Después de más de un siglo marcado por el horror, Brasil cerró definitivamente las puertas del Hospital-Colonia de Barbacena, el manicomio más infame de su historia, donde unas 60.000 personas murieron por hambre, frío, enfermedades y abandono durante el siglo XX. El último gesto fue simbólico y profundamente reparador: colocar un candado en la entrada principal y trasladar a los 14 sobrevivientes que aún vivían allí hacia nuevos hogares comunitarios.
El cierre definitivo ocurrió este lunes en la ciudad de Barbacena, en el estado de Minas Gerais, conocida durante décadas como “la ciudad de los locos”. El antiguo hospital psiquiátrico, fundado en 1903, se convirtió con el paso de los años en un verdadero depósito humano donde eran enviados no solo pacientes psiquiátricos, sino también alcohólicos, prostitutas, homosexuales, madres solteras, personas rebeldes e incluso ciudadanos considerados “indeseables” por sus familias o por la sociedad. Muchos de ellos ni siquiera padecían enfermedades mentales.
“Es un momento de reparación histórica, de colocar un candado definitivo en esta historia de dolor”, expresó Bento, uno de los sobrevivientes, durante el acto de cierre citado por medios brasileños.
El hombre que no soporta usar ropa
Entre los últimos trasladados se encuentra un paciente identificado ficticiamente como Marcos, internado desde los 10 años. Décadas de abandono y violencia dejaron secuelas devastadoras: no tolera usar ropa ni zapatos, rechaza el contacto físico, no habla y apenas interactúa con otras personas.
Las autoridades sanitarias cambiaron nombres y detalles personales para preservar la identidad de los sobrevivientes, pero sus historias reflejan el nivel de destrucción humana provocado por el sistema manicomial brasileño.
Amanda, por ejemplo, fue internada a los 13 años por tener “ataques de rabia” y ser hija de una madre soltera. Simone pasa sus días en silla de ruedas con episodios agresivos repentinos. Gabriel, ciego, se comunica cantando.
Ahora todos vivirán en residencias terapéuticas ubicadas en zonas rurales de Barbacena, bajo atención profesional y en un entorno mucho más humanizado.

Un “campo de concentración” en Brasil
El Hospital-Colonia funcionó durante décadas bajo condiciones extremas. Miles de internos vivían hacinados, desnudos, sin agua potable y alimentados con comida en descomposición. Dormían juntos para soportar el frío y eran sometidos a electroshocks, lobotomías y castigos físicos.
El hospital llegó a tener cementerio propio, aunque muchos cadáveres ni siquiera fueron enterrados. Se estima que unos 2.000 cuerpos fueron vendidos a universidades para estudios anatómicos.
La magnitud del horror quedó expuesta internacionalmente en 1979, cuando el psiquiatra italiano Franco Basaglia visitó el lugar y lanzó una frase que conmocionó al país.
“Hoy he estado en un campo de concentración nazi. En ningún lugar vi algo así”, declaró.
Sus palabras impulsaron reformas profundas en el sistema psiquiátrico brasileño y aceleraron el cierre progresivo de los grandes manicomios.
El libro que rescató la memoria
Durante años, la tragedia de Barbacena permaneció prácticamente olvidada. Sin embargo, la periodista brasileña Daniela Arbex reconstruyó la historia en el libro Holocausto brasileiro, una investigación basada en testimonios de sobrevivientes, enfermeros y antiguos trabajadores del hospital.
La obra reveló que cerca del 70% de los internos no padecía trastornos mentales y que la mayoría de las víctimas eran personas negras y pobres.
El impacto del libro fue enorme y posteriormente derivó en una docuserie televisiva que volvió a poner el tema en debate público.
Actualmente, dentro del antiguo predio funciona el Museo de la Locura, un espacio dedicado a preservar la memoria de las víctimas y recordar uno de los episodios más oscuros de la historia contemporánea de Brasil.
El cierre definitivo del Hospital-Colonia simboliza así mucho más que el fin de un edificio: representa el cierre de una herida histórica que durante décadas permaneció abierta.
Fuente: El País







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