Enrique Santos Discépolo nació en el barrio porteño de Once el 27 de marzo de 1901. Huérfano desde los 11 años, cuando era pequeño quería dedicarse a la docencia, aunque más tarde desistió de esa posibilidad y cambió su vocación por la de actor.
Sus primeras experiencias actorales fueron en la compañía de Roberto Casaux (1917) y dos años después debutó en la agrupación de su hermano Armando con la obra “Los hijos mandan”.
Pese a este debut en las tabIas, Discépolo se inclinó desde un principio por escribir y dirigir guiones para teatro, a punto tal que antes de cumplir los 20 ya había concebido las obras “El señor cura” y “Páselo cabo”.
Ya por ese entonces, la desgarbada silueta de nariz puntiaguda y mirada obnubilada empezaba a sentir devoción por un ritmo musical que para él no era otra cosa que “una guiñada”.
“El tango es un sentimiento triste que se baila”, expresó para manifestar su amor por un género musical que le permitió cosechar grandes amigos como Homero Manzi, Aníbal Troilo o Celedonio Flores, entre otros grandes.

Hacia 1927, “Discepolín” ya era autor de “Bizcochito” (su primer tango, en 1924), “Qué vachaché” y “Esta noche me emborracho” (su éxito inicial) cuando conoció a la mujer con la que compartiría casi un cuarto de siglo: la actriz y cantante Tania.
Aunque Discépolo apenas escribió 50 tangos, la vigencia que aún alcanzan creaciones suyas como “Cambalache”, o “Yira yira” pone en relieve su ironía y ese estilo tan personal para retratar la vida cotidiana.
Carlos Gardel grabó casi todos sus primeros tangos. La versión gardeliana del 10 de octubre de 1930 de “Yira yira” figura entre los grandes momentos de la música argentina.
Discépolo también supo ser romántico en el vals “Sueño de juventud”, burlón en tangos “cómicos” como “Justo el 31” y “Chorra”, expresionista en “Soy un arlequín” y “Quien más, quien menos”, pasional en “Confesión” y “Canción desesperada” y un tanto nostálgico y elegíaco en “Uno” y “Cafetín de Buenos Aires”, ambas creaciones escritas conjuntamente con Mariano Mores.
A pesar de su adhesión al primer gobierno de Juan Domingo Perón (1946-1951), el artista encontró cierta oposición a raíz de su microprograma “Pienso y digo lo que pienso”, donde encarnaba al reflexivo personaje “Mordisquito”: durante 1949, todas las noches y por la Cadena Nacional de Radiodifusión, cuestionaba los valores éticos y morales de la época y cimentó su popularidad a través de un pensamiento que se sustentó en la descripción cruda de una realidad en crisis.
Estas críticas le valieron el desprecio de los intelectuales, quienes no toleraban su lenguaje popular y le dieron la espalda. Fue el principio del
fin: “Discepolín”, tan apegado a sus afectos, a esa sensiblería que le permitía idear personajes con valores y sentimientos nobles, poco menos que se dejó morir y falleció el 23 de diciembre de 1951.









