Todo lo que se ve, nace de lo que no se ve. De la misma forma que un árbol grande y visible en algún momento fue tan solo una semilla bajo la tierra, invisible para todos.
Vivimos en mundos paralelos: el mundo físico y visible y el mundo invisible formado por lo espiritual, mental y emocional.
Para que algo se vea en el plano físico, primero tuvo que haber sido imaginado (mental), deseado (emocional) y creído que sería posible (espiritual). Sin este mundo invisible, no existiría todo lo que vemos en el mundo visible.
¿Cómo lograr concretar en el mundo físico lo que deseamos?
Lo que une el mundo invisible con el mundo visible es creer que es posible.
Muchas veces pedimos a Dios o al universo lo que deseamos, y seguimos pidiendo una y otra vez porque creemos que no nos escuchó, solo porque no lo vemos en el plano físico.
Creer que es posible es pedir una vez y luego, aunque no lo veamos manifestado en el plano físico, creer que así será, tener certeza, y agradecer por lo que ya nació en el mundo invisible y se concretará mas adelante en el mundo visible.
Otro aspecto importante es entender que para que las cosas se manifiesten debemos pasar a la acción, entonces, en la certeza de que sucederá, actuamos como si ya lo hubiéramos conseguido.
No se trata de fingir, se trata de creer que lo que soñamos ya nació en el momento que lo pedimos, y solo falta tiempo para que se manifieste, pero ya es, ya existe y por tanto actúo como si ya estuviera manifestado.
Y finalmente es entender que el tiempo lo pone Dios, no es cuando queremos, es cuando es el momento.
Confiar en nuestro Dios, en su sabiduría infinita, es pedirle una vez y luego soltar el control, creer que a su tiempo, se manifestará.
Y es también que, si no llegara a manifestarse, tener la convicción de que “todo ocurre para mi bien” por lo que, si esto no se dio, algo mucho mejor sucederá. Ambos mundos existen en paralelo, juntos pero separados, solo la fe y pasar a la acción hace posible su unión.








