Un hombre de 59 años fue detenido durante la noche del sábado en Apóstoles, luego de ser interceptado mientras conducía con 3,42 gramos de alcohol por litro de sangre sobre la avenida 9 de Julio. El procedimiento se realizó frente a la plaza San Martín, en el marco de un operativo conjunto entre efectivos policiales y personal de Tránsito Municipal.
Según la información inicial, los agentes advirtieron que un Volkswagen Bora circulaba realizando zigzagueos sobre la calzada, una maniobra que representaba un riesgo para otros conductores, peatones y para el propio ocupante del vehículo. Ante esa situación, fue detenido para su identificación y control.
Al practicarle el test de alcoholemia, se constató que el conductor presentaba 3,42 g/l de alcohol en sangre, un registro extremadamente elevado para la conducción de un vehículo. Como referencia, el antiguo límite nacional para automovilistas era de 0,5 g/l, mientras que la normativa de Alcohol Cero al volante prohíbe la circulación con cualquier nivel de alcohol en sangre en rutas nacionales y en numerosas jurisdicciones del país.
La cifra detectada en Apóstoles resulta particularmente grave porque supera ampliamente los umbrales asociados a un fuerte deterioro de los reflejos, la coordinación, la percepción del riesgo y la capacidad de reacción. La Agencia Nacional de Seguridad Vial advierte que el consumo de alcohol previo a la conducción constituye uno de los principales factores de riesgo de la siniestralidad vial y que los niveles altos de alcoholemia se asocian también con otras conductas peligrosas, como el exceso de velocidad o la falta de uso del cinturón de seguridad.
De acuerdo con el Observatorio Vial de la ANSV, existe riesgo extremo de terminar gravemente herido o perder la vida cuando la concentración de alcohol en sangre de quien conduce es igual o superior a 1,2 gramos por litro. En el caso registrado en Apóstoles, el resultado informado casi triplica ese umbral de riesgo extremo.
La intervención permitió retirar de circulación al conductor antes de que se registrara un siniestro. Tras el control, los efectivos procedieron a su detención y al secuestro preventivo del automóvil. El hombre fue trasladado y alojado en la Comisaría Primera de Apóstoles, mientras que el vehículo quedó depositado en el corralón municipal.
Más allá del caso puntual, el episodio vuelve a poner en foco una conducta que sigue apareciendo de manera recurrente en los controles viales y que constituye una de las principales preocupaciones en materia de seguridad vial. La conducción bajo los efectos del alcohol no solo aumenta la posibilidad de protagonizar un siniestro, sino que además agrava sus consecuencias.
Los estudios oficiales disponibles muestran que el problema no se limita a casos aislados. Un relevamiento de la ANSV y la Sedronar realizado en hospitales públicos del país detectó que el 25,1% de los conductores que ingresaron a guardias por siniestros viales había consumido alcohol en las seis horas previas al hecho. Es decir, uno de cada cuatro conductores siniestrados.
La misma agencia también señaló que, aunque la mayoría de los conductores reconoce que beber y manejar aumenta el riesgo de sufrir un siniestro, una proporción importante admite haber conducido bajo los efectos del alcohol. El problema, entonces, no es solo normativo: también está vinculado a hábitos sociales, percepción de impunidad y subestimación del riesgo.
En ese contexto, los controles de alcoholemia cumplen una función preventiva. No se trata únicamente de sancionar una infracción, sino de evitar que una conducta peligrosa termine en lesiones graves o muertes evitables. Cada conductor alcoholizado retirado de la vía pública representa un riesgo menos para el resto de la comunidad.
El caso ocurrido en Apóstoles expone esa dimensión preventiva. Un vehículo que circulaba en zigzag, en una zona urbana y con un conductor con 3,42 g/l de alcohol en sangre, configuraba una situación de peligro concreto. La intervención evitó que ese riesgo siguiera escalando.






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