Las imágenes de la ciudad que el comerciante Pedro Uzulak comenzó a captar con la llegada de la pandemia actuaron como una “gran ventana” por la cual los demás obereños observaban lo que pasaba afuera, mientras la mayoría acataba la cuarentena. Es que su espíritu inquieto impidió que se quedara en casa por varios días. Fue así que tomó su celular y comenzó a tomar fotografías y a disfrutar del verde, a pesar de las advertencias que provenían desde el móvil policial que patrullaba la zona, para que regresara a su hogar. Con el material que iba reuniendo y con el propósito de “mostrar a Oberá al mundo”, creó la página “Oberá en Fotos”, que fue creciendo paulatinamente, sumando “me gusta”, con la aprobación de los amigos y de la población en general. “No soy fotógrafo, pero desde mi lugar trato de documentar todo: la parte social, la parte cultural, la parte deportiva, la parte literaria. Me vinculo a la Junta de Estudios Históricos, al Rotary Club, al Club de Leones. Estoy en la Fiesta Nacional del Inmigrante y, ahora, en la organización de los 100 años de Oberá, que será en 2028. Tomo con mucha seriedad y responsabilidad todo esto que hago, y mis fotos recorren el mundo. Si bien lo hago con un celular, varias personas me dijeron que tengo un buen ojo”, manifestó quien, a raíz de su “hobby” comenzó a obtener menciones, premios, reconocimientos, también a nivel municipal y de la Cámara de Representantes.
Este hombre, que se siente “orgullosamente obereño”, aseguró que “se abren muchas puertas cuando tomás todo con seriedad y con respeto hacia todos. Tengo una buena relación con el municipio, con la prensa, con muchísimas personas con las que te vas vinculando y vas ofreciendo cosas. Para mí es muy gratificante lograr el reconocimiento de la gente, en el fondo que creo que todos apuntamos a eso”.

A modo de ejemplo, contó que, cuando Oberá fue declarada “Capital de la Paz”, comenzó un trabajo que le demandó dos años. “Fotografié todos los lugares de fe de la ciudad ya que Oberá es conocida por la cantidad de templos, iglesias. Dos años tardé en ir iglesia por iglesia para mostrar al mundo todo lo que tenemos, al igual que todas las plazas y todas nuestras plazoletas que tienen esculturas. Recorrí cada uno de estos espacios mostrando. Si bien el trabajo es extenso y va a ser largo porque hay mucho por mostrar, es muy gratificante”, manifestó. Todos los días hay algo para hacer. “Si bien vivo de lo que hago, de mi trabajo en el rubro neumático, parte de mi tiempo lo dedico a Oberá en Fotos. Ahora estoy incursionando en el mundo del dron, que compré para mostrar la ciudad y los alrededores desde el aire. Tengo todo estructurado, hago una cosa a la vez, muestro una cosa a la vez”, detalló quien es nieto de inmigrantes ucranianos, además de tener sangre polaca y rusa, “de gente muy trabajadora”.
Reconocido jugador de básquetbol, lleva un registro de las miles de imágenes tomadas en este tiempo pero, además, “gracias a Dios tengo una memoria excelente y si veo una foto mía en portales o diarios, enseguida la identifico. Todos las ocupan y me parece perfecto, están en libros y en portadas. Pero me molesta cuando sacan de contexto o las recortan. Tengo una pequeña marca de agua, porque todos los que se dedican a esto saben que detrás de una imagen hay una buena caminata”. Lo conectan de otros países. Recientemente una pintora que vive en Miami, “me pidió autorización para ocupar unas fotos de Misiones para hacer un óleo, propósito que me pareció excelente. Desde Paraguay, Uruguay, me invitaron para hacer algo similar en sus localidades, pero como siempre digo: soy orgullosamente obereño, tengo mucho por hacer y mucho por mostrar acá, mucho por agradecer también”.

El costado solidario
En lo que respecta a la solidaridad también se hace en un montón de cosas. Como siempre lo encuentran caminando, la gente le empezó a entregar ropas, muletas, sillas de ruedas, que, “con un grupo de chicos que trabaja conmigo, empezamos a prestar a la gente necesitada. Cedemos algunas cosas a quienes tienen problemas de salud, de movilidad, por eso digo que ‘Oberá en Fotos’ abarca un montón de aspectos”.
En ocasiones, “me dicen que no cuente las acciones. A veces elijo contar todas las cosas para llegar a la gente. Y me escriben personas que necesitaban mucho, que llegué en el momento indicado. Cierto día me encontré con un chico con ataques de epilepsia, que fue abandonado por la madre y no tenía quien llame al hospital. Y así, de repente, uno se hace cargo de un montón de cosas para las que no está preparado. Entonces hay que buscar los canales o hacer el puente para llegar, por ejemplo, al municipio, que tiene los medios para brindar ayuda al que necesita”.

