Dra. Marcela Campias Whatapp: 3764413607
Av. Tambor de Tacuarí 332
Con un: “Doy gracias a Dios” comenzó la consulta Esther de 54 años. Ingresó al consultorio con una postura erguida, firme, buscando sentirse mejor. Le recomendaron tratamientos de Medicina Orthomolecular para fortalecerse, tras una cirugía y tratamiento de cáncer de colon.
Comenzamos su historia con el relato que fue marcando diferentes situaciones que pasó en su vida. Difíciles, donde desde niña fue marcada por abuso, fallecimiento de un hijo, divorcio, pérdidas económicas importantes, que la obligaron a sobrellevar cada época con más y más pruebas. Pero luego, al comentarme sobre su proceso donde se detectó cáncer de colon y todo lo que ahora enfrentaría, dijo: “Agradezco a Dios por esta situación”, es que ella creía que ya lo había vivido todo y ahora podría empezar “a tener calma en mi vida”.
“Me había alejado de toda posible creencia en su camino y protección. Me sentía tan sola y alejada de Dios, que no estaba para mi presente en nada. Vivía pensando que había sido una palabra más de las aprendidas en mi vida. Sentía rabia, injusticia y bronca constantes. Minimicé la anemia y los cambios evacuatorios porque creía que era todo pasajero, no escuchaba los signos y síntomas”.
Tomaba alguna que otra vitamina que a otros les habían hecho bien y seguía. No iba de cuerpo y nunca tomó el tiempo para registrarlo y hacer algo al respecto.
Atrasó los controles, vivía en piloto automático, cuando al fin se sometió a los controles, estudios, toma de biopsia, “me shockeó”. Primero pensó: “ya está, estoy harta de vivir, pero luego cedí, no por mí, sino por el pedido de mi hijo y pensé, otra vez lo hago por otros. Yo ya no quiero vivir más”. Se operó y compartió habitación con Elena, (nombre ficticio), con una historia de vida que parecía una película. “Ella con esa calma, esa sonrisa, esa paz que envidié”.
Era una persona muy creyente y escuchó una y otra vez a quienes llegaban a visitarla y “orar por mí también”. Por respeto, pero sin fe ella los escuchaba, hasta que tuvo una complicación, la volvieron a intervenir. Apareció una amiga que siguió visitándola, y comenzó la quimio. Afianzó una amistad con Elena. Se reencontró con Dios que la fortaleció.
Hoy vive en el agradecimiento y encontró tranquilidad para comprender que se vive un día a la vez. Yo la escuchaba mientras se hacía sus tratamientos, como reía y se la veía tan distendida, pude reafirmar que, cuanto antes nos saquemos esas mochilas tan pesadas que cargamos, mejoraremos nuestra mirada. Vivir el presente, agradecer y disfrutar. Feliz y bendecida semana.








