El pluriempleo dejó de ser una excepción para convertirse en una necesidad creciente en Misiones y en toda la Argentina. La combinación de salarios deteriorados, inflación persistente y aumento del costo de vida empuja a cada vez más trabajadores a buscar un segundo ingreso para sostener su economía familiar.
“Hoy el salario no alcanza. Hemos perdido más del 40% del poder adquisitivo y los aumentos que se otorgan son insuficientes”, afirmó la secretaria general de ATE Misiones, Miriam López, en diálogo con PRIMERA EDICIÓN. La dirigente describió un escenario donde incluso quienes tienen empleo formal deben recurrir a otras actividades para llegar a fin de mes.
Según explicó, el fenómeno se viene profundizando desde el año pasado y ya forma parte de la vida cotidiana de muchos trabajadores estatales. “Hace tiempo que vemos que los compañeros hacen múltiples tareas. Venden comida, artículos de limpieza, participan en ferias. No es una elección, es porque no llegan”, sostuvo.
El crecimiento del pluriempleo también encuentra respaldo en datos nacionales. Un informe reciente del Ieral de la Fundación Mediterránea reveló que más de 3,7 millones de trabajadores en Argentina -casi el 18% de los ocupados- buscan otro empleo o más horas de trabajo. Si se suman los desocupados, la presión total sobre el mercado laboral alcanza al 24% de la población económicamente activa.
El estudio pone en evidencia que el problema ya no es únicamente la falta de empleo, sino la calidad de los puestos disponibles. Tener trabajo dejó de ser garantía de ingresos suficientes. En ese marco, el pluriempleo aparece como una estrategia cada vez más extendida para compensar salarios bajos o jornadas incompletas.
En Misiones, esta realidad golpea con fuerza en el sector público. López remarcó que incluso con ingresos mensuales asegurados, los trabajadores no logran cubrir sus necesidades básicas. “Para una familia tipo en esta región se necesitan alrededor de 2.200.000 pesos. La mayoría de los empleados públicos está muy lejos de eso”, advirtió.
Ante esta situación, desde ATE impulsaron iniciativas para contener a sus afiliados. “Habilitamos una feria para que los compañeros puedan vender lo que producen. Pero esto no es algo aislado del Estado, le pasa a toda la sociedad”, señaló.
El fenómeno del pluriempleo se da en paralelo con un proceso más amplio de precarización laboral. A nivel nacional, crecen la informalidad y las formas de empleo inestables, mientras cae el trabajo registrado. En los últimos dos años, incluso aumentó la cantidad de monotributistas, reflejando un mercado laboral más frágil y con menos derechos.
“El problema es que ya ni siquiera se discute la regularización laboral. Antes teníamos mesas sectoriales para mejorar la situación de los precarizados. Hoy eso está totalmente frenado”, cuestionó López, quien también alertó sobre expedientes paralizados y la falta de ingresos en áreas clave del Estado.
El contexto económico general agrava el escenario. La caída de la actividad, el cierre de empresas y la pérdida de empleo formal generan un efecto dominó que impacta directamente en los ingresos de los hogares. En algunos sectores, más del 60% de los trabajadores ya depende de un segundo empleo.
Pero más allá de los números, el impacto también es social. “Estamos viendo situaciones muy duras. Familias en crisis, gente que no puede cubrir lo básico. Aparece el trueque, vuelven las ferias. Son formas de sostenerse, pero también muestran lo mal que estamos”, describió la dirigente.
El informe del Ieral coincide en que el pluriempleo es una señal clara del deterioro estructural del mercado laboral argentino. Afecta especialmente a jóvenes y mujeres, y evidencia que el desafío ya no pasa solo por generar empleo, sino por mejorar su calidad y nivel de ingresos. De cara al futuro, López fue categórica: “Si no cambia el rumbo económico, esto no va a mejorar. Al contrario, va a empeorar. No vemos un horizonte favorable para la clase trabajadora”.
En ese escenario, el pluriempleo se consolida como una radiografía de la crisis. Trabajar ya no alcanza. Y para miles de misioneros, tener más de un empleo dejó de ser una opción para convertirse en una necesidad.









