Hace 15 años, la maestra de primaria Juana Roxana Acosta aceptó el desafío de enseñar a chicos guaraníes en la comunidad Ysyry, bajo un árbol pindó que hacía de aula, sin agua y sin luz… y nunca más cruzó por su cabeza la idea de volver a la escuela común. Juana es una de las 24 docentes que quedaron seleccionadas como semifinalistas para el Premio Docentes que inspiran 2026, junto a otro educador misionero: Nahuel Czuhaj.
Hoy es la directora de la Escuela 956 Intercultural Bilingüe que está en la comunidad Aguay Poty y tiene a su cargo tres aulas satélites, una en la comunidad Ysyry donde ella empezó y que en la actualidad ya cuenta con cuatro maestros y dos docentes auxiliares indígenas, el aula satélite 2 en Aguaray Mirí donde trabajan una maestra y un docente indígena y el aula satélite 3 en Takuapí Mirí con una maestra y un auxiliar indígena.
Bajo un árbol, sin luz ni agua
En diálogo con PRIMERA EDICIÓN, la docente contó que en la escuela núcleo y las aulas satélites asisten 154 chicos de siete comunidades guaraníes (Aguay Poty, Aguaray Mirí, Ysyry, Takuapí, Renacer, Yvoty Porá e Yvy Porã) por lo que trabaja en forma coordinada con los siete caciques. “Para mí es muy importante el haber logrado un vínculo con los siete caciques de las comunidades con las que trabajo. Ellos me apoyan mucho en todo, trabajamos en forma conjunta y para mí es un orgullo verlos crecer a cada uno en sus comunidades”, destacó.
Según recordó, “en 2011 llegó la creación del aula satélite 1, en Ysyry, donde empecé a trabajar. Fue un gran desafío tanto personal como profesional, no teníamos aula, agua, luz… dábamos las clases debajo de un pindó que todavía está. En 2017 me nombraron directora, lo que también fue un desafío porque no había edificio y empezamos de cero. Pero nunca dejé de apostar a la enseñanza de mis niños y puedo decir con orgullo que el cacique Dalmacio Ramos fue alumno mío, también su señora que es agente sanitaria y hoy ambos son docentes auxiliares indígenas”, contó feliz.
“Mi misión es que ellos crean en sí mismos sin perder su cultura”
Para la docente, su mayor logro profesional es “que mis alumnos crean en sí mismos y siempre manteniendo la cultura guaraní… porque nuestra escuela es intercultural y se caracteriza porque los niños hablan ambas lenguas y los docentes tenemos que saber más o menos entenderlos, pues tienen su lengua materna muy arraigada y no como sucede en otras provincias donde se fue perdiendo la lengua materna”.
A su entender, “un docente inspirador es el que puede hacer que un alumno crea en sí mismo, en su potencial, que los motive a conservar su lengua, su cultura y sus raíces. Si logré que mis alumnos creyeran en sí mismos, creo que mi misión está cumplida”, aseguró.
Múltiples roles y aprendizaje
Confió que cada niño que egresa de las comunidades “es un orgullo para mí porque es un contexto totalmente diferente, no nos preparan en el profesorado para esto… es encontrarse con una realidad muy dura y triste. Nosotros estamos dentro de la comunidad y la verdad es que hacemos de maestra, mamá, enfermera, cocinera porque le preparamos el desayuno y la merienda, somos porteras porque limpiamos y lo hacemos desde el corazón”.
Aunque fue ella la postulada para el premio, Juana aseguró que representa el trabajo de todos los docentes de la comunidad educativa de la 956, “acá los docentes aprendemos mucho y valoramos su cultura, nuestra experiencia con ellos nos enseña a valorar muchas cosas que en la vida cotidiana hoy por hoy se va perdiendo: el compartir, el respeto mutuo y el acercamiento que ellos tienen ante nuestro afecto”.
Visibilizar y romper prejuicios
Desde hace 15 años, Juana se mueve en moto para llegar a las distintas comunidades. Incluso siguió usando este medio de transporte durante sus embarazos (tiene 5 hijos) y se las arreglaba para llevar los bidones de agua mineral a las comunidades. “Todavía hoy me manejo por todos lados en moto porque tengo la escuela núcleo y tres aulas satélites y son lugares distantes y los accesos son complicados”, explicó.
Juana fue postulada al premio nacional por Teresa Antúnez, una señora de Eldorado que siempre trabaja con las comunidades, “para mí fue una sorpresa porque me pidieron mi correo y mi DNI, pensé que me iban a mandar algo para mis niños pero después recibí el mail de que estaba postulada para Docentes que Inspiran y me pidieron que mandara un video para mostrar cómo trabajo, porque soy maestra, antes que directora. Me gustó la oportunidad de poder visibilizar el trabajo en la aldea y a los niños guaraníes, con el propósito de romper el prejuicio de que los chicos de las comunidades no pueden aprender… ellos tienen muchísimo potencial porque tienen que aprender dos lenguas al mismo tiempo”, destacó.
“Mis hijos y mi trabajo con los guaraníes me hacen feliz”
Juana es mamá de cinco hijos -cuatro mujeres y un varón- y perdió a su esposo el año pasado en un accidente automovilístico.
“Tengo una familia numerosa, la mayor está casada y es policía, y mis otros hijos están estudiando. Ellos me ayudan en todo, son los que me acompañan en los actos, sacan las fotos, ponen la música, llevan y traen las mercaderías… son mi sostén y gracias a ellos puedo estar de pie”, destacó.
Según confió, este último tiempo fue muy duro en lo personal, “el año pasado falleció mi marido en un despiste y al principio mis hijas me cuestionaban que me dedicara tanto a mi trabajo pero después se dieron cuenta que eso es lo que me gusta y me hace bien, y me apoyan mucho”.
Según explicó, tuvo poco tiempo de duelo y siguió adelante “porque estoy en el lugar donde me siento bien, estoy en mi rincón preferido. Mis hijos y mi trabajo con los niños guaraníes me generan mucho orgullo y felicidad”, aseguró.









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