Este miércoles falleció Jorge Sergio “Coco” Camaño, una figura entrañable de la educación misionera, recordado por su extensa trayectoria como docente, supervisor, abogado y escritor, pero sobre todo por una vida atravesada por la enseñanza en tiempos y territorios donde ejercer la docencia era también una forma de resistencia.
Tenía 83 años y su partida generó pesar entre familiares, exalumnos, colegas, amigos y miembros de distintos espacios sociales y culturales de Posadas, donde su nombre estaba asociado no solo a la educación, sino también a la memoria viva de una provincia que ayudó a construir desde el aula, el monte y la palabra.
La noticia fue compartida en las últimas horas por Leo Duarte, administrador del grupo Posadas del Ayer, donde lo despidieron con un mensaje cargado de afecto. “Posadas del ayer lamenta el fallecimiento del querido Coco Camaño, docente, escritor, que gentilmente nos obsequiara sus libros escritos por él. Buen viaje querido Coco”, publicó. La imagen difundida en ese espacio lo definió como “un gran amigo y sabio”, y resumió en pocas líneas el sentimiento de quienes lo conocieron.
A ese mensaje se sumó también el de Rotary Club Posadas Villa Urquiza, institución en la que Camaño tuvo una participación activa y ocupó la presidencia durante el período 2012-2013. Desde esa entidad expresaron su dolor por la pérdida y lo recordaron como “un socio fundamental para el club”, subrayando el lugar que ocupó dentro de la vida institucional de la organización.
Camaño había nacido el 19 de noviembre de 1942 y su historia personal estaba íntimamente ligada a la educación. Provenía de una familia de docentes y, aunque en algún momento intentó abrir otro camino lejos de Misiones, terminó abrazando la vocación que marcaría toda su vida.
Se había recibido como maestro en la Escuela Normal de Posadas en 1960 y muy joven, con apenas 19 años, eligió un destino que pocos querían. Se fue “al monte”, como él mismo contaba, no por romanticismo sino por decisión propia, casi como una declaración de independencia. En aquellos años, enseñar en el interior profundo significaba convivir con caminos intransitables, meses sin cobrar, aislamiento, precariedad y enormes sacrificios familiares.
Su recorrido como docente lo llevó por lugares como Puerto Mineral, Arroyo Bonito, Barra Concepción, Santiago de Liniers, Colonia Victoria y otras zonas donde la escuela era mucho más que un edificio. En esas geografías, Coco no solo daba clases. También abría caminos, sostenía comunidades y encarnaba esa figura del maestro rural que formó generaciones enteras en los rincones más postergados de Misiones.

Su propia historia había quedado retratada en una entrevista publicada en 2019 bajo el título “Maestro de monte”, donde repasó con precisión y ternura una vida de trabajo atravesada por anécdotas, privaciones y una vocación inquebrantable. Allí recordaba, por ejemplo, los viajes eternos para ver a su esposa y a sus hijas, las noches de mosquitos en escuelas de frontera, los meses enteros sin cobrar y la solidaridad de vecinos que les fiaban comida para poder seguir.
Pero su camino no terminó en el aula rural. También fue docente en la escuela carcelaria, ocupó funciones técnicas dentro del sistema educativo y más tarde se desempeñó como inspector y supervisor, llegando a tener bajo su órbita más de un centenar de escuelas.
A la par, siguió estudiando. Se formó como profesor en Ciencias Jurídicas, Políticas y Sociales, enseñó en el Instituto Montoya y en la misma Escuela Normal donde se había recibido, y luego concretó una deuda personal que arrastraba desde la juventud: estudiar Derecho. Ya jubilado, se recibió de abogado y ejerció una rama poco elegida, el derecho administrativo, con la misma lógica de servicio con la que había transitado la docencia.
A lo largo de su vida también presidió la Asociación de Supervisores Docentes de Misiones y el Rotary Club Posadas Villa Urquiza, espacios desde los que mantuvo una activa participación social y comunitaria.

En las últimas semanas, su salud se había deteriorado. El pasado 2 de marzo, el propio Camaño había compartido en sus redes un mensaje conmovedor y muy personal, en el que contaba el difícil momento que atravesaba. Allí relató que padecía un cuadro de salud complejo, con múltiples afecciones que limitaban su movilidad y autonomía.
“Hoy con 83 años a cuestas, estoy lleno de nanas que me impiden obrar normalmente”, escribió con esa mezcla de crudeza, lucidez y humor resignado que también formaba parte de su forma de narrarse.
En ese mismo mensaje, contaba que había sufrido una caída en su casa tras un mareo, lo que le había dejado un fuerte dolor en la cadera y lo obligaba a pedir ayuda para conseguir una silla de ruedas prestada. “Me veo en la obligación de solicitar a quien pudiera darme una mano”, expresó entonces, en una publicación que generó respuestas solidarias .





