La percepción social en Argentina ingresa en una fase de mayor fragilidad. Ya no se trata solo de una evaluación crítica sobre el rumbo económico o político, sino de un clima más amplio de malestar que comienza a consolidarse y que encuentra respaldo en los datos.
Según la última encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública de la Universidad de San Andrés, apenas el 33% de los argentinos se declara satisfecho con la marcha general del país, mientras que un contundente 65% expresa su insatisfacción. La caída es significativa: siete puntos menos respecto a noviembre de 2025, lo que confirma una tendencia descendente en la percepción social.
Este deterioro no aparece aislado. Se inscribe en un contexto donde también se resiente la aprobación del Gobierno nacional. La gestión del presidente Javier Milei registra hoy un 38% de aprobación frente a un 59% de desaprobación, con un aumento de siete puntos en el rechazo en la última medición.
Si bien el dato mantiene matices -la aprobación aún se ubica por encima de la que mostraba Alberto Fernández en el mismo tramo de su mandato-, también evidencia límites: se encuentra por debajo del registro de Mauricio Macri en igual período, lo que ubica al Gobierno en una zona intermedia, pero con señales de desgaste prematuro.
El giro en las preocupaciones
Uno de los aspectos más reveladores del estudio es el cambio en la jerarquía de los problemas que preocupan a la sociedad. Durante años, la inflación dominó la agenda pública de manera casi excluyente. Sin embargo, ese eje comienza a desplazarse.
Hoy, los bajos salarios (37%) y la falta de trabajo (36%) se posicionan como las principales preocupaciones, incluso por encima de la corrupción (33%) y muy por delante de la inflación (20%), que pierde centralidad relativa. Este corrimiento no implica que la inflación haya dejado de ser un problema, sino que sus efectos se han internalizado en la vida cotidiana. Lo que aparece en primer plano es su consecuencia directa: ingresos que no alcanzan y dificultades crecientes para sostener el empleo.

En términos dinámicos, el dato es aún más elocuente. La preocupación por la falta de trabajo es la que más creció en el último período, seguida por la inflación, mientras que los bajos salarios se mantienen como una constante estructural.
Pesimismo estructural y expectativas divididas
El malestar actual también se proyecta hacia el futuro. El 46% de los argentinos cree que la situación del país empeorará en el próximo año, frente a un 30% que aún mantiene expectativas de mejora.
Sin embargo, el dato más relevante no es solo el nivel de pesimismo, sino su distribución. La encuesta muestra una clara fractura en las expectativas según afinidad política: quienes apoyan al Gobierno tienden a proyectar mejoras, mientras que los sectores opositores anticipan un escenario más adverso.
Esta divergencia revela que la grieta no solo atraviesa la lectura del presente, sino también la imaginación del futuro.

Desconfianza institucional generalizada
El deterioro de la percepción social se extiende a las instituciones. Ninguno de los poderes del Estado logra revertir el predominio de evaluaciones negativas. La Cámara de Diputados encabeza el ranking de insatisfacción con un 75%, seguida por el Senado y el Poder Judicial, mientras que el Poder Ejecutivo, aun siendo el mejor posicionado, alcanza apenas un 28% de satisfacción. El dato no solo refleja desaprobación, sino una crisis más profunda: la dificultad del sistema político en su conjunto para generar confianza.

Una dirigencia sin crédito
En ese marco, la dirigencia política aparece como uno de los principales focos de desgaste. El informe es categórico: ningún dirigente presenta un diferencial de imagen positiva.
Si bien algunas figuras logran mejores niveles de imagen bruta, todas registran saldos negativos al ponderar las opiniones desfavorables.
Incluso dentro del oficialismo, figuras con alto nivel de conocimiento presentan niveles significativos de rechazo, lo que refuerza la idea de un sistema político sin liderazgos capaces de construir consensos amplios.
Entre la legitimidad social y la crisis de representación
El contraste más interesante del estudio aparece al analizar la imagen de distintos actores sociales. Mientras que sectores como los científicos (76%), las PyME (65%) y el campo (51%) mantienen niveles relativamente altos de valoración, las instituciones políticas concentran los mayores niveles de rechazo.
Partidos políticos, sindicatos y Congreso encabezan el ranking de imagen negativa, consolidando una brecha entre la valoración de los actores productivos y la desconfianza hacia las estructuras de representación. Este fenómeno sugiere que el problema no es solo económico, sino también político: la sociedad reconoce y valora ciertos sectores, pero desconfía de quienes deben canalizar esas demandas.

