Karyna González
Fundadora de Spacio Mujer
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Vivimos en una época donde pareciera que las mujeres tenemos que poder con todo. Ser fuertes. Productivas. Inspiradoras. Imparables. Y entre frases virales, memes y canciones pegadizas apareció esa famosa idea de que “las mujeres no lloran, las mujeres facturan”. Pero seamos honestas… Las mujeres sí lloramos, y mucho. Lloramos de cansancio. De frustración. De miedo. De impotencia. De estrés. De sentir que no llegamos a todo. De sostener demasiado tiempo siendo fuertes para todos. Lloramos cuando un proyecto no sale. Cuando las cuentas no cierran. Cuando sentimos que damos más de lo que recibimos.
Cuando dudamos de nosotras mismas, aunque afuera parezca que tenemos todo bajo control. Porque emprender no es solo sacar fotos lindas, vender o subir contenido motivacional. Emprender también es atravesar tormentas emocionales mientras intentas seguir funcionando. Y ahí está la verdadera fortaleza: No en no llorar. Sino en secarte las lágrimas y seguir. Seguir apostando a tus sueños incluso cuando el ánimo tambalea. Seguir creando, aunque haya miedo. Seguir levantándote aun en esos días donde lo único que querías era apagar el mundo un rato.
Las mujeres que emprenden no son de acero, son maravillosamente humanas y quizás el problema nunca fue llorar, sino el problema fue hacernos creer que mostrar sensibilidad era debilidad, en un tiempo donde a muchas les ha tocado desarrollar el rol de hombre proveedor por las circunstancias que fuera y asumimos como propia la frase de los hombres no lloran.
Pero no hay nada más poderoso que una mujer que siente profundamente… y aun así no abandona su propósito. Porque sí, lloramos, pero también resolvemos, creamos, inventamos, trabajamos, cuidamos, sostenemos y volvemos a empezar las veces que haga falta. Hay días donde facturamos y otros donde simplemente sobrevivimos emocionalmente y ambas cosas merecen reconocimiento.
Entonces quizás la frase debería ser otra: “Las mujeres lloran, pero no dejan de creer en ellas”. O quizás: “Las mujeres lloran, sanan, se reinventan y también facturan”.
Porque al final, la verdadera fuerza no está en aparentar perfección, está en seguir mirando hacia adelante sin perder el propósito. Y eso, querida, también es éxito.









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