Misiones comenzó a prepararse para un escenario climático que podría marcar con fuerza el segundo semestre del año. Según los análisis que maneja la Dirección General de Alerta Temprana, la provincia podría ingresar en una fase de El Niño extremo, con lluvias intensas en períodos cortos, vientos, granizo y riesgo de saturación de arroyos y sistemas de escurrimiento.
En diálogo con FM 89.3 Santa María de las Misiones, Luis Chemes, director de Manejo de Fuego y Emergencias Ambientales de la Dirección General de Alerta Temprana, explicó que las proyecciones ubican el período más sensible entre septiembre y noviembre, con precipitaciones que podrían superar los 600 milímetros, frente a un promedio histórico cercano a los 200 milímetros.
“Según todos los análisis que venimos realizando desde el Ministerio de Ecología, específicamente desde la Dirección General de Alerta Temprana, en el segundo semestre vamos a tener la presencia del fenómeno de El Niño, que traería aparejadas fuertes lluvias y vientos. Las lluvias se van a manifestar intensamente y en corto plazo”, señaló.
La advertencia se produce tras la conformación de una mesa de emergencia climática, activada por el Gobierno provincial junto a municipios, organismos del Estado, fuerzas de seguridad y Protección Civil. Chemes mencionó ese espacio como parte del trabajo preventivo iniciado, aunque remarcó que el punto central ahora es anticiparse en territorio y reducir riesgos antes de que las lluvias lleguen con mayor intensidad.
“Lo que se hizo fue comenzar a trabajar en conjunto, mancomunadamente, ante esta situación, con todos los elementos disponibles que se tienen”, dijo y sostuvo que la convocatoria estuvo dirigida especialmente a los intendentes de zonas más expuestas, en particular aquellos ubicados sobre el río Uruguay, donde existen antecedentes de crecidas y desbordes con impacto directo sobre comunidades ribereñas.
Chemes explicó que la geografía misionera obliga a mirar el fenómeno con especial atención. Recordó que la provincia tiene apenas un 10% de límite terrestre, vinculado con el norte correntino, y que el resto de su territorio está condicionado por grandes cursos de agua: el Paraná y Paraguay hacia un lado, el Uruguay y Brasil hacia otro, y el Iguazú en el norte.
Esa configuración, sumada a la gran cantidad de arroyos que atraviesan la provincia, puede generar complicaciones cuando las lluvias se concentran en poco tiempo. “Ante la presencia de fuertes lluvias, con la cantidad de arroyos que hay en toda la provincia, se pueden saturar todos los canales posibles de evacuación de agua”, advirtió.
El riesgo no se limita al interior profundo, por lo que pidió atención en ciudades y pueblos grandes, donde el escurrimiento depende de alcantarillas, desagües, canaletas y conductos que muchas veces llegan tapados o con escaso mantenimiento a la temporada de mayores lluvias.
“En las ciudades o grandes pueblos hay que limpiar todas las alcantarillas y, en lo que hace a la población, las canaletas y demás conductos que puedan llevar agua, porque de producirse lo que se estima que se va a producir, la intensidad y la cantidad van a superar la media”, remarcó.
Arroyos, granizo, viento y cosechas
Además de las lluvias, comentó que el escenario podría incluir granizo y vientos, dos factores que preocupan especialmente al sector productivo y que perjudicarían a “siembras o plantaciones y demorando, en muchos casos, la cosecha de cualquier producto que esté plantado” y remarcó que “en lo que hace a los arroyos, hay que despejarlos y estar atentos”.
El mensaje, insistió, es preventivo. Aunque todavía no se puede dimensionar con precisión la intensidad final del fenómeno, la Provincia considera necesario activar medidas antes de que el evento climático esté encima. “La prevención es fundamental. Sabiendo el fenómeno que se va a venir, aunque todavía no dimensionamos la intensidad, la prevención es fundamental”, sostuvo.
Según Chemes, el Gobierno provincial puso a disposición recursos humanos y materiales, en articulación con los municipios del interior, que suelen ser los más afectados por anegamientos, desbordes de arroyos y caminos interrumpidos.
