Durante décadas, la producción agropecuaria de Misiones estuvo asociada casi exclusivamente a la yerba mate, el té, el tabaco y la actividad forestal. Sin embargo, en los últimos años comenzó a consolidarse otra estrategia productiva que, aunque todavía es incipiente, muestra una dirección cada vez más clara: recuperar el maíz y la soja como herramientas para diversificar las chacras, fortalecer la producción animal y generar valor agregado dentro de la provincia.
El cambio no responde a una única decisión. Es el resultado de iniciativas que comenzaron hace varios años y que hoy convergen en un objetivo: que Misiones produzca el alimento que actualmente compra en otras provincias para abastecer a cadenas ganaderas, avícolas, porcinas y lecheras.
Y en ese sentido, el eje pasó a ser cómo desarrollar una industria provincial de proteína vegetal, con semillas propias, infraestructura, plantas de procesamiento y un esquema de agregado de valor que permita reducir costos y fortalecer la economía de las chacras.
Uno de los avances más recientes llegó desde el INTA Cerro Azul, que presentó oficialmente Bautista INTA, el primer maíz convencional de polinización abierta desarrollado íntegramente en Misiones para la agricultura familiar. La nueva variedad fue seleccionada para responder a las condiciones de suelo y clima de la provincia y presenta una ventaja clave: al no tratarse de un híbrido, los productores pueden conservar parte de la semilla para volver a sembrarla en campañas posteriores, disminuyendo significativamente sus costos de producción.
El investigador Adrián De Lucía explicó que el objetivo fue mejorar los materiales que tradicionalmente utilizaban los productores misioneros, incrementando el rendimiento y la calidad del grano sin perder la adaptación local. El maíz, además, posee un contenido proteico cercano al 11%, una característica especialmente valorada para la alimentación de aves, cerdos y otros animales de granja.
La aparición de una semilla propia coincide con otro paso importante. En la Cámara de Representantes se aprobó una ley para crear el Programa de Producción de Proteína Vegetal. La iniciativa busca fomentar el cultivo de maíz, sorgo, leguminosas y otras especies destinadas a la elaboración de alimentos balanceados, con asistencia técnica, financiamiento y apoyo para instalar plantas procesadoras de granos.
“La provincia necesita producir localmente las proteínas que hoy compra en otras regiones. Eso permitirá fortalecer las cadenas ganadera, porcina, avícola y ovina, generar trabajo y agregar valor en origen”, sostiene la ley.
La estrategia también encuentra respaldo en estudios técnicos. Un relevamiento realizado por el Instituto Misionero del Suelo y el INTA, sobre 330.000 hectáreas del departamento Guaraní, concluyó que más de 144.000 hectáreas presentan aptitud para el cultivo de maíz, además de identificar amplias superficies aptas para yerba mate y forestación. La cartografía permitirá orientar inversiones, reducir errores y planificar mejor el uso de los suelos.
Mientras tanto, en la zona del Alto Uruguay los productores ya muestran resultados concretos. Colonia Aurora continúa siendo uno de los principales polos maiceros de Misiones. En 2020 se estimaba una producción cercana a 12 millones de kilos anuales, con potencial para alcanzar los 20 millones a medida que se incorporaran establecimientos y se consolidara la infraestructura de secado y procesamiento.
El intendente de Colonia Aurora, Carlos “Cali” Goring, aseguró que el interés por los granos volvió a crecer después de la pandemia. “Se plantó bastante. Muchos productores compraron tractores, cosechadoras y herramientas porque comenzaron a apostar nuevamente al maíz y otros granos”, afirmó, al señalar que la región mantiene una fuerte tradición en este tipo de cultivos.
La soja también forma parte de esta estrategia, aunque con un perfil diferente al que tiene en la región pampeana. En Misiones la superficie implantada se estima en entre 5.000 y 7.000 hectáreas, destinadas mayoritariamente a la elaboración de alimentos balanceados para la producción animal. Además, especialistas del INTA recuerdan que la provincia tuvo un papel histórico en la introducción del cultivo al país y continúa siendo un punto estratégico para monitorear enfermedades como la roya asiática, funcionando como una barrera sanitaria para el resto de Argentina.
La evolución de los últimos años muestra una secuencia que difícilmente sea casual. En 2018 se firmó un convenio entre Agroindustria y Maizar para impulsar la producción regional de maíz y abastecer la demanda del sur de Brasil. En 2019 comenzaron a discutirse proyectos para convertir a Misiones en una cuenca productora de granos con agregado de valor.
En 2020 se promovió la organización de cooperativas y la instalación de secaderos en Colonia Aurora. En 2023 volvió a ponerse en valor el papel estratégico de la soja para la producción de balanceados y el monitoreo sanitario. Y durante 2026 confluyeron tres hechos decisivos: la presentación del maíz Bautista INTA, el avance del Programa de Producción de Proteína Vegetal y los estudios que identificaron miles de hectáreas aptas para ampliar la superficie cultivable.






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