Solo si se consideran las inasistencias de los alumnos -un promedio de 30 por año en Argentina- los estudiantes pierden esas jornadas de clases, es decir el 16% del total del calendario escolar de 190 días.
El ausentismo de los docentes, las malas condiciones de las escuelas y el incumplimiento de los calendarios escolares agravan la pérdida del tiempo en la escuela en el país. A su vez, la falta de sistemas de monitoreo y de datos públicos a nivel nacional impide dimensionar con precisión el problema y obstaculiza el diseño de políticas focalizadas.
En Argentina los estudiantes faltan a la escuela alrededor de 30 días por año. La cifra implica que, a lo largo de la educación primaria, un alumno pierde en promedio el equivalente a un año completo de escolaridad. A lo largo de toda la educación primaria, los estudiantes pierden un promedio de 195 días de clase.
Los datos surgen del informe “Tiempo escolar: evidencia internacional y diagnóstico para la Argentina” elaborado por Cecilia Veleda (CIPPEC), Tomás Besada y Martín Nistal (Argentinos por la Educación). El documento sistematiza evidencia internacional sobre la relación entre el tiempo escolar y los aprendizajes, y presenta estadísticas de Argentina a partir de datos de evaluaciones como Aprender y PISA, calendarios escolares provinciales y relevamientos provinciales disponibles.
Tiempo escolar, condición para el aprendizaje
El estudio advierte que el tiempo escolar es una condición central para el aprendizaje. Sin embargo, en Argentina el tiempo efectivo de clase se ve afectado por múltiples factores: el ausentismo estudiantil y docente, los paros, las suspensiones de clases por problemas climáticos o de infraestructura y otras interrupciones del calendario escolar que reducen las oportunidades reales de aprendizaje.
Solo tres jurisdicciones -CABA, provincia de Buenos Aires y Mendoza- ponen estos datos a disposición y a partir de ellos, los autores estimaron la magnitud del ausentismo estudiantil en primaria. Los calendarios escolares establecen entre 185 y 190 días de clase al año. Sin embargo, los datos disponibles muestran que los estudiantes faltan cerca de 30 días anuales, lo que reduce el tiempo efectivo de escolarización a unos 155 días. Esto implica una pérdida cercana al 17% del tiempo previsto.
Al mismo tiempo, la mayoría de las jurisdicciones del país aún no publica este tipo de información, lo que limita la posibilidad de contar con un diagnóstico completo a nivel nacional.
Impacto acumulado
El impacto se acumula a lo largo de la trayectoria escolar: si ese nivel de inasistencias se mantiene durante toda la primaria -6 o 7 años, según la jurisdicción-, los alumnos pierden aproximadamente 195 días de clase, es decir, el equivalente a un año completo.
El informe muestra que el ausentismo estudiantil es percibido como el principal problema por los directores de escuelas primarias, por encima de otros factores como las dificultades de convivencia o la falta de recursos pedagógicos. De acuerdo con las pruebas Aprender 2023 de 6° grado, el 49,3% de los directores lo considera el factor que más afecta los procesos de enseñanza y aprendizaje.
Las ausencias y los paros docentes también afectan de manera significativa el tiempo de enseñanza. En 2024, el promedio nacional fue de 13 días de paro, con fuertes diferencias entre provincias. Solo en 2025, en Misiones, el FTEL y el MPL convocaron a más de 60 jornadas de paro.
Además, según datos de PISA 2022, Argentina se ubica entre los cuatro países donde el ausentismo docente es percibido como una problemática: el 48,9% de los directores argentinos considera que limita el aprendizaje. En solo en 3 de los 81 países se registran porcentajes mayores.
“Hay que garantizar el uso efectivo del tiempo en el aula”
Para los autores del informe “Tiempo escolar: evidencia internacional y diagnóstico para la Argentina”, aumentar el tiempo de clase puede mejorar los aprendizajes, especialmente en contextos vulnerables, pero advierten que no alcanza con ampliar el calendario: es necesario garantizar el uso efectivo del tiempo en el aula. “Proteger el tiempo de aprendizaje tiene que ser una responsabilidad compartida y urgente. El informe invita a seguir trabajando por una alianza entre la escuela, la familia y el Estado para fortalecer y proteger el tiempo de oportunidad que brinda la escuela”, sostuvo Cristina Carriego, doctora en Educación y profesora de la Universidad Torcuato Di Tella.
“Las escuelas deben ofrecer experiencias enriquecedoras y considerar estrategias preventivas y paliativas frente a las ausencias de los estudiantes. El Estado debe fortalecer redes de apoyo que conecten la educación con la salud y el desarrollo social para que ningún contexto de vulnerabilidad robe a las infancias y adolescencias el derecho a estar presentes”, agregó.
“No podemos no hacer nada”
“No tenemos muchos consensos en nuestra sociedad. La escuela es el dispositivo que diseñamos para transmitir algunos conocimientos que todas las personas consideramos claves: por ejemplo, leer, escribir, manejar números, aprender de nuestra historia, desarrollar pensamiento crítico, aprender a convivir con otros. Podemos abrir muchas discusiones sobre cuán bien o mal estamos logrando cada uno de estos hitos. Pero si pretendemos lograrlos, no podemos no hacer nada cuando cada alumno de primaria pierde ¡un año! de clases”, señaló Andrea Goldin, investigadora del Conicet y de la Universidad Torcuato Di Tella.
“El tiempo escolar debe analizarse más allá del calendario oficial, enfocándose en el tiempo real en el aula. El ausentismo de estudiantes y docentes es uno de los principales obstáculos para el aprendizaje sostenido”, opinó Paulina Calderón, exministra de Educación de San Luis.





