Jerusalén atraviesa horas de relativa calma tras la primera semana de tregua luego de 47 días de alta tensión por la guerra con Irán en Medio Oriente.
“El cese al fuego vigente no logra disipar del todo la incertidumbre que hay en la población; por mi parte ya volví al trabajo presencial y estos días me tocó hablar con los clientes. La sensación es de pausa. La tensión sigue latente, es cierto, pero hay más optimismo. Parece como que estamos terminando la guerra, es como un ‘ok, llegó la tregua, disfrutemos’; aunque también sabemos que repentinamente puede cambiar todo de nuevo”, relató a PRIMERA EDICIÓN el joven misionero Matías Cohen, residente en Israel, según quien, sobre el terreno, se intenta mantener la normalidad (celebrando incluso casamientos) pese a que la amenaza de Irán y de Hezbolá es una “sombra permanente”.
“Estos días las sirenas han dejado de sonar en algunas zonas del Sur en Jerusalén, así y todo la posibilidad de una nueva escalada sigue presente por la guerra con el grupo terrorista Hezbolá, que hasta el día de hoy sigue mandando misiles y drones”, advirtió.
Sin embargo, con evidente tono optimista, insistió con que “la vida cotidiana comienza a normalizarse, las escuelas están abiertas, los comercios en funcionamiento y una mayor circulación de vehículos y personas en las calles”.

Hay que recordar que la guerra, iniciada a fines de febrero, tras ataques coordinados de Estados Unidos e Israel contra Irán, derivó en una escalada de represalias con misiles y drones en distintos puntos de Jerusalén lo que obligó a sus habitantes a retomar la “rutina” de alertas de misiles y el uso frecuente de refugios. Tras el alto al fuego alcanzado hace una semana, Matías explicó que los enfrentamientos indirectos persisten, principalmente en el norte de Israel, por parte del mencionado grupo terrorista.
“Si bien en el Norte siguen recibiendo misiles, la sensación es muy parecida a la que vivimos cuando se levantó el aislamiento por el COVID: nos dijeron que comenzó una tregua y automáticamente la gente volvió a su vida normal, aunque la paz sigue bajo amenaza”, acotó.
Consultado sobre cómo transcurrieron los días más intensos del conflicto, el joven posadeño contó que la población debió adaptarse nuevamente a una dinámica marcada por las alarmas constantes.
“Nuestras madrugadas se veían interrumpidas por sirenas. Las corridas hacia los refugios y las explosiones de intercepciones formaron parte de nuestro día a día. Fue intenso pese a que Jerusalén fue la menos afectada por los bombardeos, pero aquí hubo fuertes impactos sonoros de misiles cuando eran interceptados, recuerdo uno particularmente fuerte. También era difícil tener que levantarse de madrugada para ir al búnker y esperar hasta que llegue el aviso de que ya se podía salir para tratar de dormir otro poco y que después que te vuelva a sonar el celular con un nuevo alerta”.
“Si por ejemplo el misil está dirigido al barrio donde estás viviendo no solamente llega el aviso al celular, también suenan las sirenas del barrio, y hay como más tensión”.
Víctimas, daños y capacidad de “adaptación”
En la charla con este Diario, el posadeño, quien eligió mudarse a vivir en Jerusalén a finales de 2019, reconoció que el conflicto dejó consecuencias directas en la población civil: “En distintas ciudades israelíes se reportaron víctimas fatales y daños materiales, producto tanto del impacto de misiles como de la caída de fragmentos tras las intercepciones. Algunos ataques incluyeron armamento de fragmentación, lo que incrementó el alcance destructivo”, describió.
“De todas maneras -reconoció- comparando mi experiencia del año pasado con la guerra de 12 días contra Irán, en la que sentí más miedo e inquietud, puedo decir que en la de ahora yo me sentí mucho más tranquilo. En aquella oportunidad no sabía bien qué hacer”.
Hay que recordar que los enfrentamientos comenzaron el 28 de febrero último y hoy se cumplen 47 días desde el inicio de las hostilidades. En paralelo a la relativa calma en algunas zonas, se intensifican los movimientos diplomáticos, aunque las perspectivas de éxito son limitadas.