Un crédito social en revisión
En conjunto, los datos configuran un escenario donde el “crédito social” del Gobierno -y del sistema político en general- comienza a tensionarse.
La persistencia de los problemas económicos, especialmente en torno al empleo y los ingresos, actúa como un límite concreto para la construcción de expectativas positivas. Al mismo tiempo, la falta de liderazgos con imagen neta positiva y la desconfianza institucional amplifican ese malestar.
El resultado es un clima social complejo, atravesado por la incertidumbre, la fragmentación de expectativas y una creciente demanda de respuestas concretas a problemas cotidianos.
Otras encuestas
Para las elecciones presidenciales de 2027 falta una eternidad, pero el debate entre los consultores está matizado por un elemento que no estaba tan presente medio año atrás: una crisis de credibilidad que “atacó” al gobierno de Milei con una suerte de “efecto pinza” que afectó el discurso “anticasta” con nuevas revelaciones del escándalo de la cripto $Libra y las sucesivas sospechas que envuelven al jefe de Gabinete, Manuel Adorni: sus viajes a Nueva York y Punta del Este, una propiedad no declarada en un country y contratos de su esposa con una proveedora de la estatal YPF.
Pero el otro brazo de esa “pinza simbólica” es más complejo: en marzo se conoció que la inflación de febrero volvió a ser de un preocupante 2,9%, marcando el noveno mes desde la última baja, en mayo. Milei había pronosticado, al asumir, que en 18 meses la inflación tendría un cero delante de la coma. Pero en agosto de 2025 -al cumplirse el lapso prometido- llegó casi a dos puntos y luego subió ocho meses sin parar.
Antes de fin de año, Milei sorprendió al admitir que se equivocó en sus cálculos y citó una misteriosa tesis doctoral de un supuesto alumno de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Córdoba que habría calculado que un ajuste -como el que practicó Milei- tardaría 22 meses en bajar la inflación, y no 18, como había calculado el libertario.
Nunca apareció el nombre del alumno ni la misteriosa tesis doctoral que Milei citó como más precisa que las teorías de la escuela austríaca o las del premio Nobel monetarista Milton Friedman, pero los 22 meses pasaron, la inflación siguió subiendo y ninguna consultora privada espera que marzo traiga un alivio significativo.
Ahora, un panel de 75 encuestadores, consultores, analistas políticos y profesionales de la comunicación convocados por la revista Imagen buscó estimar el nivel de gravedad de la crisis de confianza del gobierno de Milei y responder la pregunta clave: ¿se va a volver a recuperar?
Por lo pronto, para dos de cada tres expertos la credibilidad de Milei cayó: el 40% cree que “cayó bastante, pero se puede recuperar”, mientras que para uno de cada cuatro será difícil o directamente improbable que esta vez se rehabilite.
Para los panelistas, claramente los escándalos, como $Libra o la crisis de Adorni, “pueden afectar más la credibilidad del Gobierno” que la demora en bajar la inflación: un tercio cree que las dudas sobre la honestidad en la gestión de un gobierno que prometió combatir a “la casta” e insultó a medio mundo de “corruptos, ladrones y ensobrados” son más dañinas para su confiabilidad ante el electorado que las dificultades para bajar la inflación, que es, en definitiva, su principal “mandato”. Solo el 21% cree que las demoras en bajar la inflación afectan más la credibilidad de Milei.
Pero luego viene la peor noticia: el 40% cree que ambos temas lo dañan por igual en su nivel de confianza, y esa fue la respuesta más frecuente en el panel.





