La relación entre la alimentación, el intestino y las emociones gana cada vez más espacio en el ámbito de la salud. En ese marco, la médica clínica Evelin Zamorano explicó que el bienestar mental no depende únicamente del cerebro, sino que está profundamente vinculado al funcionamiento del sistema digestivo.
Durante su micro “Pausa Antiestrés” en FM de las Misiones, la especialista abordó el rol de la microbiota intestinal, el conjunto de millones de bacterias que habitan en el intestino y que cumplen funciones clave más allá de la digestión. Según detalló, estos microorganismos participan en la regulación del sistema inmune, en los procesos inflamatorios y en la producción de neurotransmisores que influyen directamente en el estado de ánimo.
“Gran parte de la serotonina se produce en el intestino”, afirmó Zamorano, al remarcar que este neurotransmisor es fundamental para regular emociones como el bienestar, la calma y la felicidad. En ese sentido, sostuvo que lo que una persona come impacta de manera directa en cómo se siente, ya que la alimentación condiciona la composición de la microbiota.
La médica advirtió que cuando se produce un desequilibrio en estas bacterias, lo que se conoce como disbiosis, pueden aparecer síntomas como ansiedad, irritabilidad, cansancio, falta de energía o estados de ánimo bajos. Este fenómeno se explica a través del denominado eje intestino-cerebro, un sistema de comunicación constante entre ambos órganos.

“No todo lo que sentís empieza en tu cabeza, muchas veces comienza en el intestino”, señaló, al tiempo que destacó que esta conexión permite entender por qué ciertos hábitos alimentarios pueden influir en la salud emocional.
Frente a este escenario, la especialista subrayó que existen medidas simples para mejorar la microbiota y, con ello, el bienestar general. Entre las principales recomendaciones, mencionó priorizar el consumo de alimentos reales, ricos en frutas, verduras y fibras, evitando los productos ultraprocesados.
También destacó la importancia de incorporar alimentos fermentados como yogur, kéfir o chucrut, que aportan bacterias beneficiosas para el equilibrio intestinal. Finalmente, remarcó que el manejo del estrés resulta clave, ya que este factor también altera la microbiota y puede afectar tanto la salud digestiva como la mental.
De esta manera, el enfoque integral que vincula alimentación, emociones y hábitos de vida se consolida como una herramienta cada vez más relevante para comprender y mejorar la calidad de vida.





