El reciente incremento de siniestros viales en Posadas y otras localidades misioneras volvió a poner en discusión el consumo de alcohol al volante, especialmente después de varios casos donde esa combinación apareció como denominador común. En ese contexto, la jueza de Faltas de Posadas, Bettina Balbachán, sostuvo que el problema excede las normas y los controles y tiene raíces mucho más profundas: “El tránsito es un espacio ético y manejamos como somos”.
Durante una charla con la FM 89.3 Santa María de las Misiones, la magistrada analizó el escenario actual y advirtió que, pese a la vigencia del alcohol cero en Posadas desde hace una década, todavía persiste una fuerte naturalización social del consumo asociado a la conducción.
“El alcohol no es simplemente una bebida, es un símbolo cultural”, explicó Balbachán. “Representa amistad, brindis, festejo, compañerismo. Entonces no vamos a erradicar el alcohol del mundo social o familiar. Lo que sí tiene que resignificarse es la relación entre alcohol y conducción”.
La jueza insistió en que el debate no pasa únicamente por aumentar sanciones o endurecer controles. Según remarcó, las normas “por sí solas” no modifican conductas si no existe un proceso de conciencia social detrás.
“El Estado no puede brindar garantías solamente a través de una norma. Las normas interpelan, abren una brecha para que pensemos nuestra responsabilidad social, pero no cambian automáticamente las conductas”, sostuvo.
En ese sentido, dejó una de las definiciones más fuertes de toda la entrevista: “Manejamos como somos. El que es agresivo en la vida cotidiana maneja agresivamente; el que es cordial deja pasar al peatón. El tránsito refleja cómo convivimos socialmente”.
Balbachán consideró que muchas veces existe una expectativa exagerada sobre el alcance de las leyes, cuando en realidad el problema está ligado a patrones culturales profundamente arraigados. “Hay una responsabilidad que no puede venir solamente de los legisladores, del Ejecutivo o de los controles”, remarcó.
Entre la sanción y la desobediencia
La magistrada también se refirió al debate sobre el endurecimiento de penas y explicó que el alcohol cero forma parte de lo que definió como “punitivismo extremo”, basado en la idea de que sanciones más severas pueden disuadir conductas peligrosas. Sin embargo, advirtió que esa lógica también genera mecanismos de evasión social. Allí mencionó un fenómeno cada vez más extendido: los grupos de Whatsapp donde se avisan controles de tránsito.
“Todos sabemos que existen esos grupos y son nefastos”, afirmó. “El Estado pone más controles, más presencia, más lomos de burro y lo que aumenta son los mensajes avisando dónde están los operativos”.
Para Balbachán, esa conducta deja al descubierto una “brecha de desobediencia” entre las normas y la percepción social sobre ellas. “Muchas veces no sentimos las normas como propias o convenientes”, explicó.
La jueza señaló además que el problema no atraviesa únicamente a los jóvenes, como suele instalarse en el debate público. Por el contrario, sostuvo que el mayor consumo de alcohol al volante se observa en adultos.
“Los jóvenes, en muchos casos, tuvieron otra educación, cursos en las escuelas o ejemplos distintos. Pero si los adultos no damos el ejemplo, estamos en problemas”, expresó.
En esa línea, remarcó el peso que tienen las conductas familiares y sociales. “Los chicos aprenden mucho más de lo que hacemos que de lo que decimos”, dijo, y mencionó frases cotidianas que siguen funcionando como justificación social: “Son tres cuadras nomás”, “fue una cervecita”, “fue un ratito”. Incluso sostuvo que muchas veces quienes cuestionan esas conductas son vistos como “alcahuetes” o “botones”, mientras que la irresponsabilidad todavía mantiene cierto grado de aceptación social.
Controles, sanciones y el límite con la Justicia penal
Balbachán defendió además el trabajo de control que se realiza en Posadas y rechazó la idea de que exista falta de presencia estatal. “Hay muchísimos controles, muchísima presencia estatal, los etilómetros están calibrados y las herramientas existen”, afirmó.
Aclaró también que desde los juzgados de Faltas se actúa principalmente en la etapa preventiva, es decir, cuando todavía no hubo lesionados ni víctimas fatales. “Después ya estamos hablando de sede penal”, explicó.
Actualmente, la normativa prevé multas económicas crecientes según el nivel de alcohol detectado, suspensión de licencias y cursos obligatorios de seguridad vial. En casos de reincidencia reiterada incluso puede llegarse a la inhabilitación total para conducir.
“Muchas veces les digo a quienes vienen a hacer sus descargos que todavía estén hablando conmigo es una oportunidad. Porque la próxima vez podrían estar frente a un juez penal por haber lastimado o matado a alguien”, relató.
La magistrada también vinculó el consumo de alcohol con la sensación de invulnerabilidad que muchas personas experimentan al conducir. “El alcohol provoca euforia y sensación de invencibilidad. Parece que uno cree que nunca le va a pasar nada”, señaló.
Pese a las críticas y a los recientes accidentes, Balbachán reconoció que en estos diez años de alcohol cero también hubo cambios culturales positivos. Mencionó, por ejemplo, la aparición cada vez más frecuente del “conductor designado” en reuniones sociales, algo que antes prácticamente no existía.
“No estamos igual que hace diez años”, afirmó. “Pero el problema sigue apareciendo cuando creemos que la norma es una sugerencia y no una obligación”.
Y volvió a insistir sobre el núcleo de la discusión: “El componente que falta es cultural. El alcohol puede seguir siendo parte del mundo social, pero cuando una persona se sienta al volante debe abandonarlo completamente”.




