Nahuel Czuhaj es el otro educador misionero seleccionado como semifinalista en la edición 2026 del premio Docentes que Inspiran. Oriundo de San Vicente y con tan solo 27 años de edad, egresó como profesor de Educación Primaria con el mejor promedio de su promoción en el Instituto Superior y Técnico “Belén”, en Campo Grande. Había comenzado a estudiar en 2017, impulsado por el deseo de “transformar realidades y abrir oportunidades” a través de la educación.
Hoy, su labor docente se entreteje entre clases y proyectos que lleva adelante junto a sus estudiantes en las aulas satélite 1 y 3 de la Escuela 640, que tiene sede en la localidad de Fracrán, pero cuenta con varias aulas dispersas en parajes alejados de la ciudad.
Para dar clases, Czuhaj recorre diariamente unos 120 kilómetros, pero confiesa que cada viaje lo vale. “Todos los días hay un motivo por el cual levantarse, sabiendo que te esperan los chicos para ver qué hacemos hoy de distinto en el aula”, contó en entrevista con PRIMERA EDICIÓN.
Y su propuesta pedagógica se define desde lo “distinto”, porque plantea un giro interesante para cualquiera que alguna vez haya escuchado hablar de innovación y de educación disruptiva: la transformación en las aulas nace desde el uso de la tecnología, pero también desde las habilidades blandas y desde el aprendizaje en equipo, con el horizonte puesto en formar estudiantes autónomos y con voz propia.
“Siempre creí que la escuela tiene el poder de transformar realidades y abrir oportunidades, especialmente en contextos donde más se necesita. Dentro de ese contexto que para muchos es precario, es escaso, para mí hay riqueza. Hay un montón de sueños, un montón de chicos esperando a que alguien los descubra, que explote ese potencial que tienen, que es maravilloso y del que aprendés un montón”, aseguró.
Un aula llena de sueños
La rutina del “profe Nahuel” comienza como la de cientos de docentes del contexto rural: muy temprano, atravesada por los viajes en moto y el clima, que a veces complica circular en los caminos terrados.
En el Aula Satélite 3, donde trabaja a la mañana, lo esperan 16 niños de nivel inicial hasta 7° grado, todos de Paraje El Agro, y al mediodía viaja 10 kilómetros para llegar al Aula Satélite 1, donde asisten 17 chicos de 5° a 7° grado de Picada Los Pinos.
El desafío no termina en el traslado: como es común en la modalidad rural, estos chicos estudian todos en una misma aula. “Enseñar así es un desafío muy complejo, tenemos al mismo tiempo niños que empiezan a leer y otros que están resolviendo ecuaciones. Hay que buscar la estrategia correcta”, contó Czuhaj.
El flamante candidato a Docente Inspirador 2026 define su enfoque pedagógico como “disruptivo”, pero asegura que “hay un error de concepto respecto a la educación disruptiva, muchísimas veces se piensa que debe ser solo tecnología”. En su propuesta, en cambio, implica mucho más.
A modo de ejemplo, contó: “Nos sentamos en forma de U o en círculo y la idea es que ellos puedan observarse y que yo los mire a todos, que desde ahí haya más sentido de pertenencia”.
El punto clave, entonces, no es el saber técnico: es la mirada y el vínculo construido con el otro. “Cuanto más afecto haya, el aprendizaje es mucho más constructivo y más significativo para ellos”, aseguró.

El objetivo final para Czuhaj es “poner al chico en el centro del aprendizaje”, para transformar los proyectos en “experiencias de aula” y que sus estudiantes “sepan que tienen las mismas posibilidades que cualquier niño o niña de la ciudad o de contextos mucho más tecnologizados”, indicó.
En el historial, ya realizó con sus estudiantes innumerables proyectos que traspasaron el aula. En 2025 incluso llegaron al Parlamento provincial, donde expusieron un trabajo conjunto con la EPET 18 de Puerto Esperanza y un proyecto de ley sobre deporte escolar. También organizaron la primera Expo Disruptiva municipal.
En estos años, Czuhaj aseguró que la docencia le dejó “la enseñanza de confiar en uno mismo” y sostuvo que “la educación rural y las aulas satélite son muy cuestionadas, por la calidad educativa, porque si se enseña o no”, por eso con sus estudiantes se dedica a “derribar mitos”.
“Las aulas satélite son espacios de oportunidades, donde hay aprendizajes profundos, proyectos que transforman vidas y creo que ellos de alguna forma transformaron mi vida también. Eso es lo que ellos me enseñan todos los días, a tener confianza en que todo lo que hago y hacemos vale la pena”, aseguró.
“Es una felicidad inmensa”
La noticia de la nominación marcó un momento emotivo para todos. “Cuando llegué, me esperaban en la puerta. Me recibieron abrazándome, felicitándome, contentos. No lo podían creer”, contó Czuhaj.
Para el educador, fue casi un momento de revelación. “Entendí cuánto ya gané y pensé… ‘qué maravilloso todo lo que pude sembrar’, porque realmente se nota. Es el cariño de ellos, el amor genuino”, dijo.
En ese sentido, aseguró que este logro “es de cada uno de nosotros”. “Yo sin ellos no soy el profe Nahuel. Hoy estoy entre los 24 semifinalistas gracias a ellos, al trabajo que hacemos todos los días”, agregó.
El agregado extra es que ese trabajo ocurre “en un lugar recóndito, donde vos decís ‘nadie te va a ver, nadie te va a encontrar’, pero sin embargo hoy estamos ahí”, valoró Czuhaj.








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