Rosanna Toraglio
Periodista- BioPsicoTerapeuta
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Los senderos para caminar descalzos hacen furor en redes sociales a través de viajeros que los descubren en lugares remotos como en Corea, pero también los hay en Alemania y en ciertos rincones de Latinoamérica. Denominados senderos de bienestar o caminos Kneipp, llamados así a partir de la metodología natural del sacerdote alemán Sebastian Kneipp, que estimulan el sistema circulatorio, alivian el estrés y fortalecen las defensas.
Ya no se trata de prácticas en estudio, sino que son comprobadas por miles de personas que practican ese caminar. A partir de los primeros pasos dados sobre la arcilla seca o húmeda, la persona siente el cambio que se produce en el cuerpo. Las tensiones acumuladas de una jornada de trabajo se disuelven, la atención se dirige a los pies y nadie puede evitar sentir los efectos sedantes, masajeantes y al mismo tiempo activadores de la infinidad de puntos sensibles que están en la planta de los pies.
Existen senderos para diferentes sensaciones, pues las piedras, la grama, la arcilla, cada una actúa y despierta diferentes sensaciones. Lo unificante de todas es que el ser humano logra contactar con la naturaleza, desconecta mentalmente de todas las preocupaciones, puede sentirse parte de un todo y lograr en pocos metros equilibrar sus emociones.
Lo cierto es que cuando alguien se encuentra con senderos de bienestar siempre desea probar su efecto. Hay lugares especiales para dejar los zapatos y no tener que cargarlos y para finalizar cuentan con sistemas para la higiene.
Esta propuesta de países que buscan lograr el bienestar de sus habitantes se multiplica y hasta quizás si todos habilitan paseos así se reducirían los niveles de agresión y frustración además de buena salud.
Al no depender del soporte artificial del calzado, los músculos del pie trabajan activamente. Previene lesiones y corrige la biomecánica corporal.






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