En un movimiento que trasciende lo administrativo y se inscribe en una lógica de construcción de poder, la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, solicitó este viernes la renuncia indeclinable de su jefe de Gabinete, Leandro Massaccesi, tras conocerse su participación en una nómina de créditos hipotecarios otorgados por el Banco Nación a funcionarios públicos.
La salida no responde a una irregularidad técnica ni a una ilegalidad en la operatoria. El punto de quiebre fue político: Massaccesi había accedido a un préstamo cercano a los 420 millones de pesos, una cifra que, si bien se ajusta a las condiciones del sistema financiero, colisiona con el principio de austeridad que Pettovello busca imponer como marca de gestión.
Según fuentes oficiales, la ministra tomó conocimiento del caso tras la circulación de los listados en plataformas digitales y definió la remoción sin margen de negociación. El dato que terminó de sellar la decisión fue doble: por un lado, la ausencia de consulta previa del funcionario sobre el impacto político del crédito; por otro, el hecho de que se tratara del único préstamo dentro del ministerio otorgado ya en ejercicio de la función pública.
Austeridad como doctrina
La medida no puede leerse como un hecho aislado. En los pasillos de Capital Humano se la interpreta como una señal interna de disciplina: una reafirmación de la política de “tolerancia cero” frente a cualquier conducta que pueda ser percibida como privilegio en un contexto de ajuste.
El antecedente más cercano es el de Constanza Cassino, ex subsecretaria de Gestión Administrativa, apartada en octubre de 2024 tras la polémica por la compra de una cafetera de alto costo para su oficina. En ambos casos, el patrón se repite: no se sanciona una falta administrativa, sino un desalineamiento con el estándar político que la ministra considera innegociable.
Así, la austeridad deja de ser únicamente un mensaje hacia la sociedad para convertirse en un mecanismo de control hacia adentro del propio gabinete. La vara no está definida por la legalidad de los actos, sino por su impacto simbólico en un escenario donde el Gobierno exige sacrificios económicos a la ciudadanía.
Un margen cada vez más estrecho
La salida de Massaccesi también revela la fragilidad de las posiciones dentro de una estructura donde la estabilidad depende menos del desempeño técnico que del alineamiento absoluto con la conducción política.
El funcionario, hijo del exgobernador rionegrino Horacio Massaccesi, había asumido en agosto de 2024 en un contexto ya atravesado por tensiones internas. Su llegada se produjo tras la renuncia de Fernando Szeresesky -una figura de máxima confianza de Pettovello- y en medio de diferencias de influencia con el asesor presidencial Santiago Caputo.
Aunque contaba con el aval inicial de la ministra y era considerado un perfil de gestión, su permanencia nunca terminó de consolidarse. La controversia por el crédito terminó operando como detonante en un esquema donde los márgenes de error son mínimos.
Más que una renuncia
Con la salida de Massaccesi, el Ministerio de Capital Humano no solo pierde a su jefe de Gabinete: refuerza una señal política hacia dentro y fuera del Gobierno. La gestión de Pettovello busca diferenciarse mediante una austeridad que no admite zonas grises y que redefine los estándares de conducta para los funcionarios.
En ese marco, la renuncia deja una lectura más amplia: en la arquitectura actual del poder, la legalidad ya no alcanza como resguardo. La permanencia en los cargos depende de una condición más exigente y menos explícita: la coherencia absoluta con una narrativa de ajuste que no tolera fisuras, ni siquiera en el plano personal.
Fuente: Agencia de Noticias NA