Y como esa, hay un montón de historias. “Voy mucho a la Fundación del Padre Guillermo Hayes, que le invito a la gente que conozca. El Jardín Bíblico es una obra única en Latinoamérica. Todos tendrían que visitarlo, más aún en la Semana Santa. Ellos albergan al Hogar Santa Teresita, hay chicos abandonados, está el hogar de ancianos. Esa parte me mueve muchísimo la fibra, llama a ser solidario y a tener empatía”. Confió que “aprendí a manejar mis tiempos porque a veces era tanto lo que tenía que hacer, entonces decidí tener un tiempo para mí, un tiempo para el trabajo, y para lo que hago. Igual a veces estoy hasta las 3 de la madrugada con el celular contestando mensajes a personas que necesitan trabajo, ayudando a emprendedores. Trato de hacer todo por mi ciudad”. Y, sin darse cuenta, se volvió una pieza imprescindible. “Trato de tener un perfil bajo, pero a su vez trato de mostrar y de contar porque para poder ayudar, tenés que hacerlo. Lo cierto es que me manejo con muchísimo respeto. Y es muy gratificante”.
Sin apuros
Entiende que el mundo “va creciendo para bien a nivel tecnología, costumbres, léxicos y creo que tenés que ir creciendo junto, adaptándote a lo que es bueno y a lo que es malo. Pero no entro en la vorágine esa de ser atropellado. Tengo mis tiempos, saco mis propias conclusiones, trato de ser pensante”. Sobre las redes sociales, opinó que “si las sabes ocupar, son muy buenas, te sirven para un montón de cosas, pero mal ocupadas pueden generar inconvenientes. Por la cantidad de gente que me sigue, cualquier cosa que ponga, llegas a muchas. Hago fotos con mi celular, no trabajo con inteligencia artificial, ni computadora”.
Respecto a su proyecto, señaló que “va a seguir y no sabe hasta dónde. Siempre digo: mientras pueda ayudar, mientras mis piernas me trasladen y mi mente esté lúcida, voy a seguir, no tengo un límite, le doy para adelante y voy por más. Siempre me reinvento. El dron es algo nuevo para mí, aunque tengo unas ideas que voy planificando para mostrar al mundo este lugar que para mí es único”.

En el acto por el Día Mundial de la Oración, “estaba un pastor, un sacerdote ruso, gente de distintas religiones, distintas etnias, distintas costumbres, todos en absoluta paz y armonía. En el Parque de las Naciones tenemos las casas de todas las colectividades, está la casa ucraniana y la rusa, cuando afuera están en guerra, acá están juntos. Esto es único en el mundo, por eso cuido muchísimo y trato que continúe así”, subrayó. A veces se queda hasta altas horas de la madrugada porque “me gusta la lectura, me gusta mucho escribir. Oberá en Fotos, con más de 80 mil seguidores, es todo lo que concierne a la ciudad, sin banderías, no permito el agravio ni la falta de respeto. Tengo mi página personal donde a veces opino de economía, de situaciones que me duelen, de gente sin trabajo, entonces escribo. En el Instagram me dedico a mostrar a Oberá. Y por ahí hago unos videos para TikTok. Voy avanzando a medida que me voy adaptando a la tecnología”. Pero sacando fotos se posesiona. “No me doy cuenta del paso del tiempo. Un domingo caminé diez kilómetros buscando imágenes. Quise tomar un curso de fotografía y un referente de la Facultad de Artes me dijo: no quiero llenarte de técnicas porque tenes un buen ojo. No me doy cuenta, me pongo a sacar fotos y las saco, las saco, no estructuro nada, trato que los que vean mis ojos sea un mensaje”, dijo quien se reconoce bastante perfeccionista.
Hijo dilecto
Uzulak nació en el centro de Oberá. Su padre, Pedro, era apostoleño, y su madre, Valentina Novosad, de Colonia Yapeyú. Con sus hermanas Susana y Rosa, participan de las actividades de la colectividad ucraniana. “Esta es una zona de inmigrantes y creo que toda la gente de antaño se dedica a mantener las tradiciones y la cultura, y eso está muy bueno”, subrayó.
Los estudios secundarios los cursó en el Colegio Linneo. Su idea era continuar una carrera terciaria, “pero me tuve que dedicar al negocio de los neumáticos, que viene de familia, y tiene 40 años. Gracias a Dios tengo trabajo, me va bien, y doy trabajo en esta época tan difícil”, acotó quien asegura ser feliz “con lo que hago. Sin ser soberbio, siento orgullo por mí. Cuando me miro al espejo, me gusta lo que veo”.





