material seco, ser impulsada por el viento y superar rápidamente la capacidad de quien la inició para extinguirla. Por ese motivo, recomendó no utilizar el fuego como herramienta para limpiar terrenos o eliminar residuos vegetales. Frente a restos de pasto, hojas o basura, pidió recurrir a su recolección y disposición mediante bolsas en lugar de quemarlos.
Avisar incluso ante un foco pequeño
La otra recomendación estuvo dirigida a la detección temprana. Espíndola pidió que cualquier persona que observe humo o un principio de incendio, por pequeño que parezca, se comunique inmediatamente con el sistema de emergencias 911.
Una vez recibido el aviso y determinada la ubicación o georreferencia, el sistema deriva la emergencia a la dependencia de Bomberos más cercana. Luego, de acuerdo con las características y la magnitud del incendio, esa dotación puede solicitar apoyo de otras unidades con asiento en la ciudad. El mecanismo busca intervenir cuando el foco todavía conserva dimensiones reducidas, antes de que factores como el viento, la temperatura y el material seco acumulado permitan que las llamas se extiendan hacia una superficie mucho mayor.
El incendio ocurrido el jueves constituye, para Bomberos, un ejemplo concreto de ese riesgo. Aunque terminó sin personas heridas ni daños en viviendas y pudo ser controlado antes de ingresar a las plantaciones cercanas, la combinación de suelo seco, vegetación afectada por las heladas, calor y viento obligó a sostener durante horas un operativo que comenzó con un incendio de malezas.
Y es justamente allí donde Espíndola puso el acento: después de semanas de precipitaciones, el paisaje puede ofrecer una impresión de humedad que no necesariamente refleja lo que ocurre debajo. El pasto volvió a verse verde, pero buena parte del combustible capaz de alimentar un incendio continúa seco a ras del suelo.





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