Los jugadores de la Selección argentina están hoy más que nunca en el centro de la escena y algunos medios los calificaron como los más llorones, literalmente. Se abrazan, se consuelan y lloran. Y no lo ocultan.
“Me parece positivo que ellos muestren otras formas de masculinidad. Los jugadores de la Selección son referentes y personas muy admiradas. Muchas veces uno quiere ser aquello que admira”, destacó la psicóloga Nahir Britez en diálogo con PRIMERA EDICIÓN.
Recordó que “lo que entendemos por ser hombre o mujer se construye culturalmente y se transmite de generación en generación. Son cuestiones que comienzan a marcarnos desde la crianza. Durante los últimos años comenzó a plantearse el enfoque de las nuevas masculinidades, que viene a contraponerse, discutir y desandar el camino de aquello que se considera una masculinidad tradicional o supuestamente natural”.
El modelo tradicional que está siendo cuestionado por la sociedad concibe al hombre como una figura dominante, que debe tener poder y encargarse de la administración y producción del dinero. Al mismo tiempo, destina los cuidados del hogar y la crianza exclusivamente a las mujeres. “También condiciona la expresión de las emociones, por eso, la mayoría de los hombres se adhirió históricamente a esa masculinidad tradicional consideraba que pedir ayuda psicológica estaba mal porque era un signo de debilidad o algo propio de una persona enferma o loca”, reflexionó.
“El modelo de macho alfa es irreal”
Según indicó la psicóloga, “no expresar lo que sienten lleva a muchos hombres a construir una caparazón y sufrir una desconexión emocional. Como sentir miedo, tristeza o inseguridad aparece como un signo de debilidad, adoptan una forma defensiva y no se permiten mostrarse vulnerables”.
No obstante, remarcó que la construcción de esta nueva masculinidad se aceptó que “mostrarse de esa manera no está mal, porque todos nos sentimos débiles en algún momento y sabemos que no podemos con todo ni cargar con todo”.
Los cambios no se dan de un día para otro, “por ejemplo, si hablamos de afectividad entre hombres, muchas veces el abrazo entre hombres también estuvo mal visto y eso fue cambiando, pero todavía aparecen muchos comentarios y chistes”.

El modelo de “macho alfa” tiene un alto costo para el hombre: “es irreal, porque nadie deja de sentir por lo que deja al hombre insatisfecho o con distintas dificultades. Aparecen mecanismos defensivos, podemos hablar de aislamiento, represión o negación. Son formas de defensa utilizadas muchas veces para no aceptar o identificar que realmente existe algo que los afecta. Aparece esa negación de decir: “No me pasa nada, listo, tengo que estar bien”. Lo que las personas son en soledad también se transmite en los vínculos con los demás”, fundamentó. En este contexto, señaló que es importante comenzar a promover y construir masculinidades más flexibles consigo mismas, para derribar los estereotipos y también el estigma de que la terapia solamente se necesita cuando alguien atraviesa una urgencia o está “loco”.
El papel de las mujeres
La psicóloga señaló el rol clave de las mujeres en esta construcción de nuevas masculinidades, “para ayudar a los hombres a reconocer estas cuestiones y dejar de sostener la desigualdad de poder y de expresión. Todavía es muy común escuchar a hombres que dicen: “Yo no puedo hablar”, “no sé cómo decirlo” o “no me puedo comunicar”. Bueno, podemos brindarles el espacio, pero también invitarlos a que lo intenten y hablen. Es como si ellos tuvieran un muro. Lo que los jugadores de la Scaloneta muestran es que ese muro se está derribando y que detrás existen emociones. Nos enseñan que puede construirse un nuevo modo de ser hombre”. Aseveró que “las mujeres podemos acompañar esas nuevas formas y ese modelo, además de dejar de cargarles ese peso”.
“Se puede cambiar a cualquier edad”
Aunque la especialista admitió que la crianza deja marcas e influye en el comportamiento posterior de una persona, aseguró que esos mandatos pueden reforzarse o cambiarse durante la adolescencia o la adultez. “La manera en que un varón aprende desde niño a expresar lo que siente marca un camino. Si esos mandatos se refuerzan durante la adolescencia, continúan construyéndose de esa manera, porque esa etapa es un período muy importante para definir la identidad. Sin embargo, durante la propia adolescencia, la juventud o la adultez, una persona puede advertir que quiere modificar esas ideas y acciones. También puede decidir involucrarse más en aquello que le está generando problemas consigo misma o con sus vínculos”, aseguró.
Según confió, cada vez son más los pacientes de entre 30 y 40 años que acuden al consultorio diciendo que quieren cambiar, “se trabaja y es posible modificarlo, aunque también depende de la predisposición que cada persona tenga frente a ese deseo. Todos tenemos marcas y formas de ser, pero, si algo nos molesta, nos hace mal o genera dificultades en nuestros vínculos, podemos hacer algo y transformarlo. Hace falta reconocerlo, tomarlo en cuenta y hacerse cargo. Se puede cambiar a cualquier edad”, remarcó Britez.
En tanto, indicó que también existen hoy distintas maneras de vivir la feminidad. “Hay muchas formas de ser mujer y no se las puede encasillar bajo la idea de que necesariamente deben ser madres o casarse. Esas son expectativas rígidas y ya no se puede obligar a las mujeres a adaptarse si no responden a sus propios deseos”.






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