En un contexto donde las relaciones afectivas atraviesan cambios culturales y sociales profundos, sostener un vínculo de pareja se vuelve cada vez más desafiante. Sucede que en las dinámicas actuales, marcadas por la inmediatez y la comunicación digital, hay un impacto en la forma de relacionarse. A su vez, la llegada de un hijo puede transformar por completo la vida en común, obligando a reorganizar expectativas, roles y proyectos compartidos.
En diálogo con PRIMERA EDICIÓN la psicóloga Natalia Pino Roldán explicó que hoy las relaciones se desarrollan en un escenario de vínculos más frágiles y cambiantes. Según señaló, “estamos en una etapa de relaciones líquidas, donde los vínculos se diluyen muy fácilmente”, lo que hace que encontrarse con otro implique atravesar diferencias de historias, valores y hábitos que muchas veces generan desencuentros.
En ese sentido, advirtió que la dificultad para sostener conversaciones incómodas también forma parte del problema. “A veces cuesta decir cómo me siento o qué me pasa, y aparece esta tendencia a retirarse o evitar el conflicto”, indicó, al tiempo que ejemplificó que prácticas como el “ghosting” reflejan esa lógica de evasión que se repite tanto en jóvenes como en adultos.
La especialista explicó que las herramientas tecnológicas también influyen en estas dinámicas. “Hoy un celular en la mano da el poder de bloquear o cancelar al otro, y eso genera un vacío que muchas veces reemplaza la posibilidad de reparar un error o dialogar”, sostuvo, remarcando que ese patrón de anulación del otro se observa en distintas etapas de la vida.
Un proyecto de vida
Sin embargo, cuando la pareja comparte un proyecto de convivencia o hijos en común, la posibilidad de retirarse del vínculo no resulta tan simple. En ese contexto, Pino Roldán señaló que los adultos cuentan con mayores recursos para construir acuerdos: “Los adultos aún tenemos la capacidad de poder construir otras cosas diferentes y replantear el vínculo”.
La psicóloga también remarcó que el aumento de separaciones responde a cambios sociales y culturales. “Antes muchas parejas se sostenían bajo cualquier condición, pero hoy se comprende que no es necesario permanecer en vínculos violentos o donde uno no es feliz”, afirmó, y agregó que las transformaciones en la independencia económica y laboral, especialmente de las mujeres, influyen en esas decisiones.
Ver esta publicación en Instagram
Al mismo tiempo, explicó que algunas parejas buscan ayuda profesional para atravesar momentos críticos. “Muchas llegan al consultorio con la predisposición de reconstruir el vínculo incluso después de errores o infidelidades”, señaló, aunque advirtió que otras relaciones “se diluyen muy rápido pese a que llevaron mucho tiempo de construcción”.
En ese escenario, la llegada de un hijo representa uno de los cambios más profundos para la vida en pareja. “El hijo lo cambia todo, sobre todo para la mujer, porque es una crisis evolutiva y psicológica”, afirmó la especialista, quien destacó que la crianza implica reorganizar la estructura familiar.
De tal manera, “es una etapa que requiere dos adultos que se acompañen, porque la maternidad trae cambios físicos, emocionales y sociales, y el rol del padre debe ser el de acompañar y compartir ese proceso de paternaje”, concluyó.









