Cada 1° de agosto miles de misioneros renuevan la tradición de beber caña con ruda para “espantar los males” y proteger la salud durante el resto del año. Se trata de una costumbre profundamente arraigada en la cultura del Litoral que cobra protagonismo en esta fecha, pero ¿qué dice la medicina moderna sobre esta tradición?
Para conocer la mirada de la ciencia sobre el consumo de este “preparado” y su impacto en la prevención de enfermedades, PRIMERA EDICIÓN habló con la médica clínica Patricia Guitelman, especializada en medicina homeopática y antroposófica, quien, si bien aclaró que “el ritual no posee efectos preventivos comprobados”, sí sostuvo que “la ruda es una planta con propiedades terapéuticas conocidas”.
Al mismo tiempo resaltó el valor del ritual al consumir la tradicional bebida, principalmente “desde lo simbólico y cultural”, el cual “es válido cumplirlo”, dijo.
“Los tres traguitos de caña con ruda tienen que ver con una cuestión ritual de algunos pueblos originarios andinos; desde su cosmovisión es una ofrenda que se hace a la madre de la vida (Tierra) con un pedido de protección”, añadió.
“Yo diría que los tres traguitos, si uno los toma con una conciencia ritual de pedido de protección y de fortalecimiento, ahí está el primer impulso para estar protegido; es decir, en esa conexión espiritual con la salud y el bien. Estos tiempos modernos serían un buen momento para recuperar la ritualidad”, enfatizó.
Y luego, al referirse pura y exclusivamente a la preparación del trago, sostuvo: “Cuando uno prepara una tintura madre la hace con alcohol, porque permite que la planta libere sus sustancias terapéuticas y que el líquido se transforme en una preparación medicinal”, indicó.
Al respecto, la profesional explicó que el alcohol (caña) presente en la preparación cumple una función específica: extraer los principios activos de la planta, un procedimiento utilizado desde hace siglos en la elaboración de tinturas medicinales. Y en ese sentido, recordó que numerosos medicamentos surgieron a partir del estudio de compuestos presentes en distintas especies.
“Todas las plantas tienen componentes químicos y muchas poseen propiedades terapéuticas. De hecho, muchos medicamentos de síntesis nacieron a partir de principios activos extraídos de plantas”, apuntó.
El poder de la ruda
Respecto de la ruda (Ruta graveolens), Guitelman sostuvo que se trata de una especie utilizada desde la antigüedad por sus propiedades.
“Desde la perspectiva terapéutica se utiliza para aliviar dolores musculares y articulares, favorecer la digestión y también en algunos tratamientos para afecciones de la piel”, señaló. No obstante, aclaró que esas propiedades “no deben confundirse con la creencia de que la caña con ruda evita enfermedades”. Aunque acotó: “Desde la perspectiva mística es una planta que aleja los malos espíritus y las malas energías. Por eso también forma parte de rituales para proteger los hogares cuando se hace un saumado”.
Consultada sobre por qué la tradición se concentra en agosto, Guitelman explicó que la respuesta no proviene de la medicina antroposófica sino de los saberes ancestrales de los pueblos originarios.
Recordó que históricamente agosto era considerado uno de los meses más difíciles del año en la región debido al frío, la humedad y los fuertes vientos, por lo que la ruda comenzó a asociarse con la protección frente a las enfermedades y otros males de un mes que “no es para amarillentos”, sostuvo con humor.
“La ruda ha sido una planta bastión para alejar los dolores, las enfermedades y todo aquello que pudiera afectar a las personas. Por eso el ritual representa una invocación a la protección de la salud”, explicó.
Ciencia y tradiciones
A lo largo de la charla, la médica también destacó que el diálogo entre la ciencia y los conocimientos tradicionales ha sido permanente a lo largo de la historia y que numerosos avances científicos tuvieron su origen en prácticas populares.
“La ciencia muchas veces se inspira en el saber popular. Gran parte del desarrollo de la medicina basada en plantas surgió a partir de los conocimientos transmitidos por los pueblos originarios”, afirmó.
Como ejemplo mencionó la Materia Médica Misionera, obra escrita por el jesuita Pedro Montenegro a comienzos del siglo XVIII, donde se recopilaron los usos medicinales de distintas plantas empleados por los guaraníes en la región.
Guitelman también recordó que el desarrollo de la homeopatía comenzó a fines del siglo XVIII a partir de investigaciones sobre la quina, árbol del cual se extrae la quinina, utilizada para tratar el paludismo, conocimiento que llegó a Europa gracias a los pueblos originarios.
En cuanto a la medicina antroposófica, explicó que integra ese conocimiento con la visión desarrollada por Rudolf Steiner, incorporando el abordaje de los aspectos físicos, anímicos y espirituales de la persona. “Entonces, la ruda sí actúa como medicamento. Es excelente para algunos dolores y como digestivo, pero en dosis altas puede ser tóxica”. Indicó que, cuando se utiliza en infusión, debe prepararse con una cantidad muy pequeña de hojas secas, vertiendo agua hirviendo sobre la planta sin hervirla directamente, y evitando exceder una o dos tazas por día.
También recordó que tanto la homeopatía como la medicina antroposófica utilizan preparados altamente diluidos, precisamente para reducir los riesgos asociados a sus principios activos.







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