“Nosotros activamos los 79 municipios y el Gobierno provincial puso a disposición todas las cuestiones materiales, vehículos y medios aéreos. Hay una prevención general, una toma de conocimiento total y una disponibilidad de medios en toda la provincia de Misiones”, afirmó.
También participan organismos nacionales y fuerzas con capacidad operativa para evacuación y asistencia. Entre ellos mencionó a Gendarmería, Ejército y Prefectura, que cuentan con elementos importantes para intervenir ante crecidas, aislamientos o traslados de familias.
Un fenómeno distinto al de 2014
El funcionario comparó el escenario que se proyecta con eventos anteriores, pero aclaró que no se trataría de una repetición exacta. Según dijo, el fenómeno previsto sería distinto al ocurrido en 2014 y otros años, porque estaría atravesado por una mayor intensidad vinculada al cambio climático.
Para explicar la situación regional, mencionó que mientras el norte de Brasil atraviesa condiciones de seca, el sur enfrenta un escenario asociado a El Niño, con situaciones ya muy intensas. Según Chemes, Brasil tomó recaudos ante esos eventos, y Misiones busca hacer lo mismo.
“Lo que nosotros no queremos es llevar una situación extrema a la población. Es un fenómeno distinto a lo ocurrido en 2014 y en otros años. Se va a dar con mayor intensidad, producto de un cambio climático y de un cambio en la atmósfera muy profundo”, señaló.
Como ejemplo reciente de esa mayor brusquedad atmosférica, recordó lo ocurrido en la zona de Moconá, donde se registró un cambio meteorológico abrupto que terminó con una fuerte granizada. También indicó que un episodio similar ya había ocurrido del otro lado de la frontera, en la misma línea con Brasil.
“Todos los fenómenos climáticos se están intensificando en algunos lados y demorando en otros, y eso lleva a este cambio tan brusco que podríamos llegar a tener”, explicó. Según las estimaciones actuales, la posibilidad de presencia del fenómeno en la región ronda el 61% para el segundo semestre .
Zonas vulnerables y la dificultad de evacuar
Uno de los puntos más complejos aparece cuando la prevención debe traducirse en decisiones sobre familias que viven en zonas expuestas. Chemes reconoció que muchas veces existe resistencia de los vecinos a alejarse de sus casas, aun cuando el riesgo aumenta. “La persona que tiene su terruño, como se dice, le cuesta mucho salir. Generalmente esas personas y esas familias están en condiciones precarias, después vuelven al sitio”, describió.
En ese marco, contó que durante las conversaciones preventivas también se habló de una posible reubicación a futuro de familias vulnerables, especialmente en la zona de El Soberbio, una de las áreas históricamente más sensibles ante crecidas del río Uruguay.
El antecedente más recordado en esa región fue el desborde del río Uruguay, que golpeó con fuerza a El Soberbio en años anteriores. Pero Chemes también recordó que las lluvias intensas pueden generar problemas lejos de la costa del Uruguay. Mencionó los episodios de 2014 y 2015 sobre la ruta nacional 12, cuando “el exceso de agua en los arroyos, sumado a la imposibilidad de desembocar en el Paraná por la saturación general del sistema, provocó cortes de circulación”. También recordó inundaciones en la zona de Capioví y áreas cercanas.
Recursos para la emergencia y una advertencia final
Chemes confirmó que, además del esquema preventivo, “va a haber un recurso destinado a la pronta acción para solucionar los problemas que vayan ocurriendo”, afirmó. Sobre la continuidad del trabajo, señaló que no necesariamente hay una próxima reunión formal definida, pero que todos los actores ya quedaron comunicados y articulados para actuar si la situación lo requiere.
Además, insistió en que no se busca generar alarma extrema, sino instalar una actitud preventiva frente a un escenario climático que puede complicarse. Para eso, pidió que municipios y vecinos actúen antes: despejar arroyos, limpiar alcantarillas, revisar canaletas y no minimizar las alertas.
Finalmente, insistió con que “no hay que subestimar nada de las condiciones climáticas, porque ha cambiado mucho no solo la región, sino el mundo. Pasamos del frío al calor en menos de 10 horas y viceversa”.









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