El regreso de los créditos hipotecarios al sistema financiero argentino reactivó una expectativa largamente postergada: la posibilidad de acceder a la vivienda propia. Sin embargo, detrás del anuncio y de las simulaciones, aparece una pregunta incómoda: ¿están pensados para todos o solo para quienes ya tienen ingresos altos?
Los datos más recientes permiten trazar una respuesta con bastante claridad. Para financiar una propiedad de 100.000 dólares, el esquema actual exige no solo ahorro previo, sino también un nivel de ingresos que deja afuera a una parte mayoritaria de la población.
Según las simulaciones realizadas por Infobae sobre líneas del Banco Nación, el ingreso familiar necesario para acceder a un crédito se ubica entre $3,24 millones y $4,69 millones mensuales, dependiendo del plazo y de la relación del solicitante con la entidad bancaria. Incluso en el escenario más favorable -30 años de plazo y sueldo acreditado en el banco- el umbral sigue siendo elevado: más de $3,2 millones mensuales.
El contraste con la realidad salarial es evidente. El ingreso promedio formal en la Argentina ronda los $1,75 millones, lo que implica que, en la mayoría de los casos, es imprescindible contar con dos ingresos estables para calificar. El crédito, en ese sentido, no aparece como una herramienta de acceso masivo, sino como un instrumento condicionado.
El filtro invisible: ingresos, formalidad y estabilidad
El principal condicionante no es la tasa ni el plazo, sino el criterio de elegibilidad. El sistema establece que la cuota no puede superar el 25% del ingreso familiar, lo que automáticamente eleva el piso de acceso. A esto se suma otro requisito: los titulares deben demostrar al menos el 50% de esos ingresos, lo que reduce aún más el universo de potenciales beneficiarios.
El resultado es un esquema que privilegia a:
- Trabajadores formales
- Hogares con ingresos medios-altos o altos
- Familias con capacidad de sumar codeudores
Quedan afuera, en cambio, amplios sectores:
- Trabajadores informales
- Ingresos inestables o variables
- Hogares con un solo sostén económico
En términos estructurales, el crédito hipotecario vuelve, pero no necesariamente democratiza el acceso a la vivienda.
El otro gran obstáculo: el ahorro previo
A la exigencia de ingresos se suma una barrera inicial igual de determinante: el capital propio. El sistema financia hasta el 75% del valor de la propiedad, lo que obliga a contar con un 25% previo.
En una operación estándar, esto implica disponer de US$ 25.000, que al tipo de cambio actual representan más de $35 millones.
Este requisito refuerza la lógica de acceso selectivo:
- No solo hay que ganar bien
- También hay que haber podido ahorrar en un contexto inflacionario
Más plazo, menos cuota… pero no más acceso
Una de las variables que permiten ajustar el ingreso requerido es el plazo. A mayor cantidad de años, menor cuota inicial. Pero el alivio es relativo.
Extender el crédito de 20 a 30 años reduce la cuota, pero no cambia de manera sustancial el umbral de ingreso necesario. El problema, por lo tanto, no es solo financiero: es estructural.
Además, el sistema UVA introduce otro factor de incertidumbre: las cuotas se ajustan por inflación, lo que implica que el esfuerzo económico puede variar a lo largo del tiempo.
¿Un crédito para pocos?
El panorama actual deja una conclusión clara: los créditos hipotecarios volvieron, pero no lo hicieron para todos.
En un contexto de salarios deprimidos, informalidad laboral y dificultades para ahorrar, el acceso queda concentrado en sectores que ya parten de una posición relativamente sólida.
Esto no invalida la herramienta. El crédito sigue siendo clave para dinamizar el mercado inmobiliario y ofrecer una alternativa al alquiler. Pero sí obliga a revisar su alcance real.
Porque en la práctica, más que resolver el problema de acceso a la vivienda, el sistema actual parece administrar quién puede y quién no puede llegar.
El desafío de fondo
El verdadero desafío no es solo reactivar el crédito, sino ampliar su base de acceso. Eso implica:
- Mejorar los ingresos reales
- Reducir la informalidad
- Generar mecanismos de financiamiento más inclusivos
Mientras eso no ocurra, la pregunta inicial seguirá vigente. Y la respuesta, por ahora, es incómoda: los créditos hipotecarios están disponibles, pero no necesariamente al alcance de todos.
Fuente. infobae.com





