Rosanna Toraglio
Periodista- BioPsicoTerapeuta
[email protected]
“Si ahora sé lo que quiero ser, y asumo que lo soy, y camino como si lo fuera, me convierto en eso y al convertirme en eso muero tan completamente a mi concepto anterior de mí mismo que no puedo señalar ningún lugar en este mundo y decir: ahí es donde está enterrado mi antiguo yo. Morí tan completamente que desafío a la posteridad a que alguna vez encuentre dónde enterré mi antiguo yo”. – Neville (1948, Los Ángeles).
Hoy nos sumamos al reinicio divino de nuestro completo ser. Llegó el día en que nos despojamos de todo lo que nos daña, de todo lo que no es bueno para nuestro corazón, para nuestro cuerpo físico y principalmente para nuestra alma.
Sabemos que el cuerpo humano es la máquina más perfecta que jamás se haya creado, puede autorrepararse sin ayuda externa, y es lo que en los tiempos de Jesús él quería compartir.
La ciencia hoy confirma que, por ejemplo, las células del cuerpo se renuevan en diferentes tiempos, pero lo hacen. Así como generamos nuevas células, también tenemos la capacidad de generar nuevos pensamientos, reemplazarlos por los que no nos sirven y entonces, ¿por qué no logramos el cambio? Porque no conocemos realmente cuáles son los pensamientos que nos dañan, cuáles son los programas heredados que nos frenan, cuáles son los hábitos que no nos permiten dar el salto al cambio.
Cuando nos reconocemos, cuando nos autorreconocemos, tenemos que sumar la necesidad del cambio.
El deseo de cambiar es el más fuerte, es la verdadera decisión, es ese momento exacto en que “algo” en nosotros dice: “stop”, “basta”, “ya no quiero esto para mí”.
De la mano divina
Una vez que tomamos la decisión, esa que surge del corazón, todo comenzará a darse como por arte de magia.
Sé que dependemos de una fuente de energía más poderosa, está más allá de nosotros con la que nos conectamos cada vez que vamos a nuestro corazón.
En el silencio de 40 días, Jesús supo enfrentar sus desafíos, tomó más conocimientos, y pudo trasmitirlos.
En la actualidad, como a muchos nos cuesta ir al silencio durante tanto tiempo por razones obvias, nos envía cientos de herramientas para poder repararnos.
La mano divina es la que nos motiva a leer, a conocer, a escuchar, a tener las ganas suficientes como para dar el salto cuántico que deseamos, el salto que necesitamos dar para dejar atrás a ese antiguo yo y comenzar una nueva experiencia.
Como dice Neville Goddardt, “ahora sé lo que quiero ser” y vivo en función de eso, tanto así que cuando mire atrás ya no recordaré dónde ni cuándo me despojé de todo lo que me hacía daño.
¿Qué dejar atrás?
Un ejercicio que nos ilumina es el que hacemos antes de dormir con una pregunta clave para cada “preocupación”. ¿Qué tengo que hacer para cambiar tal o cual cosa? ¿Qué puedo mirar o estudiar para convertirme en una nueva versión de mí? Los días siguientes, estar atentos porque las respuestas llegarán de diferentes maneras.
Honrarnos diariamente
Nos quedamos atascados cada vez que nos aferramos a personas, recuerdos, rutinas e historias familiares que pertenecen a nuestra identidad pasada. Al pensar en los “viejos tiempos”, reaccionar de la misma manera o temer la pérdida de lo que es cómodo, mantenemos vivo al antiguo yo.
Hoy el cambio es revivir en nuestro nuevo Yo, sin mirar atrás. “Deja que los muertos entierren a sus muertos”, esto es lo que tenemos en manos.
Nosotros nos encargamos de vivir ahora, de ser nosotros mismos con nuestros deseos, gustos, sentimientos. Así disfrutarlos día a día, sin lamentarnos, con alegría y con la verdadera convicción de que contamos con todos los dones necesarios para llevar adelante la vida que realmente deseamos vivir. Al vivirla cumplimos con nuestra misión, al sentirla somos humanos en evolución. Crecemos, transmitimos y nos miramos al espejo como la mejor creación de Dios y honrarnos es nuestra acción diaria.
¡Felices Pascuas de Resurrección!








